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El tiempo perdido El tiempo perdido

- 28 febrero, 2021 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. He aprovechado algunos meses de esta interminable pandemia para releer los siete volúmenes de la obra de Marcel Proust... El tiempo perdido

Jorge Fuentes. Embajador de España.

He aprovechado algunos meses de esta interminable pandemia para releer los siete volúmenes de la obra de Marcel Proust ‘En busca del tiempo perdido’. En ella, el inimitable escritor, dedica más de tres mil páginas a mostrar la decadencia de la alta sociedad francesa de principios del siglo XX, traumatizada entre el caso Dreyfuss y la Gran Guerra.

Solo en las últimas páginas de su obra, Proust llega a la conclusión de que sus amistades aristocráticas, sus fiestas, sus conciertos, los artistas a los que admiró, carecían de valor y que solo las pequeñas sensaciones recobradas -el sabor de una magdalena, algunos sonidos banales, el aroma de un bosque, el reencuentro con un libro- son las que dan sentido a su pasado impregnado de una Belle Époque engañosa.

Las generaciones del mundo occidental que nacimos tras la guerra civil española o la Segunda Guerra Mundial, creíamos que íbamos a pasar por la vida de puntillas y envueltos en algodón. Pero cuando menos lo esperábamos nos llegó una pandemia que cambió nuestras vidas.

No es la primera pandemia que ocurre en la historia ni, ciertamente, será la última. De no ser por el progreso de la ciencia conocido en los últimos decenios, hubiera podido ser de las más letales, ya que el elevado número de contagios (más de cien millones, hasta el momento) se hubiera traducido en un igualmente alto porcentaje de fallecidos cosa que afortunadamente no está ocurriendo.

Recordemos que la mal llamada gripe española de hace un siglo, costó la vida a entre 50 y 100 millones de personas, en una población mundial que era la mitad de la actual y que, por añadidura, apenas viajaba. La cifra de víctimas de la Covid 19, siendo espantosa, apenas representa el 2’2 % de los contagiados. Todas las pandemias del pasado, fueron superadas y también esta lo será con rapidez y menos letalidad, repito, gracias al progreso de la ciencia.

Estamos de celebraciones. Hace poco más de un año se produjo el primer caso de Covid en España y también, la primera víctima. Hace tres años, Cataluña proclamó su independencia exprés (la número seis en la historia de España) con una duración de segundos. Hace 40 años tuvo lugar el intento de golpe de Estado del 23-F. Han pasado 82 años desde que acabó nuestra Guerra Civil y 75 desde la Guerra Mundial.

Europa consiguió gracias a su integración, el mayor grado de paz y bienestar de toda su historia, proceso al que España se incorporó en 1986 gracias a la exitosa transición conseguida desde la instauración de la actual Monarquía Parlamentaria.

 Casi llevamos medio siglo de democracia pero es difícil hacer un balance satisfactorio. España avanzó moderadamente bien durante algunos decenios pero pronto en la entrada en el siglo XXI, se produjo un proceso de ensanchamiento de nuestra democracia que dio acceso -hay que reconocer, con el respaldo popular- a formaciones que en otros países europeos solo se habían implantado  por imposición exterior y como resultado de graves conflictos internacionales.

Con este desgraciado batiburrillo político, nuestra democracia se ha convertido en la menos eficaz y menos aplaudida de Europa. Con una Jefatura del Estado permanentemente cuestionada; con unos poderes progresivamente concentrados en manos del Ejecutivo; con unas Autonomías con graves tendencias secesionistas; con unos medios informativos dominados por el gobierno; con unas manifestaciones callejeras que solo se producen cuando lo mandan las izquierdas y se orientan contra el sistema; en fin, con una absurda guerra de sexos estimulada desde el Gobierno.

Basta con asomarse al panorama que ofrece nuestro Parlamento actual y compararlo con el que tuvimos hace medio siglo. No es que la moda haya cambiado ni que el pueblo haya entrado en el Legislativo. Es que sectores poco representativos  de nuestra sociedad se han incrustado en la vida política.

Ante semejante panorama, no en vano podemos preguntarnos si no estamos marchando atrás, si no estamos perdiendo el tiempo, si no estamos caminando hacia un abismo del que resultará muy difícil salir, como lo fue en los países de media Europa y lo está siendo en gran parte de Sudamérica y de Asia donde se han implantado regímenes más que discutibles.

Aún no es tarde para reaccionar. Es necesario recuperar una izquierda responsable como la tuvimos durante lustros y una derecha unida como lo está en no pocas de nuestras Autonomías.

 

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