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- 28 mayo, 2018 -

Rafa Cerdá. Abogado. A lo largo del año, las sucesivas celebraciones de torneos, ligas y campeonatos futbolísticos colman por completo las anisas de una... Compre la televisión

Rafa Cerdá. Abogado.

A lo largo del año, las sucesivas celebraciones de torneos, ligas y campeonatos futbolísticos colman por completo las anisas de una afición, ansiosa de victorias y derrotas de los equipos de sus amores, de estadios llenos, de retransmisiones bien prolongadas. En definitiva el espectáculo del deporte Rey y si se añade el factor que este año coincide con la celebración del Mundial, el clímax del Fútbol estallará por todas sus costuras. Aquí harán negocio todos; las agencias de viaje, los hoteles del país donde se organiza el evento, los productos deportivos (zapatillas, balones, ropa,…) bien engrasados por una incisiva (por no decir machacante publicidad) y los dispositivos de Televisión. Éstos, esto será el verdadero negocio.

Las grandes cadenas de distribución de tecnología podrán ala basto mega-ultra-baratos aparatos de Televisión, a cada cual con más pulgadas de tamaño, mayor resolución, mayor número de aplicaciones, mayor capacidad, mayor, mejor y más. El Mundial de Fútbol se celebra una vez cada cuatro años. ¿No lo requiere la ocasión? ¿No se lo merece usted? ¿No se le ofrecen unas condiciones de financiación a tropocientos meses (en la práctica acabará de pagarlo el próximo Mundial)?

Escoja el modelo, prepare la ubicación del aparato en el salón de su casa, farde (o no) de su adquisición, y siéntase parte de un negocio en el que todo el planeta pondrá su mirada durante unas pocas semanas. Una misma palabra nos unirá a todos: GOOOOOOOOOOOOL…

¿Suena bien verdad? Pues ahora viene lo mejor: con este empuje por el Mundial, familias sin apenas recursos expandidas en demasiados países subdesarrollados, harán lo imposible para al igual que usted, disfrutar del Mundial. Se apretarán más el cinturón, soportarán un poco más la explotación de su ‘trabajo’ y con fortuna un poco más de dinero entrará en casa. Incluso elevamos el umbral de fortuna, podrán deshacerse de la hija de once o doce años, se vende a una ‘buena casa’ regida por un ‘buen patrón’, y con el seguro que la operación da para la televisión. Una boca menos, y el resto de la familia sale ganando.

GOOOOOOOOOOOOOOOOOOL. No se preocupe por el destino de la niña. Céntrese en el Mundial que viene, o en la Champions que se avecina. El Fútbol y su disfrute. ¿No se lo ha ganado?

Lamento haber atizado su afición para requerir que no pierda de vista la magnitud de la tragedia a la que centenares de miles de niños y sobre todo niñas, se ven abocados cada año por culpa de la explotación infantil. En el mejor de los casos, sus propias familias venden a sus hijas a redes de prostitución o a fábricas, cuando no aparece la desaparición física a través del secuestro, el maltrato y la huida del hambre. Ninguna organización internacional (la propia UNICEF o la Organización Internacional del Trabajo) o entidad solidaria privada se atreve a dar cifras reales a la magnitud de este fenómeno que ocurre en un mundo que celebra un Mundial de Fútbol y olvida la triste realidad de todos los días.

Mi intención no es elaborar demagogia mezclando deporte con explotación de seres humanos. Se tratan de dos realidades muy distintas, y ambas deben tratarse como tales. Pero no olvide que todos los momentos de unidad, alegría, emoción y entusiasmo que a millones de aficionados provocarán todos los momentos del próximo Mundial, serán negados a centenares de miles de niños y niñas que en lugar de vivir los valores del deporte, luchan por intentar ganar la partida a la muerte en forma de explotación en todas sus aberrantes formas.

Compre la nueva Televisión, y cuando acabe el Mundial, sintonice un canal de informativos, procure conocer la otra cara de la realidad y empecemos todos a ganar el futuro por esos chavales y esas niñas.

 

 

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