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- 12 noviembre, 2017 -

Casimiro López. Obispo de Segorbe-Castellón. Hace un año, el 13 de noviembre, el papa Francisco celebraba en la Basílica de San Pedro el Jubileo... Jornada Mundial de los Pobres

Casimiro López. Obispo de Segorbe-Castellón.

Hace un año, el 13 de noviembre, el papa Francisco celebraba en la Basílica de San Pedro el Jubileo de la Misericordia dedicado a todas las personas marginadas. De manera espontanea, al finalizar la homilía, manifestó un deseo: “Quisiera que hoy fuera la Jornada de los pobres”. Nacía así la Jornada Mundial de los pobres que, como fruto granado y recuerdo del Año Santo de la Misericordia, celebraremos a partir de ahora todos los años en toda la Iglesia, el domingo previo a la fiesta de Cristo Rey. Este año será el próximo domingo, día 19 de noviembre.

Con esta Jornada, el Santo Padre nos invita a toda la Iglesia, a todos los cristianos y también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a escuchar el grito de ayuda de los pobres. Ellos son los destinatarios preferenciales de las palabras y gestos salvadores de Jesús y deben ser, también hoy, los destinatarios privilegiados de la vocación y misión de nuestra Iglesia.

El lema elegido para esta primera Jornada son las palabras del Apóstol Juan: “No amemos de palabra sino con obras” (1Jn 3,18). Este imperativo de Juan brota del mandamiento nuevo de Jesús: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn 15,12). Este mandamiento no admite excusas ni excepciones; un mandato que nos pide pasar de las palabras a los hechos concretos, especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Además Jesús nos pide amar como él nos ha amado; hemos de amar al prójimo al estilo de Jesús, que amó tomando la iniciativa y dándolo todo, incluso la propia vida (cf. Jn 3,16). No olvidemos que el amor de Jesús se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19); y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Antes de nada es preciso abrir el corazón al amor de Dios para acoger y experimentar personalmente el amor, la gracia y la caridad misericordiosa de Dios en Cristo. Es el amor de Dios, el que transforma e inflama nuestro corazón, el que mueve nuestra voluntad y nuestros afectos para amar a Dios mismo y al prójimo como él nos ha amado. “Así, -dice el papa Francisco en su Mensaje para esta Jornada- la misericordia que, por así decirlo, brota del corazón de la Trinidad, puede llegar a mover nuestras vidas y generar compasión y obras de misericordia en favor de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran necesitados”.

Esta Jornada  tiene dos objetivos. En primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionemos ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo nuestra la cultura del encuentro; esta invitación se dirige también a los hombres y mujeres de buena voluntad, para que compartan con los pobres con acciones de solidaridad. El otro objetivo es promover una caridad que nos lleve a seguir a Cristo pobre y a un verdadero encuentro con el pobre que dé lugar al compartir como estilo de vida. La oración, el seguimiento de Cristo y la conversión de corazón de un cristiano encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía”. Los pobres no son solo destinatarios de obras de buena voluntad; ellos sensibilizan nuestra conciencia y nos llaman al encuentro y a compartir la vida.

El papa Francisco nos pide gestos concretos en esta Jornada a cada uno individualmente, a las comunidades parroquiales, a las familias cristianas y a los movimientos, asociaciones y grupos. Os propongo en concreto y antes de nada reflexionar por grupos sobre el rico Mensaje del Santo Padre para esta Jornada. Algo urgente es también que identifiquemos de forma clara los nuevos rostros de la pobreza en el mundo y especialmente en nuestras parroquias, pueblos y ciudades. Jesús nos dijo, que tendríamos a los pobres siempre entre nosotros. Suena a indiferencia ante los pobres pensar o decir que en nuestras parroquias no hay pobres.

En el domingo de la Jornada o lo largo de la semana preparatoria deberíamos acercarnos a los pobres, que vienen a nuestras Cáritas o parroquias pidiendo ayuda;  podríamos sentarlos a nuestra mesa como invitados de honor (cf. Gn 18, 3-5; Hb 13,2): ellos nos podrán ayudar a vivir la fe de manera más coherente. Y el Papa nos pide finalmente que promovamos encuentros con los pobres y les invitemos a ellos y los voluntarios de Cáritas a participar juntos en la Eucaristía de este Domingo.

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