El primer análisis del CEAM señala que el 43% de la superficie quemada está dentro de la Serra d’Espadà y detecta una pérdida del 51% de humedad de la vegetación entre abril y julio
El incendio forestal declarado el pasado 25 de julio en la Vall d’Uixó ha afectado a cerca de 9.600 hectáreas, de las que un 43% se encuentran dentro del parque natural de la Serra d’Espadà. Un primer análisis del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM) estima además, de manera provisional, que alrededor del 16% de la superficie afectada ha sufrido una severidad muy alta.
El organismo investigador de la Generalitat ha analizado también las condiciones que presentaba la vegetación antes del incendio para determinar qué factores pudieron influir en el comportamiento del fuego.
Los datos obtenidos mediante imágenes de satélite muestran que la vegetación perdió un 51% de su humedad entre abril y julio, después de comenzar la primavera con valores superiores a los registrados durante los dos años anteriores.
El CEAM relaciona esta evolución con una combinación de factores: las precipitaciones anteriores favorecieron el crecimiento de la vegetación, especialmente de la cubierta herbácea, mientras que posteriormente las altas temperaturas y la ausencia de lluvias aceleraron su desecación, aumentando la disponibilidad de combustible vegetal.
El 43% de la superficie afectada está en la Serra d’Espadà
El primer balance del CEAM sitúa en aproximadamente 9.600 hectáreas la superficie afectada por el incendio, aunque la evaluación definitiva deberá realizarse una vez concluya la emergencia.
De esta extensión, un 43% corresponde a terrenos situados dentro del parque natural de la Serra d’Espadà, uno de los principales espacios naturales protegidos de la provincia de Castellón.
Los pinares representan alrededor del 40% de la superficie quemada y constituyen la formación vegetal más afectada.
A continuación se encuentra el matorral, con aproximadamente un 30%, mientras que los alcornocales representan alrededor del 10% del terreno afectado, según el análisis inicial.
La vegetación perdió un 51% de humedad en tres meses
Uno de los elementos estudiados por los investigadores es la evolución de la humedad de la vegetación durante los meses anteriores al incendio.
La primavera de 2026 comenzó con niveles de humedad superiores a los de los dos años precedentes como consecuencia de las abundantes precipitaciones registradas previamente.
Sin embargo, entre abril y julio se produjo un cambio significativo. Los análisis mediante imágenes de satélite indican que la vegetación experimentó una pérdida de humedad del 51% durante este periodo.
Según el CEAM, las lluvias habían favorecido previamente una mayor producción vegetal, especialmente de especies herbáceas. La posterior combinación de temperaturas elevadas y falta de precipitaciones provocó una rápida desecación de esa vegetación.
Este proceso habría incrementado la cantidad de combustible vegetal seco disponible, una circunstancia que, según los investigadores, pudo aumentar la vulnerabilidad del territorio ante el incendio.
El verdor de la cubierta vegetal cayó un 38%
El análisis científico detecta también un deterioro significativo del estado de la cubierta vegetal durante los meses anteriores al fuego.
El índice NDVI, utilizado para analizar mediante información satelital el verdor y estado de la vegetación, registró un descenso del 38% entre abril y julio.
Este indicador refleja, según el estudio, el deterioro progresivo de las condiciones de la masa vegetal antes de que comenzara el incendio el 25 de julio.
Los datos permiten caracterizar las condiciones previas al fuego, aunque no determinan por sí mismos la causa del incendio, sino algunos de los factores ambientales que pudieron influir en su comportamiento y propagación.
Un 16% de la zona quemada presenta severidad muy alta
La primera estimación del CEAM señala que aproximadamente un 16% de la superficie afectada presenta una severidad muy alta.
Se trata, no obstante, de una evaluación provisional. El centro investigador advierte de que será necesario completar los estudios una vez extinguido el incendio para determinar con mayor precisión las consecuencias ecológicas.
Entre los aspectos que deberán analizarse se encuentran la capacidad de regeneración de la vegetación, el riesgo de erosión del suelo y la recuperación de los diferentes ecosistemas afectados.
El CEAM prepara el análisis de las zonas quemadas
El equipo del Área de Investigación Forestal de la Fundación CEAM tiene previsto incorporarse a partir de la próxima semana a los trabajos de evaluación, en coordinación con otros grupos.
Esta nueva fase permitirá estudiar sobre el terreno los efectos del incendio e identificar las zonas que puedan requerir actuaciones específicas de gestión o restauración.
Los resultados deberán servir como base científica para decidir las medidas posteriores sobre el territorio afectado y establecer prioridades en función de factores como la severidad del fuego, la erosión o la capacidad natural de recuperación de los ecosistemas.
El CEAM desarrolla desde 1992 investigaciones relacionadas con la ecología del fuego, las sequías, la restauración forestal y la gestión de terrenos afectados por incendios. Entre sus herramientas se encuentra la plataforma POSTFIRE, destinada a evaluar los impactos ecológicos de los incendios y apoyar la planificación de las actuaciones posteriores.











































