Durante la segunda mitad del siglo XX España estuvo intentando alcanzar una población de 40 millones de habitantes. Debido a la escasa natalidad en el país -1,3 hijos por mujer- en lugar de crecer, nuestra población se había quedado estancada e incluso tendía a decrecer.
Las fuertes migraciones conocidas en el siglo XXI consiguieron que entre 2000 y 2025, no solo se alcanzaran los 40 millones sino que estemos rozando los 50. Esas cifras -40 o 50 millones- por si solas no son muy significativas si no se pusieran en relación con otros parámetros esenciales como son el eventual crecimiento del PIB, la renta per capita y la productividad.
Sin duda el PIB ha crecido en este siglo por contar con diez millones mas de personas trabajando. Los dos índices restantes -la rpc y la productividad no nos permiten ser optimistas ya que ambas dan signos de cansancio.
Se ha hablado mucho sobre las migraciones. España se encuentra en uno de los puntos del globo en frontera con la mayor quiebra económica. El Mediterráneo es, junto con Rio Grande y el paralelo 38, los lugares donde se forma una diferencia de 1 a 10 en la economía y por tanto existe una clara tentación migratoria en busca de un mundo mejor.
El Mediterráneo se ha convertido en un cementerio sin lapidas. Contado solo los diez últimos años, el numero de víctimas asciende a 52.000. Las islas Canarias son uno de los principales lugares de destino lo que ha atraído la atención mundial que cobró categoría con la reciente visita del Papa León XIV.
Puede criticarse cuanto se quiera sobre los inmigrantes: que aumentan las tasas de delincuencia, que habría que expulsar a millones de ilegales, que deben controlarse las entradas, que debemos concentrar el apoyo en los países de origen. Lo único cierto es que teniendo en cuenta los bajos índices de natalidad de España y de los restantes países europeos, la inmigración es necesaria para la casi totalidad de los países del viejo continente.
Un estricto control de entradas y un intento de ayuda a los países de origen serán medidas necesarias para controlar la entrada de los procedentes del continente africano. España ha abierto Embajadas en los países de origen migratorio donde aun no las había y ha establecido tambien misiones de la Guardia Civil encaminadas ambas instituciones a intentar evitar salidas masivas hacia nuestro país.
Sin embargo las migraciones de población subsahariana significan un pequeño porcentaje del volumen conjunto. En este momento la mayor parte de los inmigrantes en España provienen de Hispanoamérica, siendo Colombia -con un millón de personas asentadas en España- el primer pais de origen, seguido por Marruecos -medio millón- y Rumanía -450.000-. Venezuela, Ecuador, Perú, Argentina y Méjico son también países de fuertes oleadas migratorias hacia su madre patria. Hay que recordar que en otros momentos de la riente historia, España emigro hacia aquellos países que nos acogieron con hospitalidad.
No es sorprendente esa masificación de emigrantes hispanoamericanos ya que por razones culturales, lingüísticas y familiares la integración de los hispanos es mucho mas sencilla y sosegada que la de los restantes poblaciones, en particular las de origen musulmán.
Otro asunto es que con la Ley de nietos, el gobierno de Sánchez este buscando beneficios electorales inaceptables que deberían evitarse pero que son muy difíciles de corregir. Sin duda los hispanos que se encuentren con el regalo de la nacionalidad tenderán a agradecérselo al gobierno que les facilite la entrada y permanencia en el país.
En definitiva, inmigración "sí" pero con debido orden; a ser posible con contrato de trabajo previo. Expulsiones masivas ni hablar; sectores como la construcción, la agricultura, el servicio domestico entre otros muchos quedarían sin cubrir, con las consecuencias que la economía española sufriría. Debo confesar que mi propia vida se ha vuelto mucho más fácil y grata gracias al apoyo de algunas de estas inmigrantes hispanoamericanas a quienes quedo muy agradecido.



























