Con gratitud y esperanza acogeremos en unos días al Santo Padre, León XIV, en su visita apostólica a España. Será un acontecimiento histórico, pero, ante todo, una ocasión de gracia para la renovación espiritual de los católicos y de nuestras comunidades, y también para la renovación espiritual y moral de toda la sociedad.
Nuestro tiempo está marcado por la secularización, la indiferencia religiosa y el alejamiento de muchos católicos de la fe y vida cristiana. Por otra parte, ofrece grandes avances, pero también provoca incertidumbres y cansancios, divisiones y exclusiones. Con frecuencia, nuestra mirada queda atrapada en las preocupaciones diarias. En este contexto, el lema de la visita, “Alzad la mirada”, nos interpela con fuerza. Es una llamada a levantar la mirada a Dios, a mirar más allá de las dificultades para abrirse a la confianza en Dios y reconocer su presencia salvadora en medio de la historia.
Como sucesor de san Pedro, el Papa viene a confirmarnos en la fe a los hermanos, a anunciar el Evangelio y a sostener a las comunidades cristianas en medio de los desafíos actuales. La visita debería suscitar en los católicos un deseo de conversión real a Cristo, de renovación interior y de mayor fidelidad a Cristo y al Evangelio. Esto no significa refugiarse en una espiritualidad desencarnada. Muy al contrario: Cristo nos enseña que no podemos elevar los ojos al cielo e ignorar el sufrimiento del prójimo. Por ello, León XIV nos exhortará a fortalecer el compromiso con los pobres, los migrantes, los ancianos, los enfermos y tantos hombres y mujeres vulnerables. El Papa nos llamará a renovar nuestro compromiso misionero. No podemos conformarnos con una fe vivida sólo en el ámbito privado. El Evangelio posee una fuerza transformadora que debe hacerse presente en la cultura, en la educación, en el mundo del trabajo, en la defensa de la dignidad humana y en la promoción de la justicia.
“Alzad la mirada” nos recuerda también la necesidad de recuperar la dimensión trascendente en la vida personal y social. Vivimos en una sociedad rica en posibilidades, pero empobrecida humana y espiritualmente. En muchos hombres y mujeres existe hambre de sentido, necesidad de verdad, deseo de una esperanza que no defraude. La fe cristiana no es una reliquia del pasado, sino una propuesta viva que responde a las preguntas más profundas del corazón humano. Y ante la polarización, el enfrentamiento y la exclusión del diferente, el Papa viene como peregrino de paz, invitándonos a reconstruir puentes mediante el diálogo y el encuentro.
“Alzad la mirada” interpela especialmente a los jóvenes. El Papa les recordará que están llamados a grandes ideales, que cada persona tiene una vocación y una misión, y que Cristo sigue ofreciendo caminos de entrega y plenitud.




























