Más fuego

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En agosto del año pasado escribí una columna reflejando la angustiosa situación de nuestro país en que el fuego había destruido 420.000 hectáreas de nuestros bosques lo que suponía diez veces más que el año anterior. Tal recuento lo hacíamos en el mes de agosto cuando el verano estaba acabando y los calores ya amainaban.

Este año, aun en julio y con mucho calor por delante nos encontramos con una devastación dos veces mayor que la de 2025 y con algunos fuegos que son los más voraces que se conocen en el país desde que hay registros.

Lo desalentador de esta situación es que, en lugar de unir las fuerzas del país para combatir juntos al terrible enemigo, los partidos se enfrentan unos a otros para responsabilizarse mutuamente de la tragedia.

El gobierno defiende la teoría del cambio climático y el calentamiento global como culpable de todos los males lo cual le exime de cualquier responsabilidad que recaería sobre la naturaleza, inocente por definición.

A su vez, la oposición desconfía de las tesis anteriores y responsabiliza a un gobierno que desde hace años se ha inhibido del problema y apoya una legislación que vacía el campo, ensucia los bosques e ignora a la ganadería que contribuía a mantener limpios los bosques evitando que la llamas campen por sus respetos.

La polémica entre ambas teorías -la del cambio climático y la responsabilidad humana- tiene mucho de artificial por una sencilla razón y es que existe un consenso en que el 95% de los incendios son causados por el ser humano y solo el 5% restante proviene de la climatología y de los fenómenos atmosféricos como puedan ser los rayos y relámpagos.

Ya sea por negligencia, por accidente o intencionadamente es la acción humana la causante de las tragedias ya sea por un cigarrillo mal apagado, un picnic campestre o el propósito de destruir con fines económicos.

La península ibérica era uno de los territorios más boscosos del continente. En tiempos se decía que la fauna trepadora podía cruzar la península sin tocar el suelo.

Aún ahora España sigue teniendo las zonas más boscosas de Europa. Tenemos, sin embargo, el problema de que, por el vaciamiento de regiones enteras del país, tanto de personas como de ganado, la vegetación crece sin control y los fuegos alcanzan una voracidad devastadora.

Al paso que vamos, en que cada año se multiplican los desastres del anterior, no va a pasar mucho tiempo sin que nuestros campos sean eriales y nuestros bosques se hayan convertido en cenizas.

Va siendo hora de modificar unas normas absurdas que prohíben recoger leñas, arbustos o simples piñas y que por vías preventivas mucho menos costosas que las curativas, podamos frenar los fuegos en invierno, cuando aún no se han producido, en lugar de esperar a que en el calor del verano el fuego exija costosas medidas que España sola se siente incapaz de enfrentar, requiriendo la ayuda internacional.