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lunes, 16 de marzo de 2026 | Última actualización: 16:18

Irán entre el Sha y los Ayatolás

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Cuando el 28 de febrero Israel y los Estados Unidos bombardearon Irán, Trump declaró que la guerra duraría tres o cuatro semanas. O el tiempo que hiciera falta.

Lo cierto es que en los cálculos norteamericanos no se deseaba una guerra larga principalmente porque podría coincidir con las elecciones de medio mandato y el votante norteamericano podría decantarse contra los republicanos.

Por añadidura Trump calculó que la resistencia iraní sería mucho menos consistente que lo estaba siendo, atacando bases norteamericanas en países del golfo y embajadas en estados de la región.

Pero si la preferencia de Trump era enfrentar con Irán una guerra de corta duración, el deseo de Netanyahu era todo lo contrario: un conflicto duradero le reforzaba en el gobierno israelí en tanto que con la paz llegaría un camino incierto para el primer ministro tanto a nivel nacional como internacional.

Mientras los muertos se contaban por cientos, la contienda cobraba también un aire de duelo callejero: Israel y los Estados Unidos ejecutaron al Ayatolá Ali Jamenei e insisten en que hirieron y desfiguraron a su hijo y sucesor Mojtaba Jamenei basándose en el hecho de que, desde que tomó el mando ha hecho todas sus declaraciones por escrito, sin dar la cara. A su vez Iran ha condenado a muerte a Netanyahu y van a por él. Ningún líder de la contienda puede darse por seguro. Si en las guerras de antes morían los soldados, ahora caen los civiles y los jefes.

El hecho es que llevamos ya dos semanas largas de contienda y nada indica que ésta esté en vías de finalizar. La opinión pública mundial se encuentra dividida entre los que se manifiestan en favor de que la guerra finalice y los que lo hacen, por el contrario, para que continúe la contienda hasta que consiga derribar al régimen de los Ayatolás y reponer al hijo y heredero del Sha Reza Pahlevi, con su mismo nombre, que desde a muerte de su padre en 1980 y cuando el heredero contaba 19 años, buscó el apoyo de Israel, Arabia Saudí y Estados Unidos -apoyos que logró de modo frágil e intermitente- y aun hoy, a sus 65 años, sigue activo en la recuperación del trono iraní, algo que medio mundo vería con buenos ojos.

El número de víctimas en la contienda de Oriente Medio rebasa los mil en Iran, los 700 en Líbano, 14 israelíes, 6 estadounidenses y un francés cifras muy significativas de los desequilibrios de la guerra en unos y otros bandos.

A la vez, el estrecho de Ormuz no es que esté cerrado sino que se encuentra controlado para los países que Iran quiere discriminar, de forma que los enemigos de Iran en modo alguno pueden transitarlo en tanto que sus amigos -entre los que predomina China- tienen el paso libre, lo que está desequilibrando el conflicto desde el punto de vista económico, gravemente en contra de occidente.

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