Hablar de emprendimiento es hablar de futuro. Y en ese futuro, Benicàssim Activa ha jugado —y sigue jugando— un papel relevante como herramienta municipal para acompañar a personas con ideas, talento y voluntad de crear actividad económica en nuestro municipio.
El programa impulsado por el Ayuntamiento de Benicàssim ha demostrado algo fundamental: existe inquietud emprendedora, existe talento local y existe una ciudadanía dispuesta a intentarlo. El elevado número de candidaturas en cada edición es la mejor prueba de ello. Sin embargo, precisamente porque el programa funciona y genera expectativas, ha llegado el momento de revisarlo para reforzarlo.
Revisar no es cuestionar. Revisar es asumir que las políticas públicas, como la propia economía, evolucionan y deben adaptarse a nuevos contextos y desafíos. Y el contexto actual no es sencillo para quien decide emprender: inflación, incremento de costes, dificultad de acceso a financiación y una competencia cada vez mayor entre territorios por atraer y retener proyectos viables.
En este escenario, Benicàssim Activa presenta debilidades que conviene abordar con honestidad. El número reducido de proyectos apoyados por edición limita su impacto real en términos de empleo y dinamización económica. La ausencia de indicadores públicos claros dificulta evaluar con rigor cuánto cuesta el programa, qué resultados obtiene y qué retorno genera para el conjunto de la ciudadanía. Y la falta de un seguimiento estructurado a medio plazo impide saber cuántas de esas iniciativas sobreviven, crecen o acaban desapareciendo, y por qué.
A ello se suma una orientación excesivamente centrada en el autoempleo y la microempresa, legítima y necesaria, pero insuficiente si se aspira a construir un tejido económico más sólido y diversificado. Sin mecanismos claros de conexión con financiación externa o de apoyo a la escalabilidad, muchos proyectos quedan atrapados en un punto intermedio del que es difícil salir.
Junto a estas debilidades internas, existen amenazas externas evidentes. Otros municipios y administraciones están reforzando sus programas de emprendimiento con más recursos, más acompañamiento y más visibilidad. Si no se evoluciona, existe el riesgo de que los proyectos con mayor potencial busquen oportunidades fuera. Además, la estacionalidad económica y las limitaciones del mercado local hacen imprescindible ayudar a las empresas a mirar más allá del término municipal desde el primer momento.
Por todo ello, apostar por una revisión profunda y constructiva de Benicàssim Activa no solo es razonable, sino necesario. Una revisión que incorpore transparencia, evaluación, seguimiento y una mayor orientación a crecimiento y empleo. Que amplíe su alcance sin perder calidad. Que conecte el talento local con oportunidades reales de financiación y consolidación. Y que convierta el programa en una política pública sólida, evaluable y resistente a los vaivenes políticos.
Benicàssim tiene la oportunidad de consolidar un modelo propio de apoyo al emprendimiento: realista, honesto y eficaz. Un modelo que no se limite a acompañar ideas, sino que ayude a convertirlas en proyectos viables y duraderos. Porque mejorar lo que ya existe no es un síntoma de debilidad institucional, sino de madurez política.
Si Benicàssim Activa nació para impulsar el emprendimiento, ahora debe dar un paso más: impulsar empresas que perduren, crezcan y generen valor para el conjunto del municipio. Revisar para mejorar es, hoy más que nunca, la mejor forma de avanzar.























