Ir a Ceuta y Melilla

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En el último siglo, solo en tres ocasiones, tres distintos Reyes de España habían visitado Ceuta y Melilla. Fueron Alfonso XII y Alfonso XIII que pernoctaron en un acorazado que ancló en aguas ceutíes y Juan Carlos I que permaneció en las ciudades españolas durante solo unas horas.

Felipe VI acaba de regresar de una memorable visita a Ceuta y Melilla tras haber pernoctado un Rey, por primera vez en la historia contemporánea, en aquella ciudad que había sufrido -en realidad estaba sufriendo- una grave crisis como consecuencia de la invasión de que fue objeto por parte de una masa humana de población marroquí, equivalente a la propia población ceutí, 80.000 personas, muchos de los cuales, en cantidad aún por determinar, siguen sin regresar a su lugar de origen.

No cabe duda que Felipe VI y doña Letizia hubieran querido visitar Ceuta y Melilla antes, mucho antes, pero el gobierno de Sánchez fue retrasando el momento por considerar que, en plena crisis, la presencia de los Reyes en las ciudades autónomas hubiera podido considerarse por parte de Marruecos, como una provocación. Y podría conllevar la agravación de la tensión. Una actitud, la de nuestro gobierno, muy acorde con la que viene teniendo respecto a Rabat en que parece defender la posición marroquí antes que estar a favor de nuestra integridad territorial.

Sánchez no parece estar convencido de la españolidad de las dos ciudades autónomas. No las ha respetado y defendido con suficiente convicción. Después de la invasión de hace tres años, las fronteras deberían haberse reforzado y el Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional deberían igualmente haber conocido un aumento de sus efectivos en las dos ciudades.

No fue así y el resultado fue la reciente nueva invasión, organizada por Marruecos y pobremente frenada por España. Aún estamos a tiempo de evitar una tercera oleada que podría literalmente tragarse nuestras dos ciudades. Ya sabemos que Marruecos tiene tres millones de jóvenes Ni-Nis que podrían ser carne de cañón para una nueva invasión.

Los Reyes han sido acogidos con entusiasmo, gratitud y esperanza. Felipe VI respondió a ello reafirmando la protección de las dos ciudades cuya españolidad era innegociable y asegurando la devolución de los invasores que todavía permanecen en Ceuta, al país de origen.

El problema de la invasión se agravó adicionalmente en los días de la visita real, pues se dio a conocer la presencia de importantes fragatas marroquíes en aguas territoriales ceutíes en el momento mismo en que 80.000 marroquíes invadían Ceuta por lo que todo indicaba la presencia de una doble operación por tierra y por mar para ocupar la ciudad española.

Una vez más el gobierno español quiso quitar hierro al asunto e insistió en la excelente relación entre la armada marroquí y la española, así como el carácter puntual de la presencia de barcos marroquíes cerca de la costa ceutí.

Son ganas de no querer reconocer la realidad de que Marruecos está acosando a las ciudades españolas y que, de no tomar serias medidas, seguirá acosándolas.

El Rey ha hecho lo que debía: visitar Ceuta y Melilla. Quizá algo más tarde de lo que hubiera sido necesario y que el propio Rey hubiera deseado. De cara al futuro será necesario regularizar y desdramatizar estos viajes. Los Reyes deberán visitar Ceuta y Melilla con más frecuencia de la que visitan otras ciudades españolas, ya sea Valencia, Barcelona o Sevilla, porque las circunstancias así lo requieren. No hay que dejarse llevar por los temores del gobierno de tensar la situación con Marruecos. La situación está ya tensada y ante ella debemos hacer lo correcto, sin mostrarnos débiles o acomplejados.

Si Ceuta y Melilla son tan españolas como La Coruña, Gerona o Murcia, deben ser protegidas con igual intensidad y convicción.