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jueves, 01 de diciembre del 2022 | Última actualización: 10:39

Los Cinco Grandes

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Jorge Fuentes. Embajador de España.

Un año más, el pasado sábado 14, tuvo lugar un nuevo festival de Eurovisión. Los países europeos seleccionados venían acompañados por Australia, que a punto estuvo de alzarse con la victoria. Por primera vez se estrenaba nuevo estilo de votación que mantuvo el suspense hasta el último minuto. El festival, nada extraordinario como de costumbre, tenía también otra novedad y es que se transmitía en directo a los Estados Unidos y China con lo que la audiencia creció hasta varios cientos de millones de televidentes. No sería de extrañar que pronto viéramos a esos dos grandes países participar en nuestro concurso europeo.

Mi intención no es juzgar el festival desde el punto de vista musical. Cada vez estos espectáculos resultan más ruidosos, más barrocos y más digitales siendo sus canciones menos memorables. Con muy escasas excepciones -la austríaca, la polaca, la francesa- resulta imposible recordar las melodías aun después de haberlas escuchado varias veces.

Mi propósito es criticar el método de selección de los participantes. Por razones de horario, resulta evidente que para la gran final, no van a poder actuar más que un par de docenas de países (este año fueron 26) con otras tantas canciones que duraran un máximo de tres minutos cada una.

Puesto que Europa tiene bastantes más países, cada año es necesario hacer una preselección en que quede eliminada una veintena de participantes. Este año les ha tocado a países tales como Irlanda, Portugal, Noruega, Finlandia, Eslovaquia, Macedonia etc. Un país que solía alcanzar buenos resultados -Rumania- quedó excluido por haber acumulado una deuda excesiva con la organización.

Hasta aquí todo parece correcto. Lo que resulta sorprendente y escandaloso es que haya cinco países -los Cinco Grandes o Big Five- que debido a que contribuyen económicamente a los gastos de organización en mayor medida que los restantes (unos 260.000 euros cada uno) se ven liberados de competir en la preselección con lo que su participación en la gran final está garantizada ¿Quiénes son esos vergonzantes Big Five? Se lo diré: Italia, Francia, Reino Unido, Alemania y....España.

Las razones de haber ideado este mecanismo burdo puede tener que ver con los sistemas de votación en que se forman agrupaciones regionales -los países Escandinavos, los Bálticos, los Balcánicos, los de la antigua URSS- con un voto cautivo que les da la victoria casi segura y deja en la calle a países con una tradición musical incuestionable, que enviaban a sus estrellas para recibir la humillante respuesta del "zero points". Un festival privado de los Big Five, hay que reconocerlo, no sería lo mismo. Italia se auto excluyo de Eurovisión durante 14 años.

Pero el procedimiento de privilegiar a esos cinco países es claramente tramposo. Es como si en un campeonato de fútbol se garantizara que los grandes equipos iban a llegar en los primeros puestos al final de la liga o de la copa.

Curiosamente aquellos Big Five suelen quedar muy mal clasificados, en particular Alemania (dos años seguidos en último lugar) y España (este año clasificada en puesto 22. Tres veces en la cola en los últimos años). Aunque la contribución no es muy elevada -a España le viene a costar como un capítulo de Águila Roja o de Cuéntame- , esos cinco ‘grandes’ debían de tener vergüenza torera y rechazar tales chanchullos. Habría que poner a todos los países en pie de igualdad, escoger inteligentemente a los participantes y arriesgarse a verse eliminados en la preselección. Seguro que entonces los resultados serían mejores. Aunque procurando que no fueran tan buenos como para llevarnos la victoria porque en tal caso deberíamos ser anfitriones al año siguiente y organizar el festival tiene un coste, no de 260.000 euros sino de 40 millones de euros y aquí entre nosotros, no merece la pena.