La primera visita papal a España en este siglo no solo supone una enorme alegría para toda la comunidad católica de nuestro país y una visita de gran relevancia para la política exterior del Estado, además de un importante desafío informativo y divulgativo para todos los medios de comunicación, sino que también representa uno de los retos de seguridad más complejos y delicados de los últimos años,
La Policía Nacional atesora una amplia experiencia en la organización y protección de grandes acontecimientos. Lo ha hecho con tanto éxito que se ha convertido en un modelo para muchos cuerpos policiales de todo el mundo. Entre finales del siglo XX y comienzos del XXI, España ha acogido nueve visitas pontificias con tres Papas distintos, además de unos Juegos Olímpicos, un Mundial de Fútbol, dos Exposiciones Universales, una COP25, una final de la Copa Libertadores, una cumbre de la OTAN y muchos otros eventos de gran magnitud. Todos ellos, incluida esta última visita de León XIV, han sido un ejemplo de planificación y ejecución policial.
Intentar explicar, aunque sea de forma resumida, un dispositivo policial de estas características resulta casi imposible. Hablamos de un operativo compuesto por cientos de páginas, de planimetría, planos, fotografías, tablas y anexos. Aun así, su diseño sigue una estructura metódica que ha demostrado ofrecer excelentes resultados: la llamada teoría esférica de la seguridad. Es decir, se protege la superficie, el subsuelo y el espacio aéreo. A ello se suman importantes avances tecnológicos, como el uso de drones de vigilancia o sistemas de inhibición frente a drones no autorizados.
De forma paralela, también se activan programas de inteligencia, evaluación de riesgos y seguridad lógica para prevenir intrusiones y ciberataques. Todo ello se organiza mediante un cronograma claro por fases, siendo una de las más importantes -y también una de las más laboriosas- la etapa previa de planificación.
En este caso, además, no puede pasarse por alto otro elemento clave del operativo: la logística y la gestión de recursos. Su papel es fundamental en todas las fases. De hecho, cuando termina el trabajo más visible sobre el terreno, los responsables de logística y gestión continúan con una labor intensa y muchas veces silenciosa. Fuentes policiales han señalado que este programa logístico ha sido uno de los más amplios de los últimos tiempos.
Tampoco conviene olvidar que, aunque la parte más visible del dispositivo sea el despliegue operativo -que es en la que más suele fijarse la gente-, hay otros servicios que también deben reforzarse. Entre ellos están la prevención de la delincuencia común, la atención a las víctimas, la asistencia al turista, las Oficinas de Denuncias y Atención al Ciudadano, las salas CIMACC del 091 y, en general, todos aquellos servicios policiales ordinarios que, con la llegada masiva de visitantes y las aglomeraciones, soportan una carga de trabajo añadida.
Otro de los problemas habituales en este tipo de grandes eventos es la coordinación. Aunque se prepara con mucho detalle durante la fase previa, es en el momento de la ejecución cuando suelen aparecer las dificultades y tensiones innecesarias. Más allá de la coordinación operativa policial, que quizá sea la parte menos compleja gracias a la experiencia acumulada, lo verdaderamente difícil es coordinarse con los servicios de protocolo de la Santa Sede, de la Casa de Su Majestad el Rey, de la Presidencia del Gobierno y también con los de las comunidades autónomas y las entidades locales, que no siempre facilitan las cosas. Para los policías que están trabajando, y especialmente para quienes asumen responsabilidades, esa parte puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza.
Hace poco, un gran amigo y excelente profesional, me decía que, dado que había participado en la mayoría de los grandes eventos celebrados en España en los últimos 45 años, me sugería por qué no describía un dispositivo de este tipo como si lo estuviera viviendo desde dentro. Le respondí que esa forma de contarlo no solo era difícil, sino también poco conveniente. Mi memoria y mi experiencia en este tipo de operativos están llenas de recuerdos duros: horas y días interminables robados a la familia y a los hijos, falta de sueño, cansancio crónico, malas comidas, tensión constante, estrés y el deseo permanente de que todo termine bien para poder descansar.
Dentro de unos meses, probablemente todo esto se habrá olvidado. Pero no se recuperarán las horas ni los días que se han ido dejando en el camino. Quizá se cree un distintivo conmemorativo por haber participado, esa pequeña insignia que los policías llevan en el uniforme, y mientras tanto ya estarán sobre la mesa el calendario de reuniones del próximo gran dispositivo.





















