Miércoles, 28 de octubre, 2020  |  

- 10 septiembre, 2020 -

Begoña Carrasco. Portavoz del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento de Castellón Es la pregunta que muchos castellonenses se hacen. ¿Hay alguien ahí? El... ¿Hay alguien ahí?

Begoña Carrasco. Portavoz del Grupo Municipal Popular en el Ayuntamiento de Castellón

Es la pregunta que muchos castellonenses se hacen. ¿Hay alguien ahí? El Ayuntamiento de Castellón está, desde que se inició la epidemia de coronavirus, a medio gas, fruto de un equipo de gobierno que se pone de perfil antes que bajar al barro y arreglar problemas.

Basta con entrar en el Palacio Municipal para ver cuál es el verdadero pulso de la institución. Sin actividad en la planta baja. La planta 1 se ha quedado, literalmente, vacía. La planta 2, la ‘noble’, lleva meses sin acoger las sesiones plenarias de manera presencial. El Partido Popular volvió a su despacho en la tercera planta tan pronto lo permitió la ‘nueva normalidad’ de Pedro Sánchez, es decir, desde el 22 de junio. Y la cuarta, la de concejales del equipo de gobierno, ha tenido más huecos y ausencias en los últimos meses que el Guadiana.

Tenemos un Gobierno que nos dice que debemos recuperar el pulso, hacer nuestra vida previa al coronavirus respetando unas normas de prevención, pero un Ayuntamiento que ahora mismo funciona a medio gas, con el mando a distancia en la mano, porque tenemos un equipo de gobierno que ahora mismo gestiona desde un plasma, y sin pisar la calle. Y eso se nota.

Ni una sola de las ayudas prometidas por Amparo Marco ha llegado aún a sus beneficiarios. Ni una de las inversiones que debían ayudar a autónomos y pymes está en marcha en una ciudad con 16.000 parados ya.

Tampoco hay medidas extraordinarias para afrontar la segunda oleada del Covid-19 por el gobierno de la ciudad. Mientras los contagios no paran de multiplicarse, cuatro consultorios siguen cerrados, los centros de salud solo atienden por teléfono y no dan abasto a hacer PCR. Los directores y profesores de los colegios se han tenido que buscar la vida solos para garantizar el cumplimiento de las medidas sanitarias. No hay refuerzo de la limpieza y desinfección de vías y espacios públicos, tales como parques. Ni test masivos para detectar contagiados, ni una triste mascarilla de regalo para cada uno de los vecinos. Ni protocolos para las instalaciones deportivas. Ni gestión del Mercado del Lunes y del Grao. Nada es competencia suya, nada extra se aporta desde la ciudad.

Seis meses después del Estado de Alarma, Amparo Marco se dedica a reformar el Palacio Municipal para adecuarlo a su gusto, a gastarse millones de euros en cambiar –literalmente—bombillas de las farolas, a cambiar las carteras de las áreas de sus concejales como el que reparte caramelos en la puerta de un colegio y a llenar la mochila de los castellonenses con impuestos, después de haberlos retrasado en el calendario y concentrado ahora en el último trimestre de 2020.

Una cosa son los titulares de prensa, y otra cosa la realidad. Y la gestión del Ayuntamiento de Castellón es manifiestamente mejorable. Negar y ocultar los problemas, ni los resuelve ni

ayuda. Y cada vez son más los castellonenses que lo viven en su día a día. ¿Hay alguien ahí? Esa es la pregunta que todos en Castellón hoy se hacen.

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