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domingo, 7 de junio de 2026 | Última actualización: 12:28

La mafia

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Sin duda la noticia de la semana, del mes y probablemente del año es la visita del Papa León XIV a España, después de una sequía de quince años en que Francisco I no se dignó a poner los pies en nuestro país, alegando que lo haría cuando en España hubiera paz.

Quizá no le faltaba razón al anterior pontífice porque lo cierto es que nuestra situación política deja mucho que desear. Creo que cuando hablaba de paz, Francisco I se refería principalmente a las diatribas separatistas en Cataluña y el país Vasco respecto al resto del Estado, pero siendo graves esas tensiones, son solo parte del problema global que nació en los tiempos de Zapatero y que se ha agudizado con el sanchismo.

Un régimen que surgió en 2018 y que en los últimos ocho años ha conocido una retahíla de escándalos como el Delcygate, los 80.000 muertos de una epidemia mal administrada, el olvido a los afectados del volcán de La Palma, la ley del solo si es si con la excarcelación masiva de violadores, la supresión de los delitos de sedición y malversación, la cesión del Sahara a Marruecos con la consiguiente crisis con Argelia y las consecuencias en la importación de gas, la Ley de Amnistía, el olvido de la crisis valenciana tras la Dana que causó 238 muertes, el brote de casos judiciales de Ábalos, Koldo, Cerdán, del Fiscal General, de Begoña y de David; el apagón, la regularización masiva de inmigrantes con fines electoralistas, hasta desembocar -por ahora- con la investigación a ZP y al PSOE en general.

No hay quien pueda dar más en tan pocos años. En el fondo, el gobierno de Sánchez articuló en esos años una verdadera banda nacida en el reducido espacio de un automóvil -no se sabe si un Peugeot o un Mercedes- en el que viajaban por España, buscando adhesiones políticas, tres convictos y confesos delincuentes y una cuarta persona que dirige nuestros destinos desde que la moción de censura de 2018 -apoyada por lo mejorcito del país, incluidos los comunistas, los separatistas y los filoterroristas- condujera a Sánchez a La Moncloa, con el claro propósito de satisfacer las exigencias de los socios Frankenstein indispensables para continuar día a día manejando el timón de España.

Lo peor de Sánchez y de su régimen es que ha comprado la voluntad de los que de espaldas a la Constitución y a la unidad del país siguen votándole porque solo él será capaz de satisfacer sus propósitos separatistas que puede conducirnos al triunfo de los herederos de ETA en Euskadi y quizá de ERC y JUNTS en Cataluña.

¿Cómo calificar a este régimen sanchista?. Un régimen que hay que pagar cada día para mantener su apoyo. Un régimen del que nadie quiere desmontarse porque perdería sus privilegios. Rubalcaba lo denominó gobierno Frankenstein y no es una mala definición: un monstruo hecho de piezas diversas.

Últimamente el sanchismo está actuando más como lo hacia la mafia de sus mejores tiempos: obedeciendo al Don o al Boss para no perder sus privilegios; gestionando la Cosa Nostra como si España estuviera compuesta solo por los que se encuentran a un lado del muro; saltándose las normas judiciales cuando éstas denuncian a los amigos, los familiares o incluso a los propios fiscales del capo di tutti capi.