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miércoles, 08 de febrero del 2023 | Última actualización: 21:45

Nadia Calviño se puso nerviosa en Castellón

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La vicepresidenta del Gobierno de Pedro Sánchez y ministra de Asuntos Económico, la inefable Nadia Calviño, vino a Castellón para nada. Llegó y se marchó sin aportar nada. Debería estar aburrida en Madrid, porque aquí vino realmente para nada… Y es que mientras nuestra principal fuente económica, la industria cerámica, se desangra días tras día; ella la ministra ‘progresista’ vino, en nombre de todo el gobierno socialista, a sonreír a los flases fotográficos… o sea, para nada.

Los líderes socialistas se encargaron de aplaudir de manera enfervorizada a todas y cada una de las palabras -vacías- de Calviño, esa ministra que hace unos meses pensaba que Castellón era un pueblo de la provincia de Alicante. Solo desde el PP se alzó la voz a favor del sector cerámico y en defensa de todas las familias que, de una u otra manera, dependen de la fabricación de baldosas cerámicas. “Señora ministra, nuestra industria cerámica necesita ayuda”, le espetó Begoña Carrasco, la portavoz popular en el Ayuntamiento de Castellón, en lo que se había planteado como un simple ‘besamanos’. Y la ministra, visiblemente contrariada, solo acertó a balbucear: “Ya estamos ayudando a la cerámica”. Una ayuda que nunca llega. Por eso nuestra presidenta provincial, Marta Barrachina, lleva denunciando desde hace meses el ninguneo del Gobierno de Pedro Sánchez hacia nuestro sector que literalmente se apaga. Y así lo vine reivindicando en cuantos foros participa.

Las ayudas que hasta ahora se han concedido al clúster cerámico son inútiles y están muy lejos de las que reciben, por ejemplo, las empresas italianas. Y es que las cifras son escalofriantes y, ahora mismo ya hay más de 11.000 trabajadores del sector cerámico afectados por algún ERTE. Y lo peor, lo más trágico, es que se trata de una cifra que crece día a día. De hecho, la pasada semana nos enteramos que el Grupo Victoria está negociando un expediente de regulación temporal para los 1.200 empleados de las firmas Keraben y Saloni, esta última ubicada en Sant Joan de Moró. La radiografía del más importante sector industrial de la provincia de Castellón pone a nuestra economía al borde del precipicio. La situación es verdaderamente dramática y necesita medidas urgentes.

Nunca el sector cerámico castellonense se había enfrentado a una crisis de esta envergadura. El clúster cerámico, construido gracias al esfuerzo y al talento de sus empresarios y técnicos, ha demostrado en las últimas décadas su camaleónica capacidad para enfrentarse a todos los retos comerciales habidos y por haber, incluso jugando en el tablero del mercado global con competidores desleales que no respetan las reglas del juego del respeto medioambiental o los derechos laborales. El azulejo de Castellón cuando ha perdido mercados, ha cogido la maleta y ha buscado nuevos escenarios en los que crecer, pero ahora no tiene capacidad para luchar contra una factura energética y unas exigencias ecológicas que le impiden mantenerse a flote.

No es rentable producir baldosas cerámicas con la actual tarifa de gastos. Tampoco vale la pena producir esmaltes cuyos precios limitan su salida a los mercados internacionales. El clúster cerámico español se desangra, mientras Italia o Alemania han puesto medidas para proteger a su industria.

¿Y en España qué tenemos? Pues tenemos al PSOE y a Pedro Sánchez, que no saben -o no quieren- por dónde tirar y van lanzado limosnas que no sirven para nada. O mejor dicho, qué sirven para demostrar la incapacidad de los socialistas de gestionar un país y de ayudar a una provincia que necesita salvar a su principal motor económico, que además es, ante el mundo entero, nuestra bandera de calidad, de innovación y de progreso. La cerámica es, para nosotros, mucho más que una fuente de riqueza. Mucho más.

Y mientras la ministra Calviño viene a Castellón para nada. Nada de nada. Humo.