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sábado, 02 de julio del 2022 | Última actualización: 14:00

Soluciones y consecuencias del cambio climático en el litoral mediterráneo

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Mauricio González, investigador del IHCantabria explica que hay tres tipos de soluciones: blandas, duras y mixtas

El retroceso de las playas es una realidad y tiene un mismo común denominador: el cambio climático. Este medio de comunicación ha abordado este dramático retroceso del litoral en las playas de Oropesa en diversas informaciones. Pero este drama es el mismo en, prácticamente, todo el litoral de España. ‘Actuar’ es la única palabra que se forma en los labios de todas las asociaciones que han surgido por esta problemática: “Tenemos que hacer algo, no podemos quedarnos de brazos cruzados”, matizaba la plataforma vecinal recién creada en Oropesa para recuperar su costa. La lucha contra el cambio climático es real, está ahí, latente y es necesaria. 

Tàrsila Galdón/Castellón Información

Pero… ¿Qué se puede hacer para evitar el retroceso de la costa?

En el último capítulo sobre las playas de Oropesa, este medio de comunicación contactó con Mauricio González, ingeniero civil e investigador del instituto IHCantabria y estudioso en el desarrollo de modelos numéricos, herramientas y metodologías relacionadas con la hidro-morfodinámica de playas y riesgos costeros. El investigador no sólo explicó el caso concreto de Oropesa, también abordó las distintas soluciones que se pueden aplicar a este fenómeno. 

Playa Morro de Gos Oropesa del Mar

“Normalmente existen lo que son las soluciones blandas, duras o mixtas”, explicaba González y matizaba que las soluciones blandas se limitan a echar arena, pero corre el riesgo de que la arena siga siendo transportada “porque erosionará y cada cierto tiempo es necesario seguir colocando arena cada cierto tiempo.

Por otra parte, el investigador explicaba que las soluciones duras implican colocar una serie de obras: “diques y estructuras que estabilizan la playa en esa zona de tal manera que se llegue a una condición de equilibrio”. Por ello, el mantenimiento después, es mínimo. Y, finalmente, también están las soluciones mixtas: “colocar obras y también, arena”, finaliza el investigador.

Pero hay más… 

Evidentemente, cada playa reúne una serie de requisitos y cada litoral, es un mundo. Tal y como se explicó en este diario, en Oropesa la idea era que en 2018 se hiciera un estudio para saber porqué se produce el fenómeno de erosión: “en esa zona existe un problema de erosión e inundación  y a medida que la línea de costa va retrocediendo, es más vulnerable que se inunde lo que hay detrás de la playa”, explicaba González.

Playa de Xilxes

La idea, por supuesto, era saber cómo funcionaba en concreto el sistema del litoral de Oropesa: “cada vez la situación se agrava más porque el sistema de erosión se intensifica”.  Imagínense, la necesidad de realizar este estudio no sólo a nivel nacional, sino europeo, mundial… sólo tontear con la idea, con el pensamiento… abruma: “En el Instituto tenemos 150 investigadores de alto nivel y trabajamos con agua dulce, salada, sucia, sedimentos… este tema de ingeniería de costas lo trabajamos a nivel nacional y europeo”, confirma González.

Las instituciones, al tanto, de toda la problemática

La coordinación debe ser transversal y claro, las instituciones son conscientes del problema. De hecho, el portal del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico reúne un buen número de estudios relacionados con los efectos adversos del cambio climático: biodiversidad, clima, riesgo de incendios forestales, sobre la salud humana… vaya, un buen número de temas que darían para también, una buena cantidad de reportajes. Pero concentrémonos en el caso que nos ocupa: las costas.

Principales consecuencias del Cambio Climático a nivel nacional y a las costas valencianas

Los principales problemas del cambio climático en las zonas costeras se relacionan en el cambio de frecuencia en la aparición de temporales. Aquí, en el mediterráneo ya casi se tiembla con la mención de los temporales (¡y qué temporales!). Por supuesto, otro de los problemas es el ascenso del nivel medio del mar.

Uno de los principales problemas (según informa este estudio llamado Impacto Sobre las Zonas Costeras) es también, las diferentes actividades que se llevan a cabo en estas costas y que ejercen presión sobre ellas. La conservación de las costas se complica debido a esta presión por parte de las construcciones urbanísticas, tanto en el Mediterráneo, como en el Golfo de Cádiz y en los archipiélagos. 

Oropesa, mejoras en playa Morro de Gos

De hecho, esta es una de las principales preocupaciones de los vecinos de Oropesa con la llegada de las tormentas: “el agua se mete en las fincas y al ser agua salada, hay que bombearla, de hecho, hemos tenido que limpiar el alcantarillado de los edificios porque se ha llenado de grava”. Les preocupa la cimentación, porque el hierro se corroe y será necesario reforzarlo, o al menos, eso suponen.

Tal y como mencionaba el investigador de IHCantabria, en el área mediterránea la erosión se ha disparado: “a raíz de la drástica reducción de los aportes sólidos fluviales debido a la regulación y  la reforestación de las cuencas fluviales y la construcción de embalses”, reza este estudio elaborado por el ministerio.

Los puertos suelen ser un problema, ya que intensifica el fenómeno de la erosión. Este caso se puede observar, por ejemplo, en la costa de Almassora también: “interrumpen la deriva litoral agravada por la edificación de urbanizaciones e infraestructuras y las frecuentes estructuras de defensa de la costa que se les suelen asociar”, reza el estudio refiriéndose a los puertos.

Puçol, Malfassalfasar, la Albufera de Valencia, Cullera, la laguna de Santa Pola en Alicante… ninguna costa se salva de este fenómeno. El estudio ya avisa que los efectos del cambio climático dependerá de las características específicas de cada playa y evidentemente, cada caso precisará una solución.

En definitiva… 

Construcción masiva, urbanismo y cambio climático no han resultado ser la combinación perfecta, más bien, la más perversa. España sufrió una fiebre constructora entre 1992 y 2007. La tendencia era siempre la misma: construir más, más, más y aún más. Y ahora, los errores del pasado visitan las puertas del futuro.