Pobre ONU

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La ONU está en crisis; hay que reconocer que no es la única Institución que está en apuros. Casi todas ellas se encuentran en un mal momento. Lo está la Unión Europea un tanto indecisa respecto a qué hay que hacer en los grandes asuntos. Lo está la OTAN que cada día intenta reinventarse y avanzar sin tener que esperar instrucciones vacilantes de su aliado principal.

Y lo viene estando casi desde siempre las Naciones Unidas. Pasé en la Organización cuatro de los años más interesantes de mi vida profesional, a caballo entre los setenta y ochenta. Ya por entonces apuntaba maneras en su atonía a la hora de resolver crisis y conflictos. Pero al menos eran tiempos de los grandes políticos del siglo pasado como Reagan, Kohl, Breznev, Juan Pablo II; el tiempo de los largos discursos de Fidel Castro, de los desvanecimientos de Gromyko, de las chuladas de Sadam Hussein siempre en liza con Irán. La ONU era, para los jóvenes diplomáticos, la mejor escuela donde doctorarse en la profesión.

No estoy seguro que hoy siga atrayendo a los jóvenes profesionales. Escuchar las banalidades de políticos como Trump, Sánchez o Delcy no resulta muy estimulante. Trump no es el único responsable de esta crisis como si lo es por el contrario de las fragilidades europea y otánica.

El Secretario General de la Organización, el portugués Antonio Guterres, en su puesto desde hace una década tiene mucho que ver con las debilidades onusianas. Cargado de un ideario izquierdista, no ya socialista sino próximo al sanchismo, totalmente desfasado y contrario a las grandes corrientes mundiales, ha conducido a la Organización hacia derroteros improcedentes casi siempre anti norteamericanos, anti israelíes y casi también anti europeos. A la vez, su voz ha estado ausente de los grandes conflictos mundiales como Ucrania, Irán, Oriente Medio, Yemen, Somalia.

A decir verdad, ese silencio ha sido la tentación de muchos Secretarios Generales de la Organización. Siendo la Asamblea General mayoritariamente contraria a los intereses occidentales, los Secretarios se dejaban arrastrar por esas mayorías.

A Guterres le quedan solo tres meses de mando. El 31 de diciembre próximo cesará en su tarea y no creo que se le eche de menos.

Ya hay un rifirrafe considerable para ver quién le sucederá en el puesto. Por el momento los candidatos con más apoyos en el Consejo de Seguridad son Rebeca Grynspan, ex Vicepresidenta de Costa Rica y Carolyn Rodrigues-Bikett ex Canciller de Guyana. Los restantes candidatos, procedentes de Argentina, Chile, Ecuador y Uganda, están más descolgados en apoyos.

Como siempre, la dificultad principal está en el veto de uno de los cinco miembros permanente de la Organización -EEUU, China, Rusia, Reino UNIDO y Francia. Y por el momento Washington y Pekín aún no se han puesto de acuerdo.

Pese a todas las dificultades y fragilidades de la Organización -entre otras la económica ya que Washington se resiste a pagar su importante cuota- apuesto a que el 1 de enero tendremos nuevo/a Secretario General y la ONU seguirá ahí, en pie o reclinada, durante muchos años más.