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martes, 04 de octubre del 2022 | Última actualización: 21:39

Devaluación diferente

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Miguel Bataller. Ciudadano del Mundo y Jubilado.

En una de las frecuentes reuniones que solemos tener un grupo de amigos de la juventud, todos muy implicados en temas de economía, uno de nosotros sacó a colación la dificultad que tenía ahora el Gobierno, para sacarnos de la crisis, al no poder devaluar la moneda como tantas veces se hizo en la segunda mitad del siglo pasado.

Todos recordábamos las frecuentes devaluaciones de la peseta entre los años sesenta y noventa del siglo pasado, que actuaban como contrapeso a las dificultades que nos iban surgiendo, permitiendo recuperar la competitividad en los mercados internacionales aún a costa de presionar de una forma excesiva en nuestro poder adquisitivo, al tener que pagar los productos importados a precios por momentos inaccesibles para la inmensa mayoría y generando una inflaciones que en algunos cortos periodos de tiempo llegaron hasta cerca del 40 %.

El más veterano, experto y profundo de entre todos nosotros dejo caer una sentencia que a todos nos sorprendió:

“¿Aún queréis mayor devaluación que la que estamos sufriendo?”

Y a renglón seguido nos argumentó, que lo que estábamos viviendo, no era más que una forma diferente de “devaluar”.

El incremento abusivo de los impuestos directos e indirectos, los recortes salariales y de todas las pensiones, la nueva política laboral y su aplicación no eran más que formas diferentes de mermar de una forma diferente nuestras capacidades adquisitivas sin tomar medidas todavía mas drásticas, que hubieran podido encender una situación insostenible, de no haber actuado de la forma en que se ha hecho.

Pero una vez aceptada la mayor por parte de todos, a cada uno de nosotros nos quedó claro que los mayores responsables de habernos llevarnos a esta situación límite, habían resultado ser los menos perjudicados.

La pésima gestión de la economía nacional llevada a cabo por nuestros políticos a partir de los primeros años de este siglo, había hundido y arruinado toda la estructura dinámica y productiva de una industria que había florecido a partir de último cuarto del siglo XX.

Un sistema financiero que era la envidia del mundo, al meter ellos la mano para gestionarlo, cuando ni estaban preparados ni tenían la ética necesaria para hacerlo, había caído en el más profundo de los abismos, y todos esos esfuerzos de los que les he hablado anteriormente apenas han servido para sanear parcialmente el sistema financiero, pero ni mucho menos los efectos positivos han llegado como debieran al terreno industrial.

Hemos solucionado un tema especulativo momentáneamente, y hemos devuelto a la iniciativa privada (la banca tradicional) todo un entramado de cajas de ahorros arruinado por los políticos, tras sanearlo con el dinero de los contribuyentes, sin que uno sólo de los delincuentes de cuello blanco que crearon el problema, haya pasado mas allá de breves horas en la prisión preventiva.

Si queremos salir de una forma positiva de nuestra triste realidad actual, esos delincuentes deben de recibir sobre sus espaldas todo el peso de la Ley, y penar por sus malversaciones o apropiaciones indebidas si las hubiera.

Sólo así, sentirán aprensión antes de volver a reincidir en el futuro.

Y los recursos que se liberen de ese modo, tendrá el Gobierno de turno que aplicarlos a motivar e incentivar a la iniciativa privada.

Parece por los datos macro económicos que salen últimamente, que ya estamos avizorando la luz al final del túnel.

Ahora sólo queda completar lo que se ha iniciado, ejemplarizando la casta política con sus propias renuncias, lo que nos han exigido al resto de los españoles desde el principio, y “a cambio de nada”.

Solo así serán creíbles.