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lunes, 20 de abril de 2026 | Última actualización: 18:42

Reequilibrar la España  'postsanchista'

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Es un grave error confundir los Estados Unidos con Donald Trump. Ëste pasará como lo han hecho los 45 presidentes que le precedieron en la Casa Blanca y pocos le recordaremos más que para relatar sus dislates y sus bravuconadas.

De ahí que no sea inteligente plantarse ante Trump, querer convertirse en su némesis y reorientar toda la política exterior española contra los EEUU. No tiene sentido y por añadidura nadie se lo va a agradecer a Pedro Sánchez. Desde luego no los republicanos que, por cierto, nunca perdonaron los desprecios que ZP hizo a la bandera estadounidense y también al ejército norteamericano emplazado en Irak estimulando a otros aliados a que siguieran el ejemplo de España dejando en la estacada a los soldados que se mantuvieron en la región. Pero tampoco los demócratas más cerca ideológicamente a los gobiernos socialistas tragaron las actitudes de nuestros gobernantes.

Aún tiene menos sentido llenar el vacío dejado por los EEUU cubriéndolo con el líder chino Xi Jinping a quien Sánchez va a rendir pleitesía todos los años del último lustro.

Esto es bastante grotesco porque España (50 millones de habitantes) exporta a China (1.500 millones de chinos) por valor de 8.000 millones de dólares anuales en tanto que importa seis veces esa cifra, 45.000 $ anuales, una cifra que sin duda crecerá con la masiva importación de automóviles eléctricos. En tales condiciones, debería ser Xi quien viniera constantemente a España para mantener semejante desajuste comercial.

Es bien conocida la rivalidad sino-norteamericana por alcanzar el liderazgo mundial, que por el momento mantiene Washington. Que España se sitúe de parte de los chinos y repita con ellos que están en el lado correcto de la historia, rompe todos los esquemas condenando a los EEUU y a Israel a las tinieblas exteriores de la anti-Historia.

El viraje que habrá que dar a nuestra política exterior cuando cambie el gobierno, tendrá que ser copernicano. Habrá que remontar nuestra presencia en Occidente, en la Union Europea y en la OTAN, reconstruir nuestro entendimiento con los Estados Unidos y con Israel Habrá que ver si las bases de Rota y Moron siguen o se van. Y si se van, quizá lo hagan a Marruecos con lo que Rabat pasaría a ser socio prioritario de los EEUU en esta parte del mundo

Será necesario aclarar la relación con Argelia y Marruecos. No acaba de ser muy creíble que después del feo que hicimos a Argelia a raíz del Sáhara Occidental que se regaló a Rabat a cambio de casi nada, ahora nos quieran hacer creer que Argelia haya echado pelillos a la mar a cambio de nada y que el suministro de gas haya vuelto a sus mejores tiempos.

Igualmente, desequilibrada han quedado nuestras relaciones con Iberoamérica en particular con Venezuela y Argentina.

Y aun suponiendo que España fuera capaz de reequilibrar nuestra diplomacia -lo que ya es mucho suponer- recuperando prestigio y seriedad en Occidente, quedaría por enderezar aun lo más difícil, la política interna, asumiendo resultados judiciales a diestro y siniestro, sumamente delicados y anulando un sinfín de leyes y decretos des dudosa calidad democrática.