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jueves, 07 de julio del 2022 | Última actualización: 21:39

En defensa de los pueblos ganaderos

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En los últimos tiempos han surgido a lo largo y ancho de la provincia de Castellón, al igual que en el resto de la Comunitat Valenciana, grupos en contra de las explotaciones ganaderas. Se trata de familias que han instalado sus residencias en zonas rústicas, en las que hay de granjas de pollos, vacas o cerdos, y que ahora quieren que aquello se convierta en un jardín sin ruidos ni olores. El problema es que, en la mayoría de los casos, las granjas estaban antes que ellos y, ahora, quieren transformar el territorio a su gusto. Y, además, a la hora de construir su casa sobre suelo rústico deben saber qué tipo de ‘incomodidades’ pueden tener…

Muchos pueblos de la provincia de Castellón son, históricamente, agrícolas y ganaderos. Y de la agricultura y la ganadería viven muchas familias y en algunos municipios es la única actividad económica que tenemos y que, además, da muchos puestos de trabajo e, incluso, gracias a estas granjas viven pueblos enteros. Es lo mismo que ocurre con la cerámica en otros muchos municipios de la provincia. Y si las fábricas cerámicas no están en la ciudad, sino que ocupan los polígonos industriales; tampoco las explotaciones ganaderas y agrícolas están en los cascos urbanos, sino que están perfectamente ubicadas en suelo rústico y, siempre manteniendo las distancias que marca la Ley  con respecto a los núcleos urbanos. Y también está meticulosamente estipulado todo lo referente al abono y los purines. Se respetan en todo momento las normas municipales y las leyes autonómicas para que el impacto ambiental sobre la sociedad sea el mínimo.

Los ganaderos no lo tienen nada fácil para mantener sus explotaciones. Y ya no decimos nada a la hora de abrir una nueva granja… La administración pública, por un lado, y  una parte de la sociedad, por otra, parecen ignorar la importancia de estos sectores para garantizar una alimentación sana con unos estándares de calidad máximos para toda la población  así como para el desarrollo económico de muchas familias. Y no se puede criminalizar de esta manera a un sector básico en el presente y en el futuro de muchos de nuestros pueblos del interior.

Me parece muy injusto –y hasta infantil- querer que ahora las granjas desaparezcan del mapa cuando, insisto, en la mayoría de los casos ellas estaban antes y para la mayoría de municipios es su única forma de subsistencia.

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