Es extraordinaria la pervivencia del arte en el tiempo. Por algo a los creadores se les llama inmortales; sus obras seguirán ahí, conmoviéndonos con su belleza, incluso enfermándonos cuando no somos capaces de encajar tanto esplendor, como le ocurrió a Stendhal, que entró en crisis como consecuencia de la contemplación de la Basílica de la Santa Cruz de Florencia.
No les voy a hablar de los grandes de la pintura, de los clásicos de la música o de los escritores que se mantienen vivos después de siglos. Les hablaré de un cantante que ni siquiera fue tan famoso como Piaf, Montand o Becaud. Ni tan incisivo como Brassens, Ferrat o Regiani.
Era más bien un cantante pop, especializado en música romántica y con un particular estilo a la hora de interpretar romances quizá de otros compositores. Su nombre es Joe Dassin y no en balde era hijo del realizador cinematográfico Jules Dassin, director de films tan recordados como Rififi, Nunca en domingo o Topkapi.
La historia de la dinastía Dassin es digna de ser evocada. El abuelo Dassin emigró desde su ciudad natal, Odessa en Ucrania, y en la Aduana Americana, no siendo capaces de deletrear el complicado apellido ucraniano, lo simplificaron inscribiéndolo con un nombre derivado de su ciudad natal Odessa y de ahí nació Dassin para muchas generaciones.
Joe Dassin nació en Nueva York, pero como consecuencia de la expatriación de su padre acusado de actividades antiamericanas e incluido en la lista negra del senador Macarthy, se trasladó con sus padres a Francia y comenzó su carrera musical que le convertiría en uno de los principales cantantes en los años 60 y 70.
Aunque su habilidad para los idiomas le permitió cantar en español, italiano, alemán, inglés y ruso, fue en francés donde consiguió que sus letras calaran más hondo en el corazón de sus seguidores. Aunque el idioma español es de los más hermosos del mundo, las canciones de Dassin sonaban particularmente bien en francés. Me permitiré traducir para ustedes algunos de sus versos más notables, pero tengan por seguro que en el idioma original lucían infinitamente más.
En ‘Verano Indio’ se recogen versos tan hermosos como estos: "Iremos donde tú quieras y cuando tú quieras. Y nos amaremos incluso después de que nuestro amor haya muerto".
En la canción ‘Si tu no existieras’ dice algo tan romántico como "Si tu no existieras, dime por qué tendría que existir yo".
Una canción a recordar es ‘A ti’ en la que dice: "A ti, a la forma que tienes de ser bella, a la forma que tienes de ser para mí". Pienso que es difícil dirigirse de una forma tan hermosa a su pareja.
Y ‘En el café de las tres palomas’ contaba la historia de dos jóvenes que se conocen en un café, en una cita de los amores pobres. Y decía "Estábamos bien, nos sentíamos solos en el mundo; no teníamos nada, pero teníamos toda la vida por delante".
En casi todas sus canciones se habla de evocaciones, de un amor pasado, pero nunca olvidado, de un amor que languidece con el tiempo. O aún mejor, del amor que pervive aún después de la muerte del amor.
Joe Dassin murió joven, demasiado joven, cuando solo tenía 41 años. Un tercer infarto acabó con su vida cuando se encontraba almorzando con amigos en el lejano Tahití. Era el año 1979, hace casi medio siglo. Pero sus canciones están vivas y siguen escuchándose y conmoviendo a sus oyentes.
Porque son las canciones de un inmortal.





















