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jueves, 30 de abril de 2026 | Última actualización: 13:25

Tu equipo no es mudo

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Hay una escena que se repite en muchas empresas y que me comentan demasiados directores. Este entra en una reunión y dice con buena intención:

  • “Quiero que habléis con total libertad”
  • “Decidme lo que pensáis”
  • “Aquí hay suficiente confianza”

Y entonces ocurre lo de siempre: nadie dice nada.
Se hace un silencio y la gente mira el portátil, el móvil, …, algún carraspeo y el de siempre habla demasiado.
El resto asiente como si tuviera un muelle en el cuello.
Y el directivo sale pensando:

  • “Mi equipo no participa”.
  • "No sé para qué pregunto"

Quizás el problema no sea que tu equipo no tenga opinión, sino que ya aprendió que opinar sale caro.

Porque muchas veces las personas no hablan en las reuniones por estos motivos:

  • Porque tienen miedo a quedar mal.
  • Nadie quiere ser el “aguafiestas”, el “negativo” o el que complica la reunión.
  • Porque otras veces hablaron y no sirvió para nada.
  • Porque el jefe dice que quiere sinceridad, pero su cara dice otra cosa.
  • Porque siempre hablan los mismos y el jefe lo permite.
  • Porque a los "críticos" se les invita un viernes a dejar la compañía con un "gracias por todo".

En muchas reuniones no gana la mejor idea, gana quien tiene más volumen, más cargo o más necesidad de escucharse.

Y claro, si cada opinión diferente se vive como una falta de respeto, acabamos fabricando equipos obedientes, no equipos inteligentes.

Porque no hay seguridad psicológica, es decir, las personas no sienten que puedan decir lo que piensan sin que eso se vuelva contra ellas.

Te dejo algunas ideas prácticas:

  • Haz preguntas concretas.

No preguntes: “¿Alguna opinión?” Eso genera el mismo entusiasmo que una reunión un viernes a las 18:30. Pregunta mejor: “¿Qué riesgo no estamos viendo?” ó ¿Qué decisión tomarías si fueras tú quien tuviera que ejecutarla mañana?”

  • Que el líder hable el último.

Si el jefe da su opinión al principio, muchas personas ya no opinan: se alinean y eso no es participación.

  • Reparte la palabra.

No para forzar a nadie, sino para evitar que tres personas secuestren la reunión. Ejemplo: Carlos, tú que estás más cerca del cliente, ¿qué opinas?”

  • Premia la sinceridad.

Cuando alguien se atreva a decir algo incómodo, no lo castigues con una mirada de castigo. Di algo como: “Gracias por ponerlo encima de la mesa”

  • Escucha de forma visible.

No basta con escuchar, hay que demostrar que escuchas. Por ejemplo; resumiendo lo que has entendido. Porque cuando una persona siente que su opinión no importa, sencillamente deja de aportar.

¿En tu empresa se habla de verdad o solo se asiente educadamente?

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