Domingo, 29 de marzo, 2020  |  

- 25 marzo, 2020 -

María B. Alonso Fabregat. Psicóloga Clínica y Forense. Coordinadora del Centro Asociado de la UNED de Vila-real. El ser humano a lo largo de... El COVID-19. El estrés extremo

María B. Alonso Fabregat. Psicóloga Clínica y Forense. Coordinadora del Centro Asociado de la UNED de Vila-real.

El ser humano a lo largo de su historia como especie, ha sufrido y superado innumerables situaciones naturales adversas, que le han llevado a mermar su población, al igual que ha pasado en otras especies animales. La enfermedad y la muerte ha sido la otra cara de la vida constantemente, de casi cualquier especie en el Planeta Tierra. Siendo, en muchas ocasiones, la enfermedad epidémica o pándemica la respuesta natural a la presión sobre el hábitat natural de una determinada especie.

De la mano de los avances, sobre todo de las ciencias médicas y del conocimiento tecnológico, el Hombre ha ido sorteando las trampas mortales de la enfermedad de las últimas décadas, con más o menos éxito. Las vacunas y descubrimientos como la penicilina, los retrovirales y otros avances tanto en farmacología, como en manejo genético, han permitido superar o mitigar la enfermedad y la muerte, sobre todo en el llamado “primer mundo”. 

Hacía posiblemente un siglo que el ser humano no sufría una pandemia tan extensa, donde cabe decir que también las tecnologías de la comunicación y la movilidad global, han sido favorecedoras de esta situación. Estos mismos avances tecnológicos en los medios de comunicación y movilidad en este momento, la han convertido en “pandemia global”, qué duda cabe más rápidamente que en otros momentos históricos.

Solo tenemos que mirar hacia atrás en la historia para recoger numerosos momentos donde la muerte ha azotado a los grupos humanos en diferentes puntos del planeta con mayor o menor extensión. En la memoria, están epidemias como la gripe española en 1918, mal denominada así, ya que no se inició en España, y que mató a más de cuarenta millones de personas en todo el mundo, mermando un cinco por ciento la población mundial. Más recientemente 1981 el VIH, aún presente, ha matado a más de veinticinco millones. 

Ha habido muchos factores que han estado presentes en estas epidemias y pandemias, los denominados trasmisores. En otros momentos, al igual que muy posiblemente con el COVID 19, las transmisiones han ocurrido por factores de mala higiene, hacinamiento, por consumo de animales salvajes, también por contacto con otras especies animales o por los insectos en el caso más reciente los mosquitos con el Zika, también la fiebre amarilla o la malaria.

Por otra parte, el ser humano, en el origen de sus tiempos, ha estado siempre al aire libre, al sol, a la intemperie. Asimismo desde su origen, ha buscado para protegerse, un cobijo, un refugio. En ocasiones construido por sus propias manos y en otras prestado por la madre naturaleza.

Las respuestas desde las cibis por la especie humana contra cualquier amenaza ha sido protegerse en sus cobijos naturales o artificiales. 

Las largas estancias en lugares confinados, afectan a la funcionalidad, desarrollo y la vida de las personas. Las investigaciones psicológicas sobre qué le pasa a la mente de una persona tras estar encerrada en un lugar durante un tiempo, no voluntariamente, y el impacto de este encierro, pueden tener consecuencias sobre la integridad psicológica de la mente, por tratarse de un complejo estresor de alto nivel. Así como las características individuales para enfermar o no ante dicha situación de encierro involuntario. Los referentes más cercanos al confinamiento de la población, si bien no son tan extremos como los efectos sobre el encarcelamiento, bien pudieran servir como modelos referenciales para entender muchas de las reacciones, llamémoslas “fuera de la lógica”, que se están evidenciando en ciertos individuos, ante las reacciones emocionales, de miedo, inseguridad, angustia, reactividad al confinamiento y otras que se han detectado: ciudadanos que se enfrentan a la policía, que muestran ataques de ira, que muestran enfado, que salen corriendo de sus ciudades… todo son respuestas de miedo, de angustia extrema, o como hemos mencionado, comportamientos fuera de la lógica, siendo reacciones más primarias y propias de un organismo que se siente amenazado y no sujetas por tanto a la razón.

Las investigaciones desde el ámbito de la psicología sobre el encierro involuntario recogen que existen variables contextuales como el tiempo de duración del encierro, la posibilidad o disfrute de salidas periódicas, la libertad de movimientos en la zona de encierro, la disponibilidad de actividades diversas, las dietas, la percepción de cercanía de la libertad y otras, que tendrán un papel de moduladores positivos sobre la salud percibida y real de quién tiene reducidos sus movimientos y libertad. 

En segundo lugar, muy relevantes también desde el ámbito de la psicología y la psicopatología, son las variables de la personalidad y la capacidad de afrontamiento percibido, para delimitar la capacidad de adaptación posterior  y superación. La denominada personalidad dotada de “resiliencia” como característica positiva, juega un papel central en la capacidad de adaptarse a situaciones adversas o de estrés extremo y la posterior superación, como se trataría del actual confinamiento, que nos vemos por causa del COVID 19. La personalidad resiliente tiene como características principales: el optimismo, conciencia del potencial y las limitaciones de forma constructiva y sacando máximo provecho al potencial personal, capacidad de ver toda experiencia como un momento para aprender, conciencia plena del aquí y el ahora, ser proactivo ante la adversidad, objetivismo, pragmatismo y con grandes dosis de sentido del humor. La máxima es: “controlo lo que puedo, lo que depende de mí, el dolor es inevitable y el sufrimiento opcional”.

Por otra parte, el apoyo social percibido, tiene un papel central en este tema, en la medida que el individuo percibe y dispone de red social de apoyo, existe menos riesgo para enfermar en situaciones de estrés extremo. Todo esto depende en gran medida de la evaluación cognitiva y de control percibido que hagan las personas sobre lo qué está pasando, lo que ellos pueden hacer, cómo lo pueden enfrentar y qué estrategias pueden usar. Lo que resulte de toda esa valoración cognitiva es una de las principales explicaciones del estrés como insuperable o no, y por tanto de si el sujeto es susceptible de enfermar o no.

El propio Holmes y colaboradores, desde un enfoque de sucesos vitales altamente estresantes, recogía la pérdida de libertad como uno de los sucesos de mayor impacto en las personas. Junto a este suceso vital altamente estresante, podemos unir otros sucesos vitales, también altamente significativos en los estudios de Holmes y que se nos enmarcan en la situación actual: como la pérdida del trabajo, la pérdida o cambio del estilo de vida habitual, muerte de familiares y otros cercanos, muerte del cónyuge, enfermedad grave,  enfermedad de un pariente cercano, cambios económicos importantes, discusiones familiares y de pareja. Todos los anteriores son sucesos vitales altamente estresantes, y que pueden llevar a la perdida de salud general y de salud mental en particular.

También se recoge amplia literatura sobre este tema en el estudio y análisis pormenorizado que se realizó dentro del Curso de Extensión Universitaria de la UNED, el pasado Febrero y Marzo de 2020, curso que versaba sobre ‘Psicopatología en Tiempos de Crisis’, donde tras un meta-análisis de diferentes enfoques desde el ámbito de las Ciencias de la Salud, se llegó a la conclusión que una situación altamente estresante, como las crisis que estamos viviendo y la actual provocada por el Covid 19 llevan, por el peso de los diferentes sucesos vitales que arrastran, a la pérdida de salud. 

Desde el ámbito de la salud mental, los cuadros más destacados son los trastornos depresivos y los trastornos de ansiedad así como los cuadros psicosomáticos y somatomorfos. 

En conclusión, habrá un porcentaje de más del cincuenta por ciento que, en el caso de juntarse más de uno de los sucesos vitales altamente estresantes, presentará una cuadro por depresión o por ansiedad o de tipo mixto, así como otros síntomas somáticos en un futuro muy próximo. Y en la situación que vivimos con el Covid-19, puede que en algunas familias se den varios de estos sucesos vitales a la vez, con lo que el riesgo para la salud mental es mucho mayor. 

 

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