Los comerciantes alertan del cierre de negocios familiares y reclaman un mayor respaldo institucional y el compromiso de los consumidores para mantener vivo el centro
Los comercios el centro de Castellón se despertaban el pasado jueves llenos de carteles como: 'se traspasa', 'se vende', se cierra'. Los vecinos de Castellón llegaron a preocuparse. No era para menos.
Muchos de esos comercios luchan día a día por no bajar las persianas, pero no lo tienen nada fácil. Los hábitos sociales han cambiado; muchas personas, sobre todo los más jóvenes optan por la 'compra online'. Otros, procedentes de los municipios de la comarca, prefieren las grandes superficies donde pueden aparcar sin problemas y fuera de horarios. Y se ha perdido 'el gusto' de una atención personalizada que durante generaciones ayudó a comprar a los ciudadanos de la capital de la Plana.






El jueves, en respuesta a una llamada realizada por la Plataforma 30N, que reúne a comerciantes, autónomos y otra serie de personas afectadas por la subida de impuestos, los recortes y la dificultad de salir adelante en estos tiempos, muchos comercios se sumaron a la iniciativa con los carteles antes mencionados. Esos comercios están amparados bajo el paraguas de la Asociación Espai Comercial de Castelló.






Es cierto, comentaban, que con lo del incendio y cuanto ha ocurrido en Castellón no era el mejor día para llamar la atención, pero se trataba de una campaña nacional. Porque Castellón no es la excepción de lo que pasa también en otras ciudades españolas. Se han resistido durante años a sumarse a este tipo de iniciativas, pero ha llegado un momento en el que no pueden más.
Está el precio de los locales comerciales y los alquileres; las barreras burocráticas a las que tienen que hacer frente solo para ejercer su actividad. Muchos de ellos son autónomos. Y los autónomos son los trabajadores más maltratados por el Estado, sin derecho a bajas, ni a paros y ni siquiera a coberturas sociales de las que disfrutan los 'contratados'.
Muchos comercios son familiares, se han mantenido durante décadas gracias al esfuerzo de las personas emparentadas entre sí. Pero llega un momento en que muchos hijos no quieren continuar con la empresa. No resulta rentable y han aprendido en su propia piel, que no hay horarios; una cosa es la atención al público, sí, pero luego está la segunda parte, la que no se ve: la contabilidad, la gestión, las compras, los escaparates... y los quebraderos de cabeza.
Tampoco han tenido éxito las campañas para evitar el cierre de empresas familiares mediante el traspaso a generaciones más jóvenes. No es tan fácil.
Y si a todo eso se le añade: los problemas de acceso a zonas como el centro; los problemas de aparcamiento, las limitaciones propias del comercio tradicional... ¿Quién es el guapo que confía su futuro a la actividad comercial?
Desde el ayuntamiento se conceden ayudas, es cierto; se buscan alternativas para mejorar los accesos... y se organizan actividades populares para conseguir la proliferación de personas por el centro, con lo que esperan también favorecer la actividad comercial ¿Es suficiente?
¿Son conscientes los ciudadanos del peligro que representa enfrentarse a una ciudad sin comercio?
Son los comercios los que mantienen viva la ciudad durante el día, los que contribuyen a la estética de sus calles y plazas a través de sus escaparates; los que ofrecen servicios con atención personalizada que es imposible encontrar en las redes sociales.
Y son los comercios, también, los que conviven con los restaurantes y bares, que son los otros servicios permanentes que ofrecen los centros de las ciudades.
¿Sobrevivirían estos negocios de restauración si cerraran los comercios?
Los comerciantes, apurados, lanzan este tipo de reflexiones. Se quejan de que en España pagan más impuestos que en otros países. Que ya, tan solo el IVA, no se paga en otros países europeos si no se alcanzan unos mínimos de caja. Aquí se paga religiosamente por todo. Se pueda o no se pueda.
La campaña de los comercios está dirigida, sobre todo, a los ciudadanos, a los vecinos de Castellón. Para que ellos puedan levantar las persianas es preciso que los vecinos no olviden que son parte de la cadena.





























































