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jueves, 30 de junio del 2022 | Última actualización: 19:08

Orgullo y honor

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Daniel Bernat. Graduado en Derecho y aficionado del Villarreal.

Hace dieciséis años, viví las semifinales de la Champions League de forma distinta a como las he experimentado ahora. Todavía no era socio, y vi el partido de vuelta en casa de mis tíos. Cuando Riquelme falló el penalti lloré, como muchos otros aficionados que lo presenciaron en directo, o en sus casas, con sus familias y amigos. En aquel momento se esfumaron las esperanzas de la parroquia amarilla, que veía como se les escapaba de las manos un sueño, que casi todo el mundo pensó que no se repetiría. No obstante, el fútbol tiene estas cosas, y en 2022 nos hemos visto de nuevo en ésas. Ayer no hubo lágrimas por mi parte; ¿para qué llorar?

El Villarreal Club de Fútbol, fundado en 1923, y a menos de un año de su centenario, vive el mejor momento de su historia. Obtuvo su primer título en 2021, europeo, además, y esta temporada ha rozado nuevamente una final de la máxima competición continental, que tendrá lugar en París, como ya la tuviera en 2006. En el camino ha dejado a dos entidades del fútbol mundial como la Juventus de Turín (escuadra más relevante de Italia) y el Bayern de Múnich (equipo más importante de Alemania); plantó cara al Manchester United pese a perder sus dos partidos, pero ya le batió donde debía, en Gdansk, en mayo del pasado año. Sin olvidar que estuvo a once metros de proclamarse supercampeón de Europa en agosto frente al Chelsea.

El reto era mayúsculo. De entrada, vencer al Liverpool, el club que los entendidos de este deporte dicen que es el que en mejor forma se encuentra a estas alturas de campaña, era una tarea ardua. Habíamos visto al Submarino afrontar obstáculos de igual o mayor entidad, pero sin duda todos coincidían en que el conjunto que dirige Jurgen Klopp era un coloso con pocas fisuras. En Anfield se vio que los “reds” pasaron por encima de los amarillos; fueron dos, pero pudieron haber sido más. La machada ya apuntaba a ser de esas que se narran en relatos mitológicos, de humanos frente a entidades divinas o a criaturas antinaturales.

Y durante una hora asistimos todos a lo que la mayoría consideraba que sería un milagro, yo el primero. El guión era de película, con un gol tempranero y otro al borde del descanso, que noquearon durante un rato al todopoderoso Liverpool, y nos hizo soñar a todos. Sin embargo, como en muchas de esas historias sobre monstruos, dioses y desafíos imposibles, al enemigo no hay que dejarle opciones de responder, porque puede acabar contigo. La actitud de los ingleses tras el descanso cambió radicalmente, y se vio la versión que los expertos del balompié alaban y sobre la que advertían a propios y extraños, la misma que en un rato allí en la ribera del río Mersey anuló al Villarreal y que apareció nuevamente para voltear el marcador y aniquilar cualquier esperanza de remontada local.

Pero da lo mismo. Evidentemente, yo soy el primero que le hubiese encantado escribir estas líneas y recrearme en que a final de mes nos íbamos a la capital francesa. Pero lo vivido ayer en el Madrigal fue precioso, con una afición que animó a los suyos hasta el final, saboreando la clasificación durante sesenta minutos y presenciando lo increíbles que son los integrantes del conjunto amarillo (por ejemplo, ese Gerard Moreno emulando al Cid Campeador, que jugó lesionado durante casi media hora). El compromiso, el sacrificio, y la fe inquebrantable de esta plantilla en la idea de Unai Emery es digna de admiración, y no se les puede reprochar nada en absoluto a este grupo humano que se vació y lo dio todo para alcanzar un sueño. No hay palabras para describir el tremendo orgullo que siento por mi equipo.

Como cierre, me gustaría destacar dos negativas cosas de anoche. Una, que eso de que en Europa se suele pitar a favor del local más se ve que no iba por el señor neerlandés que pusieron para dirigir la semifinal, porque madre mía el espectáculo que se marcó. Y dos: haría bien la televisión autonómica que pagamos todas las valencianas y valencianos (tanto los que somos del Villarreal, como los del Castellón, el Elche, el Alcoyano, el Ontinyent, el Sueca United…) en medir qué se publica en sus redes sociales. Para el que no sepa a lo que me refiero, anoche, con el 2-3 en el minuto 80, subieron un tuit informando, como buen medio de comunicación que son, que algunos aficionados abandonaban ya el estadio, pese a no haber concluido el encuentro. No soy periodista, pero no sé qué relevancia informativa tiene mostrar que una cantidad bajísima de gente se marchaba, cuando es algo bastante habitual y común en todos los estadios de España, incluido el nuestro. Todo el despliegue de la cadena realizado durante la jornada del martes queda deslucido por gestos como esos; no lo busquéis, porque lo borraron de su perfil al poco rato. Quizá no fuera ofensivo, o igual es que los amarillos tenemos la piel fina, pero considero que no era apropiado, dadas las circunstancias.

Nosotros a lo nuestro, que todavía quedan cuatro partidos y hay que pelear hasta el final para regresar a Europa la próxima temporada y seguir viviendo noches como estas. Endavant Villarreal!