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sábado, 28 de febrero de 2026 | Última actualización: 18:13

El tiempo de Felipe

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Rafa Cerdá Torres. Abogado.

De las muchas definiciones y categorías se han venido esgrimiendo desde el comienzo de la actual crisis, allá por el año 2008, la que a mi juicio más se ajusta a nuestro país desde un aspecto institucional, se corresponde con el término de "convulso". Parece que el conjunto de instituciones y organismos sobre los que se asienta los cauces de representación política, de toma de decisión y de cohesión nacional, se encuentre sometido a una radical revisión. Nunca desde 1978, año de la aprobación de la Constitución, la estructura institucional prevista por nuestra Carta Magna ha estado más cuestionada. La quiebra financiera y funcional del Estado de las Autonomías, la incapacidad de los partidos políticos "clásicos" de dar respuesta a las necesidades de transparencia y claridad en la gestión pública cada vez más exigidas por la ciudadanía, el surgimiento de nuevos entes políticos que refuerzan la necesidad de un cambio en la normativa electoral, colapso de las centrales sindicales mayoritarias al devenir en plataformas de intereses ajenos a la defensa de los trabajadores y trabajadoras,....hasta llegar a la Institución de la Corona, remate del edificio constitucional y a quien se confiere una autoridad de símbolo de la permanencia y unidad del Estado. Hasta la fecha el rey Juan Carlos I ha sabido cumplir de forma más que positiva, el papel que la Constitución le encomienda. Hasta la fecha.

Por razones que son de sobra conocidas, el prestigio de la Corona y de su titular se encuentra por los suelos. Con una extendida sensación de estancamiento que es sencillamente suicida. El Rey permanece en su puesto, pero no termina de "estar" del todo. Su estado físico le impide desarrollar una tarea de presencia en todo el país que sirva para estimular de nuevo su papel de conciliador  de encuentros, sinergias y consensos frente a la clase política y sobre todo, cara a la sociedad. Ese papel ya no puede ser desarrollado por el Rey, pero sí por el Príncipe de Asturias. Meses atrás escribí sobre la necesidad de abdicación del Monarca en su hijo, no de forma inmediata pero sí con un calendario bien marcado. Es necesario que se produzca el relevo en la titularidad de la Corona, antes que el desapego popular, sobre todo en los sectores más jóvenes y dinámicos de la sociedad, se torne definitivo.

Observando el extraordinario papel que el Príncipe está realizando, sin la losa de escándalos que atenazan a su padre, hermana y cuñado, oteo que un nuevo tiempo está en ciernes. El tiempo de Felipe, la última oportunidad de aquellos que pensamos que la Corona es un instrumento esencial en la estabilidad de nuestro país, y la última oportunidad de Monarquía como forma de gobierno vigente en España. El contexto europeo de otras monarquías favorece el hecho de transmitir las responsabilidades regias: Holanda, Bélgica, en su momento Luxemburgo... Ojalá el rey Juan Carlos tome nota. Y rápido.