Por fin Sánchez se ha decidido a convocar elecciones generales. Tendrán lugar el día 29 de noviembre próximo. Si las encuestas no fallan, entre el PP y Vox alcanzarán una amplia mayoría absoluta con alrededor de 200 escaños.
Pero en modo alguno la derecha puede confiarse. Si el sanchismo hubiera tenido tan claro que iba a perder no hubiera convocado las elecciones ahora para ir como un cordero al matadero y habría esperado aun un año confiando que en él se produjera alguna crisis que podría beneficiarle. Si Sánchez se ha decidido a ir ahora a las elecciones es por dos razones:
-O porque cree que puede dar un vuelco a las encuestas y reunir bastantes apoyos con los supervivientes de la banda Frankenstein, es decir, Bildu, su más fiel aliado, PNV, BNG, ERC, Sumar, Podemos, IU e incluso Junts que no se sabe qué posición adoptará en dos meses y que quizá sea la contraria que ahora ha forzado a las elecciones. Toda esta patrulla o lo que quede de ella podría seguir al sanchismo que les es más cómodo que una derecha estrictamente nacional y constituyente.
-O bien porque se teme que a partir del comienzo del año próximo la situación para la izquierda va a ser mucho peor que ahora, una vez se pongan en funcionamiento los procesos judiciales pendientes y que el resultado sería humillante para la izquierda que quedaría desplazada del terreno político como ha ocurrido en otros países europeos.
Ya pasaron los juicios que condenaron al ex Fiscal General, al hermanísimo y al duo Abalos-Koldo, pero quedan pendientes los casos más desacreditantes para el partido: ZP, Cerdán, Leire Diez y en especial el juicio a Begoña Gómez. Con todos estos procesos en marcha, difícilmente Sánchez podría levantar cabeza. Y ello aun admitiendo que el poder judicial respetara el periodo electoral y evitara abrir juicios en ese tiempo, delicadeza que no puede darse por sentada teniendo en cuenta la falta de escrúpulos que Sánchez ha venido mostrando en los ocho años que lleva en La Moncloa.
A poco que la derecha sea capaz de jugar sus bazas esta vez la mayoría absoluta del PP+Vox es más que probable, casi segura.
Pero hay que estar preparados para la campaña electoral más sucia y marrullera de la historia de nuestra democracia. Como botón de muestra, ahí tenemos los dos decretos ley sobre los límites del precio de alquiler y los contratos de la vivienda, que Sánchez no ha podido aprobar en el Parlamento y ha colado por la puerta falsa. Cuestiones sobre las que no se había ocupado en sus ocho años de gobierno pero que le vienen ahora la memoria con urgencia para estrenar la campaña.
También aparece ahora el plan anti desahucios 'Mary Carmen', después de haber desahuciado a 280.000 familias durante su mandato. Y todo porque la fraudulenta Mary Carmen reside en el Madrid de Ayuso y Almeida.
Pero el síntoma más llamativo es la campaña de los sindicatos. Después de haber dejado pasar los ocho años de sanchismo sin una sola huelga, se deciden ahora, 18 días antes de las elecciones, a convocar una huelga en defensa de la vivienda, no contra el gobierno sino CONTRA LA OPOSICIÓN. Escandaloso.
En los dos próximos meses vamos a ver marrullerías sin límite. La derecha será acusada de fascista, saldrán trapos sucios ya saldados, se criticará a los vivos y a los muertos, se retorcerán los relatos para culpar a la derecha, a la oposición de todos los errores y delitos cometidos por la izquierda en el gobierno.
Estemos atentos y no nos dejemos engañar. A fin de cuentas la última palabra la tenemos nosotros con nuestro voto y esta vez no se nos puede escapar la decisión correcta. España debe vigilar todas las posibles vías de escape: el voto por correo, los pucherazos, la ley de nietos.
Hay que lograr la limpieza absoluta de las elecciones. Si éstas son limpias, Sánchez se va a la oposición. O a casa. O a algún lugar peor.






























