Acaba de concluir en Ankara una nueva cumbre de la OTAN que, dentro del tumulto ideológico conocido, ha acabado menos mal de lo que era de temer andando Donald Trump de por medio.
El presidente estadounidense se comportó de forma más errática de lo que suele hacerlo. Comenzó criticando a Alemania, Francia, Reino Unido e Italia por su falta de apoyo en el enfrentamiento norteamericano con Irán. En esa primera arremetida no mencionó a España. Acaso fuera por olvido o por considerar a nuestro país como insignificante en el conflicto de Oriente Medio; el caso es que ni siquiera se refirió a la negativa a que los Estados Unidos utilizaran las bases de Rota y Morón para combatir a Irán o para apoyar a Israel.
Las andanadas contra España llegaron en un segundo momento cuando Trump dijo que España era un país terrible, con el que no quería saber nada y con el que pensaba cortar todas las relaciones económicas. Unas acusaciones y amenazas como nunca antes las había formulado ni Trump ni ningún otro presidente norteamericano.
Pero no pasarían 24 horas para que Trump cambiara radicalmente su discurso y el motivo pudo ser una conversación distendida con Sánchez sobre fútbol y golf, o quizá también alguna reflexión de sus colaboradores que le hicieron notar que la España de Sánchez es la que había producido un mayor aumento de nuestra contribución militar de toda la historia y que sin alcanzar el acordado pero inasumible 5%, habíamos pasado de aportar menos del 1% de nuestro PIB a rebasar el 2% a lo que había que sumar la aportación de importantes operaciones militares en puntos críticos del continente como Rumania y el Báltico.
La OTAN salió indemne de Ankara lo UE ya de por si puede considerarse un éxito y una buena noticia teniendo en cuenta las amenazas de Trump que podían hacer temer la quiebra de la importante organización que Europa debe esforzarse por mantener viva y operativa al menos hasta que cese Trump o hasta que hayamos conseguido construir una alternativa defensiva en nuestro continente, que no sabemos si llegará a producirse algún día.
Por el momento lo que si se está fraguando es la identificación de un bloque de países europeos que configurarán el eje principal de nuestra seguridad. Se tratará de cinco países sólidos, militarmente potentes, muy comprometidos contra la permanente amenaza rusa y que son Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Polonia. Ustedes ya lo han notado. Entre esos cinco grandes Estados no se encuentra España. La España de Sánchez ni está ni se la espera.
Inspirados por la creación de los Five Eyes (los cinco ojos) que englobaron los servicios de inteligencia de cinco países anglosajones en la segunda postguerra -EEUU, Canadá, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda- estos nuevos Cinco Ojos europeos están llamados a fortalecer nuestro continente.
Lo malo es que Sánchez probablemente no durara al frente del gobierno más allá de un año (esas serian buenas noticias) pero reconstruir el país, prestigiarlo de nuevo a nivel europeo, no será tarea fácil y no es previsible seamos capaces de hacer una rentrée digna en los próximos años.


























