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viernes, 15 de mayo de 2026 | Última actualización: 12:14

Enfermedades infecciosas y dispositivos

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Los últimos días los mas media han estado copados por noticias, reportajes, imágenes, comentarios, debates y todo tipo de trabajos periodísticos debido al desembarco de los 14 españoles (y otros 80 cruceristas de distintas nacionalidades) en el Puerto de Granadilla procedentes del buque MV Hondius al efecto de ser trasladados al Hospital General de la Defensa “Gómez Ulla” de Madrid, para pasar una cuarentena por la famosa infección por Hantavirus en el crucero que el mencionado barco realizaba por distintas partes del mundo.

Dicho operativo, ha contado con la asistencia técnica y de medios de distintas instituciones nacionales e internacionales, destacando a nivel internacional la OMS con su Director General a la cabeza, así como el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) quien evaluó el estado del barco y determinó los protocolos sanitarios y de rastreo para las distintas nacionalidades de los pasajeros y la Comisión Europea que activó el Mecanismo Europeo de Protección Civil para coordinar y financiar los vuelos específicos de evacuación de los ciudadanos comunitarios. En el ámbito nacional, la Administración General del Estado coordinó el dispositivo a través del Ministerio de Sanidad, interviniendo así mismo la Capitanía Marítima (Ministerio de Transporte), La UME, la sede hospitalaria y el Ejército del Aire dependientes del Ministerio de Defensa, y el Ministerio del Interior a través de Guardia Civil, Policía Nacional y Protección Civil. En todo momento no sólo se observó un gran despliegue de medios humanos, sino también materiales y técnicos, dándose, a los afectados, apoyo sanitario y psicológico, seguridad, y apoyo logístico de vehículos, barcos y aviones, así como la dotación de todo el material de protección que fuera necesario.

Toda esta actuación ha hecho, sin remedio, que tenga que retrotraerme a mis recuerdos guardados con un fuerte aislante emocional en el fondo de la memoria, y situarme en el 31 de enero de 2020, cuando aterrizaba en el aeropuerto militar de Torrejón un avión procedente de Wuhan con 21 españoles repatriados desde China y que dio lugar, de la misma forma que en el hecho actual, a un operativo de la Policía Nacional que sin ayuda de nadie, estableció una frontera móvil en dicho aeropuerto, recibió y organizó a los repatriados, pasó control fronterizo a todos los llegados en la misma pista al aire libre, se les trasladó en vehículo y se les escoltó por todo Madrid hasta el Gómez Ulla en el Distrito de Aluche/Carabanchel, donde pasaron 14 días sin ninguna incidencia más.

Eran los primeros coletazos del Covid 19, cuando esta enfermedad era únicamente un problema de China, pero cuando intento contrastar los dos operativos no puedo más que sentir, aún después de pasados más de seis años, una fuerte desazón pretérita al observar como han mejorado los medios, y la implicación multidisplinar de varias instituciones para ejecutar este tipo de intervenciones con medios y recursos humanos más que suficientes.
En aquella ocasión mi mayor esfuerzo y preocupación fue poder encontrar EPIs adecuados para dotar a los policías de forma segura y óptima en la ejecución del servicio que se nos ordenó, no teníamos en dotación ordinaria en nuestras unidades, ni buzos desechables tipo trajes Tyvek, ni mascarillas FFP2 o FFP3, ni gafas de protección, y a duras penas algunos guantes de látex que se empleaban de forma usual para la reseña de detenidos, pese a ello y mejor no contar como, se consiguieron los EPIs, todos los policías estuvieron protegidos y ninguno de ellos resultó infectado. Como anécdota, en la misma mañana de la llegada del vuelo, no había ningún autobús habilitado para el traslado al hospital de estos viajeros, por lo que hubo de asignar urgentemente uno del parque de la Policía Nacional con un conductor policía para ello.

Como decíamos eso era solo los primeros inicios, luego siguieron cinco olas en los siguientes meses y distintas prórrogas de confinamiento que llevaron a los españoles al borde y al límite de la paciencia colectiva, con una restricción nunca vista sobre los derechos de circulación y libertades individuales, no había aspecto o norma social que no estuviera tocada por las regulaciones del COVID 19, ya fuera a nivel estatal con el estado de alarma, como autonómico por normas sanitarias. Como ejemplo, en los tres primeros meses del estado de alarma, se incoaron, solo en Madrid, 55.000 actas de desobediencia por incumplimiento de ese estado excepcional.

Pero todo no van a ser aspectos negativos, debido a la mencionada pandemia se realizó un trabajo de campo enorme, con ello podemos decir que Madrid dispone actualmente de un dispositivo policial muy completo, con un desarrollo que estuvo vivo durante todo el desarrollo de la enfermedad y que abarca siete Programas con sus correspondientes subprogramas, Tres fases de Actuación y a la vez Tres Escenarios en cada fase, con ello nadie nos podrá decir que no aprendimos y que el legado que se deja de experiencia y conocimiento no llegue para fortalecer el trabajo público en situaciones de crisis posteriores.

Después de romper el recipiente emocional de todos esos malos momentos del Covid, espero que el Hantavirus y su última aparición pública no sea más que eso, una mera aparición, y que el recuerdo vuelva a donde tiene que estar, nuevamente aislado. Aunque hay veces que recordar no nos va mal, sobre todo para recordar lo que no debemos hacer, lo que hicimos mal, aunque el ser humano tenga esa carencia de tropezar dos veces en la misma piedra.