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- 14 mayo, 2017 -

Casimiro López. Obispo de Segorbe-Castellón. En este tiempo pascual escuchamos las palabras de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda... Pon la X en la Declaración de la Renta

Casimiro López. Obispo de Segorbe-Castellón.

En este tiempo pascual escuchamos las palabras de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15). La fuerza y la eficacia de esta misión de nuestra Iglesia descansan en último término en Dios, que la sostiene por medio de Jesucristo y por la fuerza del Espíritu Santo. Pero el Señor Jesús puso la tarea ingente de la evangelización en manos de los Apóstoles y en manos de su Iglesia, que formamos todos los cristianos.

La misión de nuestra Iglesia corresponde, pues, a todos los bautizados: todos estamos llamados a una colaboración activa y responsable en dicha misión. Una colaboración que comienza con una vida de fe personal y comunitaria, coherente y testimoniante, que pasa por la implicación en las tareas de la Iglesia y que incluye también nuestra colaboración económica.

Nuestra Iglesia no es de este mundo pero está en el mundo; por ello necesita de medios humanos y de recursos económicos para poder llevar a cabo su misión;. es decir,  para las actividades pastorales con adultos, jóvenes y niños, para la atención espiritual y humana a todo aquél que lo necesita, para el culto, para el mantenimiento de los templos, para la atención de numerosos servicios caritativos, para la remuneración de los sacerdotes, religiosos y seglares.

La labor religiosa y espiritual de la Iglesia, ya de por sí de gran significado social, lleva además consigo otras funciones sociales: la enseñanza, la atención a los ancianos y los discapacitados, la acogida de los inmigrantes y refugiados, la ayuda personal e inmediata a quienes la crisis económica pone en graves dificultades o los misioneros en los lugares más pobres de la tierra. Todo ello surge de las vidas entregadas y de la generosidad suscitada en quienes han puesto su confianza en la misión de la Iglesia.

Con poco dinero, y gracias a la generosidad de millones de personas en España y en todo el mundo, la Iglesia sigue haciendo mucho por tantos que todavía necesitan tanto. Son muchas las necesidades de nuestra Iglesia para cumplir su misión, para seguir haciendo el bien

Desde 2008, el sostenimiento de la Iglesia depende exclusivamente de los católicos y de todas aquellas personas que reconocen la labor de la Iglesia. Todo católico debe sentir su deber de ayudar a su Iglesia en sus necesidades y de colaborar económicamente con ella. Desde la primera comunidad cristiana, la financiación de la Iglesia ha dependido siempre de la colaboración económica de sus fieles.

Estamos en el periodo de la Declaración de la Renta. Una forma sencilla, pero necesaria, de colaborar con tu Iglesia es poner la X en la Declaración de la Renta, impresa o digital, en la casilla correspondiente a la Iglesia católica. Un 0,7 por ciento de los impuestos se dedicará así a la ingente labor que la Iglesia desarrolla. Este sencillo gesto no le supone a nadie ni pagar más, ni que le devuelvan menos.

Marcar la X es, pues, absolutamente gratis; en definitiva, no cuesta nada. No cuesta nada poner la X en la Declaración de la Renta y rinde mucho. También hay que poner la X si sale a devolver, porque tampoco nos van a devolver menos. Nos hemos de preocupar personalmente de poner la X o, si nos hacen la declaración, nos hemos de asegurar de que se ponga. Y si hemos recibido el borrador en mi casa, debemos comprobar que la casilla aparece marcada.

En caso contrario, modificarlo es muy sencillo. Si se quiere marcar la casilla llamada ‘Fines sociales’ es posible hacerlo al mismo tiempo que se marca la de la Iglesia. El Estado dedicará entonces un 0,7% a esos ‘fines’ y un 0,7% a la Iglesia.

Marcar la casilla demuestra nuestro compromiso y nuestra adhesión a la Iglesia y a la actividad que realiza. Con ello, nos sentimos un poco más Iglesia. Es una de las pocas cosas que puedo decidir sobre mis impuestos. Pero si no lo hago, es decir, si la dejamos en blanco, pagaremos lo mismo, y será el Estado el que decida por mí sobre esa pequeña cantidad. Es una de las pocas cosas que podemos decidir sobre nuestros impuestos.

Muchas gracias en nombre de tu Iglesia.

 

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