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domingo, 24 de mayo de 2026 | Última actualización: 21:10

ZP imputado

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Zapatero fue un mal presidente y un aún peor expresidente. Los sanchistas, naturalmente, no estarían de acuerdo con tal afirmación. Creen aquellos que como presidente del gobierno Zapatero acabó con el terrorismo de ETA y logró acercar Cataluña a España aceptando el estatuto catalán tal como lo redactaron los mismos catalanes.

Como expresidente se identificó plenamente con el gobierno de Sánchez, muy al contrario de lo que hicieron los socialistas clásicos como González, Guerra y Rubalcaba, apoyándolo tanto dentro de España -desde la moción de censura de 2017 hasta las diversas campañas electorales habidas desde entonces tanto nacionales como autonómicas y municipales. Fue igualmente un puntal que fortaleció las relaciones de Sánchez con Iberoamérica, en especial con Venezuela, así como con Marruecos, China y otros puntos clave del mundo. Desde la perspectiva de Sánchez, todo ello puede ser muy cierto, pero si lo analizamos desde un ángulo más amplio el asunto cambia claramente de color.

La ETA abandonó las armas y dejó de matar, lo que fue un claro logro, pero lo hizo a cambio de dar a sus afiliados una legitimidad política que a través de Bildu se implantó en el País Vasco, alcanzó media docena de diputados nacionales que están siendo indispensables para configurar la mayoría Frankenstein y que con muchas probabilidades pueden desbancar al PNV en la gobernabilidad de Euskadi

Respecto a Cataluña, Sánchez consiguió situar a Illa al frente de la Generalitat, logrando el apoyo de Puigdemont y sus siete diputados, que unidos a los seis de ERC eran fundamentales para continuar en La Moncloa. Todo lo cual, ni apaciguo Cataluña ni restó un ápice de las ansias independentistas catalanas.

Como presidente, ZP, además de aquellos más que dudosos logros, arruinó el país con cifras de paro nunca alcanzadas, con fuerte caída del PIB, auge de la inflación y con total miopía para intuir la crisis económica que se avecinaba y que Zapatero quiso ignorar anunciando que habíamos superado económicamente a Italia y que pronto haríamos otro tanto con Francia. Tales dislates le impidieron completar su segundo mandato siendo desplazado de la presidencia por Rajoy en 2011.

Comenzó entonces su periplo como expresidente que estuvo plagado de graves ilegalidades. No satisfecho con el generoso retiro que España le ofrecía, con una pensión de 80.000 euros al año unidos a todo tipo de apoyos (despacho, secretario, seguridad, automóvil, chofer etc.), intuyó que en la cantera bolivariana había mucho que arrancar.

Contando con el total apoyo del gobierno de Sánchez, apoyo que se mantiene a día de hoy y tras la imputación, ZP llenó su arca personal con operaciones del tipo Plus Ultra y Air Europa, como consejero de Maduro, y con alfombra roja tanto con Xi Jinping como con Mohamed, en intermediaciones que no pueden traer a España más que sinsabores.

La imputación a ZP estaba cantada desde hace años, pero daba la sensación de que entre los juicios a familiares, amigos y fiscales de Sánchez no se daba abasto para mirar un poco más lejos. Todo era cuestión de tiempo. Tráfico de influencias, Organización criminal y Falsedad son los delitos que el juez José Luis Calama ve tras las actividades del expresidente que le han permitido embolsar muchos millones de euros multiplicando por cuarenta la  fortuna que poseía en el momento de abandonar La Moncloa, envolviendo a sus dos hijas en tan sucias operaciones.