En unos días peregrinaremos como Iglesia diocesana un año más al Santuario de Lourdes, acompañando a noventa y dos enfermos. El lema pastoral de este año estará centrado en el misterio de la Anunciación, cuando el ángel Gabriel se dirige a la Virgen María con las palabras: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” y le anuncia que Dios la ha elegido para ser la madre de su Hijo, según la carne.
“¡Alégrate!”, le pide el ángel a María. Es la alegría que nace de ser amada, elegida y acompañada por Dios. También nosotros somos invitados a escuchar esa misma palabra. No vamos a Lourdes para escapar de nuestras dificultades, sino para descubrir que el Señor nos ama y está con nosotros. Allí, junto a María, aprendemos que la verdadera alegría brota de la certeza de que Dios nunca abandona a sus hijos.
Con las palabras “llena de gracia”, el ángel revela a María su nombre a los ojos de Dios: Ella es la “llena de gracia”. Estas palabras muestran toda la historia de amor de Dios con María y de Maria con Dios. Ella es la llena de gracia porque toda su vida está abierta al amor y a la acción de Dios. En ella no hay resistencia al amor divino, sino total disponibilidad y confianza. Lourdes es un lugar de la gracia de Dios. Millones de peregrinos han encontrado allí consuelo, reconciliación, fortaleza espiritual y esperanza. Enfermos, jóvenes, familias y cuantos acuden a la Gruta descubren que la gracia de Dios continúa actuando en el corazón de quienes se dejan encontrar por Él.
La Anunciación nos habla también de escucha. María no responde precipitadamente al anuncio del ángel. Escucha, pregunta, medita y busca comprender. En una sociedad saturada de mensajes, necesitamos recuperar la capacidad de escuchar a Dios, de escuchar a los hermanos y de escuchar las necesidades más profundas de nuestro mundo. La peregrinación es una ocasión privilegiada para hacer silencio interior y abrir espacio a la voz de Dios.
Pero la escucha desemboca en una respuesta. El relato evangélico alcanza su culmen cuando María pronuncia las palabras que han cambiado la historia: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Este sí de María no nace de la seguridad humana, sino de la confianza en Dios. No elimina las dificultades del camino, pero las ilumina con una esperanza nueva. También nosotros estamos llamados a renovar nuestro propio sí. El Señor sigue buscando corazones disponibles, hombres y mujeres capaces de acoger su voluntad; Dios sigue buscando creyentes que sepan decir sí a la fe, sí a la misión, sí al servicio, sí a la fraternidad y sí a la esperanza. Por ello, la peregrinación a Lourdes es ante todo un camino interior. Vamos para aprender de María el arte de la acogida, de la escucha y de la valentía de una respuesta confiada a Dios.



























