El otro día estaba en una clínica esperando mi turno y todo iba más o menos tranquilo hasta que, de repente, la chica de recepción; encantadora, profesional, de esas que siempre tienen una sonrisa preparada, empezó a llorar.
Un chico en ese momento salía por la puerta con su caja en la mano y su ropa. Diez años llevaba trabajando allí.
Diez años.
La curiosidad nos pudo a mi mujer y a mí así que preguntamos qué pasaba.
“Se va…”, respondió ella. Y sabes no era solo un hasta mañana. Era una despedida de verdad, para siempre.
Y mientras la escuchaba, pensaba En muchas empresas seguimos creyendo que cuando alguien se va, simplemente se sustituye.
Un CV nuevo. Un proceso de selección nuevo. Un onboarding rápido y listo a currar.
Pero no.
Cuando se va alguien bueno, no se va solo una nómina.
Se va historia compartida. Se va confianza construida. Se va complicidad. Se va cultura viva.
Y lo que casi nunca medimos: El duelo silencioso del equipo que se queda.
Porque sí, en las empresas también hay duelo.
Duelo por el compañero que ya no está. Duelo por la sensación de inestabilidad. Duelo por la sospecha de que algo no se está haciendo bien.
Y cuando no es un caso aislado, sino un goteo constante como sucede ya en muchas empresas, la moral empieza a erosionarse.
El compañerismo es uno de los grandes motores de permanencia (engagement). Muchas personas no se quedan solo por el salario o el cargo. Se quedan por las personas.
Cuando eso se resquebraja, el impacto es:
- Baja la motivación.
- Baja la productividad.
- Baja la creatividad.
- Baja el compromiso.
Y entonces nos preguntamos: “¿Qué está pasando con el equipo?”
Quizás la pregunta correcta sea otra:
¿Estamos gestionando bien las salidas? ¿Estamos escuchando antes de que sea tarde? ¿Estamos midiendo el clima real o solo los KPIs financieros?
En mi opinión, la gestión de personas no empieza cuando alguien entra, empieza mucho antes de que piense en irse.
Y cuando alguien decide marcharse, la responsabilidad no termina con su finiquito.
El verdadero liderazgo no se demuestra cuando todo va bien. Se demuestra cuando alguien importante decide irse a otro lugar esperando sentirse escuchado, valorado, parte del proyecto, ...
Porque no solo importa quién se va. Importa cómo se va. Y, sobre todo, cómo se quedan los que continúan.
Si quieres dejar de vivir duelos silenciosos en tu empresa y empezar a construir equipos donde la gente quiera quedarse y crecer, estaré encantado de acompañarte.
Al final, como siempre digo, no viajamos solos al éxito.
¿Buscas compañía?

























