miércoles, 19 de enero, 2022  |  
Recuerdos amarillos ante tus ojos Recuerdos amarillos ante tus ojos

- 27 mayo, 2021 -

Daniel Bernat. Graduado en Derecho y aficionado del Villarreal. Se dice que, cuando alguien está cerca de fallecer, ve pasar su vida ante sus... Recuerdos amarillos ante tus ojos

Daniel Bernat. Graduado en Derecho y aficionado del Villarreal.

Se dice que, cuando alguien está cerca de fallecer, ve pasar su vida ante sus ojos, repasando algunos de los momentos más importantes. O eso nos han hecho creer en numerosas obras de ficción. Yo ayer no morí (faltó poco), pero sí que experimenté eso de ver pasar recuerdos mientras transcurría el encuentro que nunca olvidaré.

Mi primera temporada como socio fue la 2008/2009, cuando el Villarreal jugó por segunda vez la Champions League, pero antes había acudido al que siempre fue (y para mí será) El Madrigal a ver algunos partidos. Por ejemplo, pasaron delante de mis ojos partidos de la 2002/2003, en la que conjunto amarillo luchaba por salvarse; por mencionar algún momento de esos encuentros, diría el gol del fallecido De Nigris ante el Rayo Vallecano en el minuto 88 que supuso el 2-1 y la obtención de tres puntos de oro para seguir en Primera. Mientras, comenzaba la final en Gdansk.

Radamel Falcao siempre quedará en la mente del aficionado amarillo como una bestia negra particular. La semifinal de la Europa League ante el Oporto en 2011 fue un palazo en la cabeza para un equipo que destilaba clase. Ese 0-1 de Cani al descanso nos hizo soñar, pero la realidad nos pasó por encima a base de goles del colombiano y nos despertó. Un año después, el gol que metió jugando con el Atlético de Madrid lo tengo borroso, como si mi mente hubiera bloqueado ese dolor; en cambio sí recuerdo vívidamente el cabezazo de Marco Ruben que casi nos deja en Primera, o llorar desconsoladamente junto a mi padrino, Néstor Meseguer, al que muchos de la parroquia amarilla conoceréis. Entretanto, en Polonia, el Submarino se defendía con uñas y dientes ante un Manchester que dominaba la posesión, pero no acertaba a trenzar jugadas peligrosas para el arco defendido por Rulli.

En perspectiva, se aprecian más los momentos como los que se experimentaron en Segunda División. La sensación de acudir a un coliseo amarillo prácticamente vacío para presenciar duelos contra el Lugo, Mirandés, Ponferradina, etcétera, es algo que me enorgullece, porque me da igual en qué categoría juegue mi equipo, ahí seguiré para animarle. El cabezazo de Trigueros en Murcia, la locura con el tanto de Canteros en Alcorcón, la invasión amarilla en el Mini Estadi del Barça, o, por supuesto, el tremendo pase de Cani a Jonathan Pereira para que certificara el ascenso, también con lágrimas mías y de Néstor, esta vez, de felicidad. De fondo, Gerard Moreno anotaba ante una asistencia extraordinaria de Parejo, y el Villarreal se iba al descanso con ventaja en el casillero.

Siempre hay espacio para el drama y la tensión. En toda buena historia, no todo va a ser color de rosa. Como la semifinal contra el Liverpool de 2016, que fue quizá lo más cerca que se estuvo se alcanzar la gloria. El 1-0 de Adrián López en la ida es un gol que nunca me cansaré de ver, y lo que parecía algo inalcanzable, lo parecía menos. No obstante, aquello del miedo escénico hizo acto de presencia en la vuelta, y la maquinaria del Liverpool de Klopp no dejó títere con cabeza, y aniquiló cualquier posibilidad de clasificarse para la final. Con el gol de Cavani, ese escalofrío recorrió mi espinazo.

A propios y extraños muchas veces les he comentado que no me gustan los penaltis, aunque no se vea involucrado mi equipo. Los llevo mejor que otras personas, que directamente no son capaces de mirar, pero si todo se resuelve en los noventa minutos reglamentarios, mucho mejor. Pero claro, el Villarreal no podía ganar su primer título de forma normal; no señor.

Y si hablamos de penaltis, los fantasmas del pasado tocan a tu puerta. El que todos recuerdan más es el de Riquelme contra el Arsenal en 2006, pero el de Mista en 2004 tampoco es desdeñable. Cuando vi que todo iba a desembocar en una tanda de penas máximas, creo que hice las paces conmigo mismo de que, independientemente del resultado, el mérito de este club era tremendo, y que había que estar feliz y orgulloso, pasara lo que pasara.

Somos historia tras este título. Ya lo éramos, pero por si quedaba alguna duda, ahora lo somos con todo merecimiento. Encima, con la tanda de penaltis más larga en una final europea, que destrozó mi sistema nervioso, porque yo al final no sabía ni qué sentir, si miedo, tensión, nervios, o todo junto a la vez y nada el mismo tiempo. La parada de Rulli ante De Gea dio paso al éxtasis, y a la destrucción del maleficio. Supongo que la única manera de vencer a tus demonios era hacerles una visita de nuevo, esta vez, con mejor armamento que anteriormente.

Lo dije en mi columna cuando el Villarreal se clasificó para la final: Emery vino para esto. En una temporada, ha escrito con letras de oro su nombre en los noventa y ocho años de historia amarilla. Y destaco eso porque, para muchos, el Villarreal Club de Fútbol nació con la llegada de Fernando Roig, y en parte es cierto; este equipo actual es fruto de la labor del presidente y de todos los que trabajaron y trabajan por y para el equipo. Pero hace años, la realidad del Submarino era la Tercera División, ir de pueblo a pueblo, y verse las caras con sus vecinos de provincia. En unos meses, el conjunto amarillo estará en el Bombo 1 de la Champions League, y jugará la Supercopa de Europa contra el Chelsea o el Manchester City. Qué bonito es el fútbol.

Para terminar, no podía faltar un palo a Luis Enrique, que supongo que anoche tendría sudores fríos mientras transcurría la final. Primero, porque Albiol hizo una exhibición defensiva, que igual echa de menos España en los momentos clave de la Eurocopa. Segundo, porque Parejo redondeó una temporada para enmarcar, y puso punto y final a un recorrido que le ha llevado a la extenuación, y verá, incomprensiblemente, el torneo de selecciones desde el salón de su casa tranquilamente; ya me diréis vosotros qué no han hecho para ir convocados, y sí otros jugadores de sus posiciones. Y por último, al ver que David De Gea, en una hipotética tanda de penaltis, si los jugadores rivales no fallan sus disparos, no para ni el taxi; lleva desde 2016 sin detener un lanzamiento desde los once metros.

¡¡¡¡CAMPEONES!!!! ENDAVANT !!!!!

Whatsapp Telegram