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- 6 agosto, 2018 -

Jorge Fuentes. Embajador de España. Hasta hace pocos días, la inmensa mayoría de los españoles no sabía lo que era un VTC (vehículo turístico... Taxis versus VTC

Jorge Fuentes. Embajador de España.

Hasta hace pocos días, la inmensa mayoría de los españoles no sabía lo que era un VTC (vehículo turístico con conductor), tampoco un UBER ( multinacional de automóviles nacida en California en 2009) ni Cabify (competencia española, aparecida en 2011). Cuando un español deseaba desplazarse de un lugar a otro y no quería hacerlo con un transporte público, la solución era el taxi.

Quien esto escribe solo ha utilizado el UBER en otros países en que el procedimiento está bien regulado y funciona a la perfección. Basta un click en nuestro movil y el servicio está resuelto, con un precio cerrado y pagado, el nombre del conductor conocido y también la categoría del vehículo a utilizar.

La última semana el panorama de los transportes en España ha variado significativamente. La huelga de los taxistas en las principales capitales del país ha tenido como primera consecuencia el descubrimiento de los vehículos con conductor a la par que el considerable descrédito del gremio de los taxistas.

Por muy moderados que intenten aparecer los portavoces de este gremio, los taxistas van a aparecer como “los malos” de esta película y los VTC como las víctimas educadas.

Una aclaración necesaria: en las ciudades medianas y pequeñas, los taxis funcionan de forma muy semejante a como lo hacen los VTC en las grandes urbes. Los servicios se contratan por teléfono, se fija un precio, un modelo de vehículo e incluso se puede solicitar un determinado conductor que te confirmara vía Whatsapp la realización de la carrera.

En las grandes ciudades es donde surgen las diferencias y la competencia feroz. Un taxi es el que tomas en una parada o levantando la mano al verlo avanzar “libre” por tu calle. Un UBER no puede ser utilizado así: debes contratarlo con tu movil y te recogerá en el lugar convenido.

El taxista está en la convicción de que el VTC ejerce una competencia desleal pues la licencia de éste le costó la mitad que al taxista (unos 60.000€ contra los 120.000) y que por ello puede funcionar con precios más competitivos, mejores vehículos y servicios más esmerados.
Los VTC creen que no se puede frenar el progreso, que ellos accedieron al sector legalmente y que seria ilegal suprimir el 75% de las 9000 licencias existentes en España satisfaciendo de este modo la demanda de los taxistas de 1 VTC por cada 30 taxis.

Dado el nivel sociocultural del país es probable que ya sea por comodidad o por ignorancia, la gente siga utilizando mayoritariamente el taxi, aunque sea menos elegante, aunque el conductor vaya peor trajeado, le recuerde a esos manifestantes agresivos que destrozaban los vehículos de la competencia aun con pasajeros a bordo. Aunque te impongan un modo de conducir desenfrenado, una emisora de radio detestable y un receptáculo poco ordenado.

Pero cierto sector de la ciudadania averiguará cómo se accede a UBER o a Cabify, lo probará, le agradarán los modales del conductor, el orden existente en el vehículo, las bebidas que te ofrecen, la música ambiental y al sentirse como en las limusinas del cine americano, seguramente repetirá.

El lío no ha acabado. El gobierno lo ha querido trasladar a las autonomías pero los taxistas amenazan con volver a sus huelgas ilegales en septiembre. El progreso en el sector (como en todos los sectores), ha venido para quedarse. El gremio del taxi tendrá que modernizarse a la manera en que ya lo hacen en las ciudades como Castellón. Y la administración tendrá que resolver con ecuanimidad la ratio taxis-VTC.

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