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jueves, 07 de julio del 2022 | Última actualización: 21:39

El desarrollo de la Comunitat depende del Puerto de Valencia

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Federico Félix Real. Empresario

Desde la sociedad civil de la Comunidad Valenciana, asistimos atónitos a un hecho insólito: que una parte del Gobierno de la Generalitat Valenciana y del Ayuntamiento de Valencia, que debería gobernar para todos los ciudadanos, ataque, por cuestiones ideológicas, al que sin duda es nuestro principal motor de desarrollo, competitividad y generación de riqueza: el Puerto de Valencia.

Como empresario que ama nuestra tierra, que lleva toda su vida defendiendo las infraestructuras de la Comunidad Valenciana y que sabe lo difícil que es abrir mercados, diferenciarse y alcanzar el liderazgo, me rebelo y me opongo abiertamente a este despropósito.

La semana pasada no prosperó una PNL en el Parlamento que pretendía que se derribase la ampliación del Puerto de Valencia. Junto a los partidos de parte del Gobierno de la Generalitat y del Ayuntamiento de Valencia votaron formaciones de otras Comunidades Autónomas que cuentan con infraestructuras portuarias que compiten directamente con la nuestra y que, además, en algunos casos, trabajan, como han dicho públicamente, por la desestabilización de las instituciones de nuestro país. Como decía, un despropósito.

Nadie duda que el motor de la economía española y valenciana en los últimos años (y que nos sacó de la crisis) ha estado focalizado en dos factores: las exportaciones y el turismo. Y para ambos, contar con un buen sistema portuario, moderno, competitivo, productivo y potente, es determinante.

Y precisamente la Comunidad Valenciana, gracias al dinamismo de su industria, a nuestra vocación exportadora, a su privilegiada situación geográfica (tanto como punto de obligado paso en las rutas transoceánicas, como por haberse convertido en la salida natural de Madrid y la zona Centro) y al trabajo y esfuerzo inversor de varias generaciones, ha conseguido que contemos entre nuestras infraestructuras con una singular ventaja estratégica.

Hablamos del Puerto de Valencia-Sagunto, primer puerto español, líder del Mediterráneo y punta de lanza del más potente sistema portuario de España, complementado con los otros dos grandes puertos de nuestra región, los de Castellón y Alicante.

Cuando la competencia es muy dura, cualquier debilidad interna de uno de los contendientes se convierte en una seria ventaja para los contrincantes. Dicho de forma gráfica: que una parte de nuestro Gobierno quiera boicotear el desarrollo del Puerto de Valencia solo puede ayudar a que nuestros principales competidores se beneficien. Y que nadie tenga ninguna duda que si inversiones como la de Volkswagen han decidido instalarse en la Comunidad Valenciana es porque contamos con el Puerto de Valencia y porque el Corredor Mediterráneo es una realidad imparable que pronto veremos finalizada.

Los puertos sirven fundamentalmente al comercio, y el transporte marítimo contribuye a que nuestras mercancías estén en el lugar de destino en el menor tiempo posible, en perfectas condiciones y al precio más barato.

Para consolidar y hacer más eficiente la actividad de nuestro Puerto se hacen imprescindibles una serie de actuaciones estratégicas, como es la ampliación norte, así como un nuevo acceso ferroviario que potencie el transporte por ferrocarril, más barato y mucho menos contaminante, y que conecte directamente con el Corredor Mediterráneo contribuyendo a aumentar la competitividad de nuestras empresas. Y en este punto, y aunque no es objeto de este artículo, pero afecta directamente al nivel inversor del Estado en nuestra Comunidad, según datos del propio Ministerio de Hacienda, la inversión real ejecutada el año pasado en la Comunidad Valenciana, es un tercio de la presupuestada, lo que es una falta de respecto, diligencia y agravio que no podemos tolerar.

Es evidente por lo expuesto que el Puerto de Valencia constituye uno de los pilares básicos en los que basar el futuro desarrollo de nuestra Comunidad y se merece el apoyo unánime de todos los sectores sociales y políticos.

Ya nos ha ocurrido en el pasado con otras grandes infraestructuras y, al final, la presión de la sociedad civil ha puesto las cosas en su sitio: la A-3, la llegada del AVE a Alicante, Castellón y Valencia y el Corredor Mediterráneo, con el que tanto nos jugamos, y que no para de sufrir retrasos. Pero en todas esas ocasiones, el enemigo, permítanme la expresión, estaba fuera de casa. En esta ocasión, lo tenemos sentado en el Gobierno de la Generalitat Valenciana y en el Ayuntamiento de Valencia.

Lo que tantos años nos ha costado conseguir podríamos perderlo en algunos meses. Los éxitos o fracasos del Puerto de Valencia serán éxitos o fracasos de toda la economía y la sociedad de la Comunidad Valenciana. Yo me rebelo y apelo al conjunto de la sociedad civil para que haga lo propio y, entre todos, pongamos fin a una actitud que, de persistir, tendrá graves consecuencias para nuestra economía y el futuro de nuestro territorio.