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miércoles, 08 de febrero del 2023 | Última actualización: 21:45

Brasil

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Un hecho es incuestionable y es que en los últimos lustros, el continente sudamericano se ha decantado claramente hacia la izquierda y no una izquierda moderada y progresista sino una radical emparentada con el comunismo cubano y nicaragüense y con el bolivarianismo venezolano. Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador, Chile, Argentina , entre otros, y recientemente Brasil han virado en ese sentido.

No se trata de comparar el populismo de Bolsonaro con el de da Silva. Ambos son claramente mejorables y ambos han dividido Brasil en dos partes casi idénticas que en las recientes elecciones han dado la victoria por dos escasos puntos y por tercera vez al socialista da Silva, juzgado y encarcelado por corrupción pero que tras cumplir su condena ha recuperado el poder en buena lid.

Los bolsoneristas no lo han entendido así y -siguiendo el modelo del trumpismo estadounidense- han intentado dar un golpe de Estado invadiendo las sedes de los tres poderes -ejecutivo, legislativo y judicial- valiéndose de la inacción de un ejercito cuya movilización reclamaban y de unas fuerzas del orden quizá aun con reflejos bolsoneristas.

Por el momento el número de detenidos es de 1500 personas a quienes aguardan duras y merecidas sanciones. La democracia conlleva alternancia y no aceptarla supone la ruptura del juego de partidos y ello tanto si la victoria de uno de ellos se alcanza por un amplio margen como si lo hace por unos pocos puntos como acaba de ocurrir en Brasil con el consiguiente fraccionamiento del país.

No lo va a tener fácil da Silva y veremos hasta donde alcanzan las responsabilidades de Bolsonaro a quien los desordenes le sorprendieron de vacaciones en Florida y que para mayor escenificación de su distanciamiento, se ha recluido en una clínica aquejado de molestias estomacales y por el momento sumido en un profundo mutismo.

Por el bien de ese gran país con el que España tiene intensas relaciones económicas, confío en que se restablezca en él la estabilidad política y social y que da Silva pueda completar su mandato pacíficamente.

Todo el mundo occidental se ha pronunciado condenando el golpe y apoyando al nuevo líder. De entre todos los países conviene fijarnos, por razones obvias, en la reacción conocida en España. Con mayor o menor entusiasmo en nuestro país se ha condenado el golpe, cargando la culpa sobre el presidente saliente pidiéndose severidad en la aplicación de las eventuales sanciones.

Hay, sin embargo, una grave contradicción en tal actitud ya que en España, en estas fechas se esta procediendo en el sentido contrario en el golpe intentado en Cataluña en 2017. Un acto que se dudaba entre si calificarlo de rebeldía o de sedición y que tras optar por esta segunda fórmula mucho menos contundente, se procedió al indulto de los condenados, a la modificación del código penal transformando la sedición en desórdenes públicos agravados y rebajando tanto sus penas como las derivadas de la malversación de fondos, un delito también frecuente en estos pazos.

La señora Gamarra estableció un paralelo entre los sucesos de Brasil y los de Cataluña, subrayando el hecho de que en nuestro pais, los recientes sucesos de Brasilia hubieran quedado reducidos a meros desórdenes públicos. Huelga decir que a la Secretaria General le han llovido bofetones por todas partes y que una vez más el PP es tildado de golpista, fascista, facha y todos los piropos habituales.

Es bien cierto que los sucesos de Brasil no son estrictamente iguales a los de Cataluña 2017. Los fenómenos políticos difícilmente se repiten con idénticos signos en distintos países. En Brasil se puso en duda el resultado electoral, en España se cuestionaba -y se sigue haciendo cada día- la unidad del país. No se cuál de ambos delitos reviste mayor gravedad para un país. Imaginemos que en Brasil se cuestionara la entidad de Mato Grosso, Amazonas o Bahia. O que en los Estados Unidos se hiciera otro tanto con California o Texas. Todo es gravísimo y todo debe frenarse a toda costa.

No sabemos cómo acabará la crisis brasileña, pero confiemos que, en cuestión de meses, en España empiece a aclararse un escenario que ya se pasa de la raya.