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domingo, 22 de febrero de 2026 | Última actualización: 12:20

Mi amigo Luis Polanco

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Permítanme que hoy les hable un poco de mí mismo, de mi amistad con un compañero de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas, Luis Polanco, y de las aventuras que ambos corrimos en los años sesenta y setenta que ejemplifican lo que fue España y Europa en aquellos tiempos.

Después de graduarnos, Luis y yo decidimos ir a Londres para perfeccionar nuestro inglés, que él necesitaba para sus proyectos culturales y yo para intentar ingresar en el servicio diplomático. Logramos plaza en el Saint Gabriel's College, en Wimbledon, y allí pasamos todo el año 1967.

Fue Luis quien me arrastró a asistir a un 'party' en el que conocí a una notable chica polaca, Cristina Leya Strauss, que vivía en casa de su tío Joseph Leya, ex combatiente en Montecassino y que tras la guerra había decidido no volver a la Polonia comunista.

Cristina, Luis y yo fuimos inseparables durante el tiempo londinense, un tiempo fascinante dominado por los Beatles, por Mary Quant y la minifalda, por grandes musicales, el mejor teatro y cine, un Londres, en fin, que era la capital mundial de la cultura.

Al terminar el curso a fines de 1967, Cristina volvió a Polonia, Luis a España y yo me había matriculado para el curso de La Sorbona de 1968, el año de la Revolución de Mayo si ustedes recuerdan, que yo viví intensamente desde la Universidad y sus alrededores en Saint Germain des Prés.

A mi vuelta a España hacia finales de aquel año, me presenté a las oposiciones para el ingreso en la Escuela Diplomática que reabría sus puertas después de tres años de clausura y que ofrecía 50 plazas para el pelotón de 1.500 candidatos que habíamos formado. Conseguí ingresar en aquel mismo año 68.

Durante las vacaciones de la Escuela de 1969, Luis y yo nos desplazamos a centro Europa. A bordo de mi Alpine, que ya nos había acompañado durante el tiempo de Londres y después de recorrer 3.000 kms en 5 días, Luis se quedó en Praga y yo seguí hasta Varsovia, evidentemente para reencontrarme con mi amiga Cristina. Aún tuve que repetir ese largo viaje dos veces antes de que al tercero, nos casáramos Cristina y yo en la Iglesia de La Visitación, donde Chopin solía tocar el órgano, en 1972, cinco largos años después de habernos conocido y una vez yo pude acceder a la Carrera Diplomática.

Todo una pequeña hazaña. Tengan en cuenta que aquellos eran aun años franquistas y que Polonia se encontraba en la lista de países vetados en los pasaportes españoles por lo que tuve que hacer mil peripecias para poder entrar y salir de aquella hermosa capital, Varsovia, que había dado nombre al Pacto comunista.

De vuelta en España comenzamos la Carrera llevando a la familia que fue creciendo hasta los tres hijos que tenemos, siempre con nosotros un poco por tres continentes.
A su vez, Luis Polanco consiguió llegar a dirigir el departamento cultural del Palacio de Perelada, en Gerona, donde se empleó a fondo en particular en el campo de la música que era su gran especialización. Fue el creador de los conciertos de Perelada, de fama internacional.

Luis se casó, fui testigo de su boda, tuvieron un hijo que apadriné y con el que estuve en contacto hasta que a causa de mis viajes y de los suyos perdí la pista de mi ahijado.
Luis falleció prematuramente en 2006. Su hijo debe ser ahora un joven cincuantañero y estoy seguro que será tan inteligente, simpático y bondadoso como lo fue su padre, mi buen amigo Luis Polanco.

Aún no he perdido la esperanza de reencontrar al joven Polanco.