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jueves, 29 de septiembre del 2022 | Última actualización: 21:57

Inmigraciones por el noreste

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Jorge Fuentes. Embajador de España.

Europa estaba acostumbrada a que las migraciones, los candidatos a refugiados o asilados , nos llegaran por el sur. Cada conflicto en el Maghreb, en Oriente Medio o en Asia, desembocaba con la llegada de millones de emigrantes que la Unión Europea no acertó a recibir y que los campamentos arrendados a Turquía fueron capaces de paliar solo temporal y malamente.

Estamos presenciando en estos días una nueva variante en el fenómeno migratorio: la utilización de un país -Bielorrusia- como instrumento para desencadenar una agresión híbrida.

El gobierno del dictador Lukashenko ha facilitado la llegada de miles de desesperados procedentes de Irak, Irán, Siria, Turquía y otros países con problemas de supervivencia, duplicando los vuelos desde esos países de origen y colocando a los candidatos a la emigración en la frontera con Polonia, cuyas alambradas cortan los propios soldados bielorrusos para facilitar el paso hacia la Unión  de estas masas desestabilizadoras. No olvidemos que esas fronteras ahora violadas, son fronteras exteriores de la UE, como lo son las de los países mediterráneos europeos y por tanto responsabilidad de todos los países de la Unión.

¿Cómo explicar esa rechazable actitud de Bielorrusia? Ni las dimensiones del país (menos de la mitad de España) ni su población (9 millones de habitantes) le dan una entidad suficiente para protagonizar por sí sola una agresión semejante a la UE. Solo se comprende ésta en el contexto de la actitud que su gran vecino ruso viene aplicando desde casi siempre.

Intenta así debilitar la cohesión de la Unión por todos los medios no militares posibles, ya sea fomentando el secesionismo en regiones proclives a ello como son Cataluña, Córcega o Escocia, fomentando el desacuerdo y la desinformación por vía cibernética y ahora facilitando la llegada masiva de refugiados por los procedimientos más primitivos.

Sin duda, por vía internet se intoxicó a la opinión pública de los países de origen haciéndoles creer que el acceso al corazón de la próspera Europa era pan comido, cuestión de un vuelo barato hasta Minsk  y luego un paseo a pie o en taxi hasta Alemania que es el lugar ya sea por el Sur o por el Norte donde todos los refugiados parecen querer llegar.

Polonia ha acogido a más de dos millones de migrantes ucranianos, escapados del conflicto con Rusia, a los que está consiguiendo integrar meritoriamente.

Pero Varsovia no está dispuesta a facilitar la entrada ni el paso de quienes procedentes de la dictatorial Bielorrusia puede trufar de agentes desestabilizadores esas masas de desesperados.

La Unión Europea que recientemente sancionó a Polonia por sus devaneos constitucionales, sale ahora en su defensa sancionando a Bielorrusia, uno de los países beneficiarios de las ayudas de Bruselas de entre los "vecinos inmediatos". Minsk ha replicado amenazando con cortar el gasoducto ruso del que se nutre la Europa Central.

He ahí que desde el Este (Bielorrusia) y desde el Sur (Marruecos) la pobre Europa se siente atenazada víctima de su precariedad energética. Es necesario actuar con determinación, sin dejarnos conmover por las imágenes prefabricadas y la condena a la devolución en caliente.