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domingo, 25 de septiembre del 2022 | Última actualización: 19:33

Resaca interminable

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Jorge Fuentes. Embajador de España.

Después de una buena juerga nocturna, los efectos durante la mañana siguiente son devastadores, pero en el curso del día, el alcohol se disipa y la normalidad vuelve a la cabeza del juerguista.

Lo que está ocurriendo con la fiesta que empezó a mediados de marzo, con la fallida moción de censura promovida por Cs contra el PP de Murcia, que derivó en la disolución de la Asamblea de Madrid y en las elecciones del 4-M, está provocando una resaca que parece no tener fin.

Es evidente que el gran perdedor de esta refriega es el PSOE y el Presidente Sánchez que se puso al frente de la campaña hasta que comprendió que la tenía humillantemente perdida y procuró descargar sus responsabilidades traspasándolas cobardemente a quien menos le dañara. En este caso fueron Gabilondo que lo pago con una arritmia y con su retirada de la política y Franco Pardo cuyo corazón aguantó mejor pero salió igualmente por el foro.

Algunos peones como Carmen Calvo y Ábalos se lanzaron al ruedo para intentar con escasa fortuna dar capotazos que evitaran la cornada al maestro. Pero fue inútil: el PSOE estaba ya tocado. Las últimas encuestas serias dan unas expectativas de voto para el PP superiores a las del PSOE. Suponiendo que hubiera elecciones, que por el momento no las habrá.

Aparte de defenestrar a Gabilondo y Franco, se buscó culpabilizar a dos miembros históricos del partido, Leguina y Redondo Terreros, acusándoles de haber hecho campaña en favor de Díaz Ayuso. Lo cierto es que puestos a expulsar, Sánchez hubiera tenido que empezar por González y Guerra, seguir por Corcuera y Vázquez y barrer a todos los históricos del partido que se sienten a disgusto con el rumbo que el partido tomó desde que se hizo con el poder un Sánchez desprovisto de principios y dispuesto a pactar con el diablo para mantenerse en el poder.

Otro partido que sale muy dañado y que es improbable consiga remontar es Ciudadanos cuyos bandazos en busca de una posición centrista válida para servir a las derechas o las izquierdas, le ha desacreditado profundamente. La estampida de muchos de sus miembros más destacados hace pensar que los votos que Cs captó inicialmente del PP están haciendo el viaje de retorno rumbo a los Populares. La estampida no ha terminado aún.

El 4-M madrileño -extrapolable o no a todo el país- indica que si el voto de Vox creció hasta un escaño más, el PP consiguió más de medio millón de nuevos votos procedentes del PSOE, de Cs y también de Podemos. No es sensato pensar que el PSOE está al borde de su disolución pero si lo es pensarlo de los dos partidos restantes. Ya hemos visto que Cs se esfuma desde sus bases. Podemos por el contrario lo hace desde la altura. Su líder indiscutible se escapa rumbo a la empresa privada del genero mediático televisivo, editorial o cinematográfico, que en todo anda metido Roures, lo que permitirá a Iglesias un enriquecimiento indispensable para mantener el nuevo nivel de vida que se ha marcado -de ser cierto el rumor- junto a su enésima pareja Lilith Vestrynge en un nuevo casoplón en Valdelagua, dejando a Irene y a sus tres criaturas bien instaladas a caballo entre La Moncloa y Galapagar.

Hay que reconocer que Podemos sin Iglesias no existe, por mucho Ione Belarra que le inyecten. Y menos aún si se funde con Errejón y su Más País. De forma que la clara tendencia después de un festín multipartidista que duró una década y que trajo la violencia y la crispación a nuestra política, está reorientándose hacia un bipartidismo que deberá haber aprendido de los errores cometidos, en particular en el terreno de la corrupción y el latrocinio político.

Y con ser enorme la resaca no ha alcanzado a quienes con más claridad hubiera tenido que afectar como son Sánchez que ha sabido escurrir el bulto , Iván Redondo, el infalible estratega que empieza a flaquear; Tezanos, el gran falsificador de encuestas. Y en otro orden de cosas, Inés Arrimadas.