lunes, 23 de noviembre, 2020  |  

- 16 octubre, 2020 -

Begoña Carrasco. Portavoz del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento de Castellón Los pequeños empresarios y autónomos del sector de la hostelería de la... Otra puntilla al centro histórico

Begoña Carrasco. Portavoz del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento de Castellón

Los pequeños empresarios y autónomos del sector de la hostelería de la ciudad de Castellón acumulan problemas. Primero fue el Estado de Alarma, que obligó a bajar la persiana por completo durante casi 3 meses, dejando a cero los ingresos en el cajón. Después, vinieron las sucesivas limitaciones de aforo y de horarios que han minimizado las posibilidades de trabajar y, por tanto, compensar el tiempo que pasaron forzosamente de brazos cruzados. Y tercero, la notable pérdida de poder adquisitivo de los castellonenses, de un lado, y el miedo a los contagios del virus, por otros, han terminado por poner la puntilla a un año excepcionalmente difícil.

Pero dice el refrán que las cosas siempre pueden ir a peor. Y ahí está el Ayuntamiento de Castellón para demostrarlo. Que se lo pregunten a los hosteleros de la plaza Santa Clara y las tascas, que a los problemas comunes del sector suman impotentes nuevas limitaciones.

Y es que el consistorio ha comunicado estos días a los emprendedores de la plaza Santa Clara la obligatoriedad de reducir hasta la mínima expresión el número de mesas y sillas en sus terrazas. Todavía no dan crédito.

Muchos se han dirigido al Partido Popular de Castellón para expresar su malestar y solicitar amparo ante tanto desamparo del equipo de gobierno municipal. Pedir a los restauradores de la plaza Santa Clara que reduzcan sus mesas, en algunos casos de las 16 que poseen a poco menos de cinco, es imponer la puntilla que faltaba para el cierre definitivo de muchos negocios, que en esas condiciones no van a poder trabajar.

Una vez más, el Ayuntamiento de Castellón quiere matar moscas a cañonazos. Evidentemente, la eliminación de las mesas supondrá el fin de las molestias derivadas de las reuniones de personas. ¡Muerto el perro… se acabó la rabia! Pero desde luego esta no es la solución. El tripartito está detrás de que las históricas tascas de Castellón sean hoy la mínima expresión de lo que fueron. Algunas de ellas ni siquiera han abierto esta temporada para evitar que les frían a sanciones. Y el siguiente paso va a ser convertir la plaza Santa Clara en un desierto. Solo le falta eso al malherido centro de Castellón, que se desangra, lleno de comercios con la persiana bajada y sin negocios que le den vida. Desde el PP pedimos sensibilidad. Hay soluciones y alternativas. El gobierno del Ayuntamiento de Castellón debe encontrarlas, porque ese cometido va incluido también en su sueldo, y que es muy alto, por cierto.

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