Trump y Sánchez  

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En los últimos días han ocurrido dos sucesos políticos que, aunque distintos y distantes, tienen bastante en común. Se trata de la derrota de Trump en las elecciones legislativas de medio termino y la dimisión de Oscar Puente como ministro de transportes dejando a Pedro Sanchez en primera línea de responsabilidad en la cadena de desafueros ocurridos o que puedan ocurrir en el delicado sector del ferrocarril.  

Trump fue derrotado tanto en la cámara de los Representantes donde los Demócratas obtuvieron 232 diputados, como en el Senado en que alcanzaron una mayoría de 254 escaños, con lo que no solo queda debilitado para los dos años que le quedan de mandato sino que quedan también muy mermadas las posibilidades republicanas en las elecciones de 2028.  

Resulta igualmente evidente que el plebiscito de los dos años pasados, con los innumerables dislates internos e internacionales, económicos y políticos del presidente ha sido sumamente crítico. El pueblo norteamericano ha suspendido la política de Trump respecto a Rusia y Ucrania, como también lo ha hecho en la acción en Oriente Medio, tanto en el apoyo a Israel como en la guerra contra Iran.  

Del mismo modo, quedan descalificados los erráticos aranceles, la actitud negativa respecto a los aliados europeos, y la radical política migratoria en relación a los muchos países del Sur.  

Sánchez y sus seguidores están haciendo una lectura equivocada del MIdterm americano. Quieren creer que la derrota republicana va a ser paralela a la que sufrirá la derecha española el próximo 29/11. Ideologías aparte, los dislates de Trump son solo comparables a los de Sánchez y la derrota de aquel no puede ser más que preludio de la que con muchas probabilidades sufrirá Sánchez en poco más de tres semanas.  

Las encuestas de los últimos días, incluidas las de Tezanos, eran tan negativas que Sánchez no tuvo más remedio que proceder como lo ha hecho: pidiendo a Puente que  dimitiera de su puesto, encubriendo el cese como un gesto de dignidad ya que como dijo el propio dimisionario, un ministro de transportes no podía continuar en su puesto tras haberse producido 115 víctimas. ¿Quiere eso decir que si podía haber continuado con las primeras 46 víctimas?  

Puente se había convertido en un candidato tóxico para las próximas elecciones y era urgente para la izquierda deshacerse de él antes de que empezara la campaña electoral.  

La desaparición de este nefasto personaje del panorama  político es una de las mejores noticias de los últimos días. Dijo algún tertuliano de las cadenas televisivas gubernamentales que el terrible ministro hacía mutis por el foro para no verse contaminado por la derrota que va a sufrir la izquierda el próximo día 29, con lo cual pasaría a ser el relevo de Sánchez a partir del momento en que el PSOE busque recambio. Confiemos en que este no sea el futuro de Puente. Sería como salir de Guatemala para entrar en guatepeor. Esperemos que el futuro de Puente sea su salida de la vida pública.  

Como también debería serlo la de Sánchez. Y previsiblemente también la de Trump.