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martes, 04 de octubre del 2022 | Última actualización: 21:56

La Magdalena abre la Feria Taurina por la ‘Puerta Grande’

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Primera novillada de la feria taurina de la Magdalena, para los novilleros: Francisco José Estrada, de Fuenlabrada; Vicente Soler, de Burriana; y Jonathan Varea, de Almassora. Novillos de la Ganadería Fuente Ymbro.

Esperanza Molina/Castellón Información

La primera jornada de la Feria Taurina de la Magdalena ha resultado un rotundo éxito. La novillada, con dos novilleros de la provincia de Castellón, Vicente Soler de Burriana y Jonathan Varea de Almassora,

ha resultado interesante y se ha abierto la ‘Puerta Grande’ de la plaza de toros.

Francisco José Espada triunfó con el primero de la tarde. El toro, un tanto flojo al que a fuerza de citas y voluntad le saco todo lo que podía dar. Mato de una estocada, derecha y al fondo. El toro no aguanto en pie ni un minuto antes de desplomarse. Una oreja.

Vicente Soler levantó aplausos al brindar el segundo a El Soro. Comenzó con muchas ganas y al estilo Jose Tomas. ‘Plantao’ y recogiendo al toro por detrás. La plaza, caliente ya con la primera oreja de Espada, se mostró receptiva a los pases de Soler que poco a poco fue fijando al toro y sacándole lo que quiso.

Entró a matar sin dudarlo, y la estocada fue tan buena como la anterior. Soler Lázaro pidió espacio para el toro, que como esperaba, dobló. La plaza se volcó. Dos orejas.

Jonathan Varea salió a por todas. De rojo y oro, y en su casa, la responsabilidad no podía ser mayor. Allí estaba su público, pero también el peso de las tres orejas de los dos novilleros anteriores. El torero presentaba estilo y maneras y la plaza estaba dispuesta a querer.

Se fue centrando. Toro y torero. Y a partir de entonces Varea hilaba una serie con otra mientras el público, entusiasmado, coreaba cada pase.

Si la faena había sido buena, faltaba el estoque, y aquí se lo volvía a jugar todo. Se lo pensó, le puso paciencia para colocar poco a poco al astado donde él quería. Y como sus predecesores,  estocada hasta el puño.

El toro parecía resistirse a la muerte. Dobló pero volvió a levantarse. Al momento volvió a caer y esta vez fue la definitiva.

La plaza se vino arriba y si por si los aficionados hubiera sido, el presidente hubiera tenido que darle el toro completo.

Dos orejas, petición de rabo, y de nuevo, puerta grande asegurada.

Llegaba el cuarto, 420 kilos, negro y con fuerza. Francisco José Espada necesitaba por lo menos una oreja para poder igualarse a sus compañeros. Pese a que la plaza estaba dispuesta y aunque el toro tenía ganas y fuerza, Espada no llegó a comunicarse con el público ni con el toro. No consiguió ni que arrancara la música.  Y lo intentó absolutamente todo, pero con tal desesperación, que la plaza llego a temer que la cosa acabara en la enfermería. Finalmente entró a matar y eso le salió de maravilla. Hubo opiniones encontradas, pero la plaza pidió la oreja y el presidente se la concedió.

Dicen que no hay quinto malo. Este pesaba 454 kilos, con fuerza, noble, bien plantado. Soler lo tanteo hasta que el toro se plegó al novillero. La faena fue realmente bonita. Y tal como avanzaba la lidia se fue metiendo al público en el bolsillo. El toro le dio para todo y él supo cómo bailar con el toro en cada momento.

Pero esta vez la suerte del estoque no estuvo de su parte. Pinchazo, media estocada media ladeada, y tercera hasta el puño, Un aviso. El novillero se puso nervioso. El toro no caía, y finalmente, y tras varios descabellos, Soler acabó la faena. Aplausos para el toro y aplausos para Soler, que quiso dar la vuelta al ruedo... Pero el público no le dejo.

El sexto toro y último de la tarde dio muchas alegrías pero pocos premios. Varea hizo una gran faena que no supo rematar con el estoque.

Recortadores

Por otra parte, en la jornada matinal de la Plaza de Toros, uno de los recortadores que participaban en el espectáculo, ha recibido dos cornadas.