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lunes, 27 de abril de 2026 | Última actualización: 20:07

¿Qué es la seguridad?

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Si consideramos la seguridad como la ausencia de riesgo y de peligro y el estado de tranquilidad y confianza que el individuo percibe en su vida comunitaria, puede parecer una pregunta retórica, ya que en nuestro sistema social actual estos elementos vienen implícitos, pero cuando definimos el estado de tranquilidad no solo nos estamos constriñendo al marco de la seguridad física, sino también a la seguridad jurídica a garantías en los derechos y libertades, que, aunque pueda parecer que tiene un ámbito únicamente programático, son inseparables hoy en día.

Pero ahí no acabamos por completar nuestra definición de seguridad, el nacimiento, no hace muchos años, del ciberespacio hace que exista una nueva dimensión donde nos movemos e interactuemos casi más que la vida física, y ese nuevo lugar tiene sus propias normas, su propia vida y como no sus delitos y delincuentes, actividad delictiva que no deja de crecer y que, en breve, superará a los delitos patrimoniales clásicos.

Por eso es necesario incluir en la pregunta inicial también a la ciberseguridad y para actualizarnos todavía más, no somos pocos los que creemos que, en algún momento, puede caernos un misil en nuestras cabezas paseando por nuestro barrio, que posiblemente provenga de los muchos frentes bélicos abiertos alrededor de la vieja Europa,  de ahí que también exijamos al Estado que nos proporcione seguridad militar. Y si siguiéramos ahondando, nos encontraríamos posiblemente con otras nueve o diez tipos de seguridad que supera en mucho a la clásica visión de la seguridad ciudadana.

Como decíamos al inicio aparte de una ausencia de riesgo y de peligro, también es un estado anímico, por lo tanto, entra en la esfera personal del individuo, y pese a que consiguiéramos una alta tasa de ausencia de peligro, si se siente que hay peligro, nos encontramos entonces con la seguridad o inseguridad subjetiva y a través de la misma, una casi imposibilidad material de poder cerrar el círculo de la definición de seguridad.

Todos estamos de acuerdo que desde hace unos años y cada vez más deprisa las estructuras sociales están sufriendo unas transformaciones muy importantes, muchos de los paradigmas o modelos sociales cambian de forma irremediable, las perspectivas y la visión y la formas de hacer las cosas padecen alteraciones y modificaciones que, incluso, en algún momento, en tiempos pasados no muy lejanos, podrían parecer inmutables, ocurriendo modificaciones  que hace menos de una década nos parecían imposibles.

De ello no puede sustraerse la seguridad, integrante como una parte importante, necesaria y casi imprescindible de nuestra vida en sociedad. La seguridad no es ajena los cambios de sistemas y modelos, por lo que también cambia y se transforma.

Los cambios sociales de los últimos años (sobre todo acentuados en la última década) han provocado una transformación tan importante que podemos estar hablando de un cambio de época, un nuevo orden social, político y económico, lo que trae consigo perturbaciones y amenazas, estas grandes transformaciones tienen, entre los protagonistas más destacados, a las nuevas tecnologías, algunos analistas hablan ya de la configuración de un nuevo entorno para el ser humano.

Esta indefinición o cambio de época convierte el tiempo actual en tiempos difíciles, vertiginosos, complejos, de incertidumbre, en algunos casos irreflexivos, con muchas amenazas como ya se indicaba y la rotura de modelos y sistemas, lo que, irremediablemente, ha dado lugar también a los cambios de paradigma de la seguridad.

Entre estos factores que transforman la seguridad tenemos a groso modo, la globalización, los escenarios de guerra en Europa y Oriente que involucran a casi todos los países, las fronteras físicas cada vez más difuminadas, por la acción del espacio virtual libre, crisis económicas y energéticas y grandes movimientos sociales y migratorios que, por varias rutas se introducen en Europa.

Los avances del estado del bienestar, lleva a niveles cada vez más exigentes por parte de los ciudadanos al Estado y a las Administraciones en su catálogo de servicios públicos y una transformación del orden público debido a la consecución de mayores cotas cotas de derechos individuales ciudadanos. El individualismo supera a la colectividad.

Y así podríamos seguir enumerando multitud de factores provocadores del cambio, como las redes sociales y la creación de una realidad paralela, la Inteligencia Artificial, los cambios generacionales en el mercado laboral de los milenials y centenials sustituyendo a la generación baby boomer, la pandemia Covid y esa mayor búsqueda de ocio (ocio compulsivo joven con botellones y excesos en drogas de diseño) o migraciones en los espacios urbanos y por ello cambio en los mapas de seguridad.

Viendo todo ello, nos damos cuenta que esa pregunta tan evidente que formulábamos al principio no lo es tanto, y que su complejidad no solo viene dada por su descripción, sino por la segunda y más compleja parte, que se refiere a como se ha reaccionado desde los operadores de seguridad a transformar también sus métodos y estrategias, lo cual merece una reflexión muy extensa y profunda, pero cuyo resultado tiene siempre dos premisas perversas, una que no se consigue nunca ir a la par de las trasformaciones de la delincuencia, siempre se va por detrás y la otra que los medios, métodos y formas tardan mucho en implantarse y perviven demasiado tiempo con las viejas escuelas. Vamos por detrás de la delincuencia y la atacamos con sistemas y medios envejecidos.