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- 31 octubre, 2017 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. El clímax de la presente crisis catalana se alcanzó el pasado viernes 27 en que el Parlament voto (70-10-2,... La resaca

Jorge Fuentes. Embajador de España.

El clímax de la presente crisis catalana se alcanzó el pasado viernes 27 en que el Parlament voto (70-10-2, con la no participación de los partidos constitucionalistas) la formación de una República Catalana Independiente. También ese día y pocos minutos después, el Senado español votó, por primera vez en nuestra democracia (214-47-1) el artículo 155 de la Constitución.

Como consecuencia de ambos acontecimientos, el gobierno español tomó importantes decisiones que básicamente deponían al gobierno catalán en pleno, disolvían el Parlament y convocaban elecciones autonómicas para el día 21/D, es decir, en el breve plazo de 55 días.

Ello, seguido de las masivas manifestaciones patrióticas celebradas en Madrid y Barcelona principalmente, parecen dar por cerrado por ahora, un importante capítulo de la historia catalana, capítulo que ha dejado profundas heridas en la región.

Ha quedado ésta fracturada a escala global entre unionistas e independentistas, ruptura que se ve reflejada en las calles, en los pueblos y en los hogares quebrados anímicamente y en que el tema independentista ha quedado vetado por mor de la paz familiar.

La economía ha quedado dañada con la fuga de capitales y empresas que rondan ya el número de 2000, cifra que pese a ser muy menor respecto a las 260.000 existentes en la autonomía, incluyen sin embargo, 6 de las 7 firmas catalanas incluidas en el IBEX 35 y representan cerca del 40% del PIB catalán y de su mano de obra.

Crece también el boicot a los productos catalanes, una absurda movida que penaliza a empresarios y obreros, con frecuencia nada independentistas, por decisiones que han tomado unos dirigentes irresponsables. Y castiga también a productores de toda España que participan en la fabricación de los productos en los que Cataluña pone la marca final.

Tanto la seguridad interior colocada en manos de los mozos de escuadra que con tanta deslealtad actuaron el 1-O, como el despliegue exterior con una veintena de oficinas (las famosas mal llamadas ‘Embajadas catalanas’), han quedado teóricamente centralizadas al quedar los mozos sujetos al Ministerio del Interior y las ‘embajadas’ clausuradas bajo la responsabilidad del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Hasta aquí hemos llegado en una Cataluña en que dominaba el ‘España no nos estima, España nos roba y España nos pega’.

En estos momentos están surgiendo teorías conspiracionales que descalifiquen la acción del gobierno central por haber actuado en connivencia con el de Cataluña y que ambos, en indecente pasteleo están urdiendo un plan que favorezca a los catalanistas, que dé vía libre a la continuidad del sistema con unas elecciones pactadas, con unos mozos en que el número dos sustituye al número uno, con unos enseñantes corruptores de sus inocentes alumnos y con sus numerosos municipios separatistas en plena acción.

Voy a ser, acaso, ingenuo y creer en la buena fe del gobierno Popular. Porque el mundo entero tiene los ojos puestos en nosotros y a poco que nos desviemos del recto camino de la democracia, del mismo modo que hemos recibido un apoyo unánime de los gobiernos, pueden surgir dudas sobre la acción de Madrid.

Algunas cosas hubieran podido hacerse mejor. Se pensó que simplemente deslegalizar o deslegitimar los hechos, borraba éstos del mundo de lo real.

El referéndum del 1-O fue ilegal pero existió. La votación del Parlament del 27-O fue ilegal pero tuvo lugar y ambos momentos figuraran, como ilegales, en los libros de Historia. Es como negar la existencia de la invasión de Polonia por Hitler en 1939 por haber sido ilegal. El referéndum y la declaración de independencia debían haberse evitado. Y dicho sea de paso, la fuga de Puigdemont y sus cinco consejeros a Bélgica, también.

Pero no se hizo y ello abre una larga serie de dudas en que estamos sumidos y que los próximos días deberán ser despejadas. Veámoslas.

-Puigdemont no aceptó su cese pero de momento y tras algunas maniobras de distracción se ha fugado, junto con cinco de sus consejeros, a Bruselas por ver si allí encuentra algún tipo de comprensión a su postura que suavice la posible dureza del juicio que se le avecina.

-¿Qué ocurrirá con Junqueras, Forcadell, los restantes consejeros y los miembros de la mesa del Parlament? ¿Serán juzgados? ¿Darán con sus huesos en la cárcel? ¿Seguirán cobrando sus millonarios retiros del erario público?

-¿Qué harán los 700 alcaldes de otros tantos municipios secesionistas?

-¿Qué harán los 17.000 mozos? ¿Y su nuevo Mayor? ¿Acataran de buen grado y masivamente las órdenes del Ministro del Interior?

-¿Qué será de las clausuradas ’embajadas catalanas’ repartidas por el mundo? Sería interesante conocer su composición precisa y sus reacciones individuales. El ‘embajador’ en Estonia ya ha dicho que tendrán que retirarlo con tanques y la embajadora en Berlín (por cierto alemana de origen) ha dicho que seguirá trabajando en su oficina con normalidad. Es cierto que si Montoro les corta el grifo, pronto tendrán que cerrar, aunque no es a excluir que Cataluña tenga fondos ocultos en el exterior que les permita resistir algún tiempo.

-¿Qué ocurrirá en las calles de Cataluña? Aquellas masas enfervorizadas que vimos en las Diadas y en otras manifestaciones; aquellas banderas esteladas ¿Van a desvanecerse de la noche a la mañana?

En fin, hay múltiples dudas que de alguna forma deberán aclararse en los próximos días y en especial el 21-D. Hasta entonces acaso la incógnita principal sea ver cómo despliegan los Ministros del gobierno central su pluriempleo al frente de las conserjerías catalanas. Siento particular interés por ver como se despacha el Ministro de Educación Méndez de Vigo corrigiendo la enseñanza en Cataluña y enmendando las clases de Historia y de Lenguas que tanto se pervirtieron.

En el próximo futuro habrá otras muchas fechas de resaca, por ejemplo el 22-D. Pero hay que reconocer que la que vivimos estos días es de órdago.

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