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jueves, 07 de julio del 2022 | Última actualización: 21:39

Rabat-Madrid-Argel

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Europa es un pequeño continente -algunos geógrafos lo consideran como uno de los apéndices de Asia- que a lo largo de su historia ha logrado crear una cultura y una civilización que han sido exportadas al mundo entero.

Ello lo ha conseguido a pesar de ser un espacio que construyó su medio centenar de pequeños o medianos Estados, sobre la base de conflictos, guerras y profundas diferencias ideológicas. Es difícil encontrar dos Estados europeos que en algún momento no hayan chocado entre sí.

Si hubiera que identificar dos flancos que al menos desde el siglo XX han sido conflictivos, éstos han sido de un lado el Este particularmente arrancando desde Rusia y de otro lado el Sur con toda la franja del Magreb como hervidero entre otras razones por la gran diferencia de civilización con Europa y por el gran corte económico que se produce ente las dos orillas del Mediterráneo.

Los países de Europa Central se han sentido siempre particularmente sensibles a la (mala) vecindad con el imperio zarista, la Unión Soviética y hoy con la agresiva Rusia de Putin.

El Sur y en especial España, tiene como especial foco de tensión sus vecinos magrebies, en particular Marruecos y Argelia, ambos muy vinculados a Francia y España de cuyos Estados formaron parte antes de que ambos pueblos africanos alcanzaran la independencia en 1956 (Marruecos, fue colonia de Francia y España durante medio siglo) y desde 1962 (Argelia, tras una guerra de seis años que puso fin a la unión con Francia desde 1860).

Quedó entre los cuatro países algunos contenciosos que si Francia supo resolver correctamente con sus vecinos del Sur, no está siendo así en el caso de España.

Marruecos y Argelia rompieron relaciones diplomáticas a fines del siglo XX y así continúan, principalmente por el contencioso saharaui, cuyo núcleo de resistencia Polisario ha sido acogido en la provincia argelina de Tindouf.

España y Marruecos -nuestro"amable vecino del Sur"-, tienen desde siempre el contencioso de Ceuta, Melilla y en los peores momentos el de las Islas Canarias, provincias españolas desde mucho antes de que el país alahuita existiera como tal.

Por añadidura, con Rabat existía también la reclamación del Sáhara Occidental , territorio de un cuarto de millón de kilómetros cuadrados que era deseado tanto por Marruecos como por Argelia.

Argelia es un gran país, con un territorio cuatro veces superior al de España y ocho veces mayor que Marruecos. A ningún país le agrada que de la noche a la mañana su vecino inmediato crezca en casi la mitad de su superficie desequilibrando la balanza estratégica de la region. De ahí que Argel nunca aceptará las aspiraciones de Rabat sobre el espacio saharaui y de ahí también que haya acogido con enorme molestia la reciente decisión del gobierno español de modificar su postura en favor de la celebración de un referendum decidida por la ONU para que los saharauis decidieran sobre su futuro que seguramente optaría por la independencia.

El cambio de posición de Sánchez aceptando que Marruecos acogiera al Sahara como una autonomía quizá arreglo temporalmente nuestras relaciones con Mohamed VI , aunque nadie sabe ni hasta qué punto, ni durante cuánto tiempo, ni en qué medida, pero fue considerado como alta tradición por parte de Argelia que con carácter inmediato llamó a consultas a su embajador en Madrid y rompió luego el Tratado de amistad y cooperación con España poniendo en práctica una política semejante a la que Mohamed VI ha venido aplicando con nuestro país: el envío de pateras hacia las Islas Baleares, poniendo en cuestión la exportación de gas hacia nuestro país que nos suministraba en condiciones ventajosas y que sin duda a partir de ahora se beneficiarán otros países europeos en serias dificultades desde que comenzó la guerra de Ucrania. Y ello aparte de las consecuencias sobre las relaciones comerciales que existían entre España y Argelia que alcanzaban cifras próximas a los 10.000 millones de euros anuales:

No cabe duda que el gobierno español, quizá chantajeado por el marroquí con graves exigencias que a día de hoy se nos escapan, ha hecho la mayor chapuza diplomática que se recuerda al menos en el último medio siglo y que no lleva camino de enmendarse. González Laya (Sánchez) se equivocó muy mucho acogiendo al doliente líder Polisario, pero Albares (Sánchez) se ha equivocado aún más pactando con Rabat con nocturnidad, teniendo en contra a todo nuestro Parlamento y a espaldas de Argelia.

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