Magdalena 2026 se acabó, ya hemos entonado el Magdalena Vitol, los responsables de emergencias públicas pueden dejar de cruzar los dedos en la espalda y poner velas a la Virgen de Lledó y llegan los momentos de estadísticas y balances y, entre uno de los más esperados, el balance de seguridad.
Una semana antes del comienzo de las Fiestas se ejecutó una Junta Local de Seguridad y se expuso un Plan Integral de Seguridad (PIS) para la ciudad, éste no se ciñe únicamente a la prevención y reacción ante la delincuencia, sino que su alcance, de ahí la palabra integral, va desde la circulación, tráfico rodado y estacionamientos, hasta alcanzar muchos más campos importantes en la celebración de festejos, como son la reglamentación pirotécnica, la de festejos taurinos, de locales y establecimientos hosteleros y de ocio, así como otros de convivencia ciudadana, como ruidos, limpieza u ordenación del mobiliario urbano, sanitarios en urgencias médicas en la vía pública o emergencias de todo tipo.
Pero en este balance de seguridad, priman unos datos muy interesantes o más que interesantes que se enfatizan en exceso, como son los delitos cometidos. Este balance o recopilación de lo que ha pasado en las fiestas, se presenta como una estadística comparada entre los delitos cometidos en la Magdalena del 2025 con los que han ocurrido en el presente año, para ello se ofrecen una serie de porcentajes del tanto por ciento de reducción o aumento de cada tipología delictiva. Dicha estadística, que para nada gusta ofrecer la Policía, pero que se les impone políticamente, tiene una serie de sesgos que la hace alejarse de eso, de ser una estadística, más bien se la considera un sistema de conteo, en el que tiene igual valor el hurto de una cartera o unos daños en un vehículo que un homicidio, que debería elaborarse, para ser al menos un conteo de seguridad objetiva de los delitos denunciados, siete u ocho días después, días en que siguen acudiendo denunciantes a las Oficinas de Denuncias con hechos ocurridos en el periodo de fiestas. Otra desviación significativa es la importante cifra negra que se acumula, ya que muchos de los delitos que ocurren no son cubiertos por los seguros y el ciudadano no pierde el tiempo en denunciarlo y, al contrario, existen simulaciones de delitos para poder cobrar fraudulentamente del seguro.
Los porcentajes que se publican de comparación anual no tienen en cuenta otros muchos factores que influyen en el mismo, uno de los más importantes es el número de gente que asiste durante esos días a las fiestas, se presupone una población igual de año en año, y eso no es así, hay multitud de circunstancias que hacen una Magdalena más o menos poblada de un año a otro, circunstancias tan simples, como son que se solapen con las Fallas Valencianas, también la climatología, situación económica de la ciudadanía y un largo etcétera. Para que al menos lo pudiéramos considerar un método un poco más objetivo podría basarse en contabilizar los delitos cometidos por cada mil asistentes totales a los festejos, lo que nos daría una tasa por mil, ratio más próxima a la realidad, en cada periodo comparado.
Pero también, existe la llamada seguridad subjetiva, en ella se mide el grado de satisfacción o seguridad que un ciudadano ha sentido durante los festejos, esta seguridad subjetiva también tiene sus sesgos importantes, como son la edad, ya que, a mayor edad, mayor necesidad y menor sensación de seguridad, zonificación donde te muevas e, incluso, nivel educativo, otros factores sociales, ambientales o de comunicación y publicidad excesiva.
Entonces, con todo lo dicho, como sabemos si las Fiestas han sido o no seguras, la respuesta es muy sencilla, si tenemos en cuenta que, a partir de un determinado número de ciudadanos concentrados, los dispositivos de seguridad son menos eficaces (o muy poco resolutivos) en el ámbito preventivo, por mucho que tripliquemos o multipliquemos el número de efectivos policiales y los mismos se reconvierten en dispositivos reactivos ante cualquier hecho grave que ocurra, la seguridad queda relegada, en parte, a manos de la convivencia y comportamiento social, con ese apoyo policial reactivo.
Tratar de controlar la seguridad de decenas de miles de personas en eventos en la vía pública (más complejo que en instalaciones cerradas y adaptadas con medidas de carácter físico y pasivo), es una dificultad que tiene más que ver con el comportamiento cívico que con la acción policial. ¿Dónde está el límite de personas que pueden entrar en una plaza en una mascletá o en un concierto, o en cualquier otro acto?, todavía hoy en día, pese a que ya se ha planteado en alguna Junta de Seguridad, nadie, en los poderes públicos, quiere abordarlo o mejor dicho limitarlo. Pero este es otro canal de reflexión que deberíamos desarrollar con más profundidad.
Estamos intentando conocer como ha sido de segura la Magdalena 2026, pues entonces olvidémonos de los números y vayamos no a lo que ha pasado, sino a lo que no ha pasado. No ha habido hechos graves, homicidios, muertes accidentales en instalaciones festeras, avalanchas con heridos graves, reyertas multitudinarias donde un mal golpe produce una muerte, accidentes ni nada que haya podido desestabilizar o mediatizar el ambiente festivo y haya convulsionado las fiestas, todos los actos y eventos se han celebrado pacíficamente y por lo tanto podemos decir que a sido una gran Magdalena en materia de seguridad integral, en la que se puede dar la enhorabuena los responsables y ejecutores de los dispositivos, y que puedan dejar de cruzar los dedos en la espalda, y sobre todo a la ciudadanía que, como decíamos, tiene una responsabilidad y participación en ello muy importante.
¡¡¡Magdalena Vitol!!!
























