Hay una pregunta que dice mucho más sobre un líder que cualquier evaluación de desempeño:
Cuando una persona de tu equipo tiene un problema serio, ¿acude a ti o intenta que no te enteres?
Porque mientras todo funciona, casi cualquiera puede parecer un buen líder.
La prueba llega cuando alguien ha cometido un error.
Cuando un cliente importante está a punto de marcharse.
Cuando aparece un problema que nadie había previsto.
Cuando alguien descubre algo que puede poner en cuestión una decisión que tú mismo has tomado.
O cuando una persona tiene información que podría evitar a la empresa un problema importante.
Ahí es donde descubrimos si existe realmente confianza.
Y ahí aparece un concepto de liderazgo que me parece especialmente potente: el liderazgo de base segura.
Ser la base desde la que otros se atreven a saltar
George Kohlrieser, profesor de Leadership and Organizational Behaviour en IMD y uno de los principales impulsores del concepto de Secure Base Leadership, utiliza una idea muy gráfica.
Una base segura proporciona protección, confianza y apoyo, pero al mismo tiempo permite que la persona explore, asuma riesgos y se enfrente a nuevos retos.
El líder no tiene que realizar el salto por ti.
Tampoco puede eliminar el riesgo.
Pero sí puede conseguir que sepas que la cuerda está sujeta.
Y eso cambia completamente la manera en que las personas trabajan.
Porque cuando alguien sabe que puede plantear una duda sin quedar en evidencia, reconocer un error sin ser humillado o cuestionar una decisión sin convertirse en «el problemático del equipo», empieza a ocurrir algo muy interesante:
Aparece información que antes permanecía oculta.
Muchas veces, el problema no es que esa información no exista.
El problema es que nadie se atreve a llevarla hasta quien tiene capacidad para actuar.
Seguramente, si has llegado hasta aquí, te preguntarás:
¿Cómo se convierte un líder en una base segura?
Se construye con comportamientos que a priori parecen sencillos, pero marcan la diferencia:
- Siendo coherente. Cumpliendo lo que prometes y explicando tus decisiones. La confianza desaparece rápidamente cuando el comportamiento del líder es imprevisible.
- Escuchando sin humillar. Especialmente cuando lo que escuchas no te gusta. Si cada error termina en una bronca, las personas aprenden muy rápido una cosa: esconder los errores.
- Manteniendo la calma. Un equipo observa especialmente a su líder cuando aparece un problema. Si cada dificultad genera dramatismo, culpables y nerviosismo, la organización termina evitando las malas noticias.
- Combinando apoyo y exigencia. Y aquí hay una distinción importante: base segura no significa liderazgo blando.
Kohlrieser utiliza precisamente la expresión Care to Dare: cuidar y, desde esa seguridad, atreverse a desafiar. El objetivo no es proteger a las personas de cualquier dificultad, sino crear las condiciones para que puedan asumir retos mayores.
Dando autonomía. Confiar implica permitir que otros decidan, prueben, se equivoquen y aprendan sin convertir cada delegación en un ejercicio de microgestión.
Y añadiría una última.
- Honestidad
Probablemente una de las características más infravaloradas del liderazgo.
Ayer mismo, mientras iba en coche al gimnasio, escuchaba en la radio que la "honestidad" era según una encuesta realizada, la cualidad más valorada por las personas y que, además, generaba atracción.
Y si lo piensas bien, tiene todo el sentido, ya que te permite conocer a la persona que tienes enfrente tal y como es. Sin máscaras, natural.
Pero es que Kouzes y Posner llevan décadas preguntando qué cualidades buscan y admiran las personas en quienes estarían dispuestas a seguir.
La honestidad aparece sistemáticamente entre las características fundamentales y, en sus investigaciones, ha ocupado reiteradamente una posición central entre las cualidades más valoradas de un líder.
Tiene bastante sentido.
Nos cuesta confiar en alguien cuando no sabemos quién tenemos delante.
Un líder que cambia de discurso dependiendo del interlocutor.
Que dice una cosa en una reunión y otra fuera.
Que vende certezas cuando en realidad tiene dudas.
Que oculta información incómoda.
O que utiliza constantemente un personaje para ejercer autoridad, puede conseguir obediencia, pero difícilmente conseguirá convertirse en una base segura.
Y cuidado, porque la verdadera seguridad no consiste en tener todas las respuestas
Quizá esta sea la paradoja.
Algunos líderes creen que transmitir seguridad significa mostrarse siempre fuertes, seguros y con una respuesta preparada para todo.
Yo creo que ocurre justo lo contrario.
Un equipo no necesita un líder infalible, necesita un líder fiable.
Una persona de la que pueda anticipar cómo reaccionará cuando aparezca una dificultad.
Porque cuando existe esa seguridad, las personas hablan antes, preguntan antes, reconocen antes los errores, proponen más, asumen más responsabilidad y se atreven a saltar un poco más lejos.
Te dejo algunas preguntas a contestar:
¿Qué ocurre a tu alrededor como consecuencia de tu manera de liderar?
¿La gente habla o calla?
¿Asume responsabilidad o se protege?
¿Pregunta o disimula?
¿Trae problemas encima de la mesa o espera a que exploten?
¿Se atreve a decidir o necesita autorización para absolutamente todo?
Ahí tenemos mucha información.
Y quizá haya una última pregunta que merezca la pena hacerse:
Si mañana alguien de tu equipo descubriera algo que pudiera cambiar una decisión importante de tu empresa, ¿sentiría la suficiente seguridad como para entrar en tu despacho y decírtelo?
Si la respuesta no está clara, probablemente haya trabajo por hacer.
Y si quieres desarrollar ese tipo de liderazgo en tu empresa, en tus managers o en tu propio equipo, es precisamente uno de los ámbitos en los que puedo ayudarte.
¿Viajamos juntos al éxito?

























