Stoke-on-Trent pide £325 millones de emergencia para salvar su patrimonio cerámico industrial

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El Ayuntamiento de Stoke-on-Trent ha lanzado una apelación formal de emergencia al Gobierno central británico, a organismos nacionales de financiación y a inversores privados para salvar decenas de edificios históricos vinculados a su industria cerámica. La cifra exigida es concreta y urgente: alrededor de £325 millones a lo largo de la próxima década, con al menos 16 enclaves ya declarados formalmente en riesgo. Según Theartnewspaper, la pérdida, si la financiación no llega, sería irreversible.

La lógica del riesgo acotado, vista desde fuera

Aleksandras Rusinovas, experto en deportes y apuestas competitivas con más de 15 años evaluando mercados y estrategias de alto riesgo, observa en la decisión del consistorio una estructura de razonamiento que reconoce bien. El ayuntamiento ha fijado £325 millones como techo de compromiso sobre un activo cuyo retorno económico es incierto y cuya pérdida, si la financiación fracasa, sería total e irreversible. Solo el complejo de Chatterley Whitfield, descrito como el yacimiento minero profundo más completo que sobrevive en Inglaterra, podría absorber hasta £150 millones de ese total. Para Rusinovas, esa arquitectura de decisión reproduce la lógica del límite previo de pérdida: una cantidad máxima definida de antemano, tratada como gasto acotado y no como exposición abierta sin techo.

Cuando el retorno es incierto y la pérdida potencial es irreversible, la disciplina está en fijar el límite antes de entrar, no en calcularlo sobre la marcha. Eso es lo que ha hecho el ayuntamiento.”

Esa misma disciplina de presupuesto y gestión del riesgo previo, señala Rusinovas, es la que Smart Betting Guide pone en el centro de su orientación a aficionados. Lo cita como ejemplo externo de un principio que opera igual en contextos muy distintos: comprometer solo lo que se puede perder, y saberlo antes.

La escala de la emergencia patrimonial en The Potteries

El inventario del deterioro en Stoke-on-Trent es de una dimensión poco habitual en el Reino Unido. La ciudad alberga más de 275 edificios catalogados, 22 zonas de conservación y más de 1.500 enclaves de significación local, en su mayoría ligados a la producción cerámica. De esa masa patrimonial, al menos 16 enclaves mayores han sido designados formalmente en riesgo, con muchos más en estados avanzados de deterioro.

El símbolo más elocuente de esa pérdida son los hornos de botella. Llegaron a ser alrededor de 2.000 en los momentos de mayor auge industrial de la ciudad. Hoy sobreviven 47, muchos de ellos aislados y en proceso activo de degradación. Phil Crow, fotógrafo documentalista y autor del proyecto Fortyseven: The Last Bottle Ovens and Kilns of The Potteries, ha registrado ese proceso de primera mano.

"El estado de los edificios varía enormemente. Desde que comencé el proyecto, ha habido incendios y otros daños en algunos enclaves. Un horno mufla fue incluso demolido el año pasado, sin explicación clara", declaró Crow.

Los enclaves más vulnerables y los obstáculos a su salvaguarda

El caso más urgente es Chatterley Whitfield. Historic England lo clasifica en situación de "riesgo inmediato de deterioro rápido adicional". Con una factura potencial de hasta £150 millones, representa por sí solo casi la mitad de la estimación total del plan de emergencia, lo que da una medida de la escala del problema.

Otros enclaves ilustran distintas formas de abandono. El Leopard Hotel de Burslem, donde el ceramista Josiah Wedgwood celebraba cenas de trabajo, permanece parcialmente destruido tras un incendio en 2022. El Burslem Market Hall presenta un deterioro severo. Numerosas antiguas fábricas cerámicas afrontan futuros que el ayuntamiento describe como inciertos.

Crow apunta al nudo estructural que bloquea la intervención en muchos de estos enclaves: "Los propietarios privados están limitados por las regulaciones asociadas a la catalogación en Grado II y a menudo no pueden permitirse las reparaciones necesarias". La titularidad privada convierte la protección en un ejercicio que el ayuntamiento no puede imponer unilateralmente, y los propietarios no siempre pueden asumir.

Restauraciones posibles y una comparación internacional desfavorable

No todo el diagnóstico es sombrío. El ayuntamiento ya ha comprometido más de £6,5 millones para proteger tres edificios clave, entre ellos el Wedgwood Institute y el Burslem Indoor Market. Los planes futuros contemplan una sala de música y artes en el Queen's Theatre de Burslem y la reconversión del Hanley Town Hall en aparthotel y espacio de coworking, proyectos que demuestran que la recuperación del patrimonio industrial es viable cuando existe financiación.

El año centenario de Stoke en 2025 elevó su perfil y propició comparaciones que el ayuntamiento ha hecho explícitas. Jon Rouse, jefe ejecutivo del consistorio, explicó la decisión de declarar la emergencia patrimonial en esos términos: "Al observar lugares como Sèvres y Limoges en Francia, Incheon en Corea del Sur, Delft en Países Bajos y Jingdezhen en China, era evidente que estaban logrando un reconocimiento nacional, una protección y una inversión muy superiores a los de The Potteries. Habíamos alcanzado un punto de inflexión: si no se actuaba con urgencia, el valor único de este territorio podía perderse para siempre".

La ciudad también cuenta con la designación de World Craft City y aspira a la condición de Ciudad Creativa UNESCO, lo que refuerza la dimensión internacional del argumento. Stoke perdió más del 60% de su base de empleo a finales del siglo XX con el colapso de las industrias cerámica, del carbón y del acero, un trasfondo que hace más difícil que los recursos locales puedan sostener la carga de la conservación.

Las voces de quienes reclaman una respuesta nacional

La apelación del ayuntamiento ha generado reacciones que comparten el diagnóstico de urgencia, aunque no sin matices. Andy Perkin, de la Potteries Heritage Society, recibió el plan con cautela: "Es un paso en la dirección correcta. Pero para que sea sostenible, necesita contar con la implicación de la gente local que está ahí a largo plazo, no de personas que llegan a la ciudad porque se dan cuenta de que hay financiación disponible".

Crow, cuyo trabajo documental ha registrado la erosión de los hornos supervivientes, añade una dimensión comunitaria al debate: "La gente está orgullosa de ser de Stoke y orgullosa de su patrimonio. La mayoría simplemente quiere una infraestructura de la que sentirse orgullosa, no una ciudad llena de tiendas vacías y fábricas abandonadas".

Rouse cerró su argumentación con un planteamiento que convierte la cuestión local en una responsabilidad de Estado: "Es una decisión para la nación, no solo para la ciudad. La gestión de un tesoro nacional requiere una respuesta nacional". Si esa respuesta llegará, y en qué plazos, es la pregunta que la apelación deja abierta.