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martes, 12 de mayo de 2026 | Última actualización: 14:32

Jesús Lancis: “El desafío principal es asegurar que la UJI siga siendo una institución útil, rigurosa, cercana y transformadora en un momento de incertidumbre”

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Jesús Lancis, único candidato a rector de la Universitat Jaume I para las elecciones del 14 de mayo de 2026, ha ejercido el cargo de vicerrector de Investigación y Doctorado en la Universitat Jaume I desde octubre de 2016, por lo que lleva una década como vicerrector. Ha estado en dos mandatos consecutivos formando parte del equipo liderado por la rectora Eva Alcón, lo que refuerza el perfil de continuidad institucional. Se presenta a los comicios que se celebrarán este jueves con un programa claramente definido y un equipo humano de los diferentes centros de la universidad.

Pregunta. ¿Qué le ha llevado a presentarse ahora como rector de la UJI?

Respuesta. Me presento porque creo que la UJI afronta un momento decisivo. Venimos de años muy intensos, en los que la universidad ha avanzado mucho, pero ahora se abren retos de enorme profundidad: la transformación digital, la inteligencia artificial, los nuevos modelos formativos, el cambio demográfico, la salud mental, la sostenibilidad, la financiación universitaria y la necesidad de reforzar el vínculo con la sociedad.

Después de estos años de responsabilidad como vicerrector, conozco bien la institución, sus fortalezas y también sus tensiones. Esa experiencia me permite plantear un proyecto solvente, realista y, al mismo tiempo, ambicioso. No se trata solo de dar continuidad a lo que funciona, sino de abrir una nueva etapa para anticipar los cambios y situar a la UJI en mejores condiciones para liderarlos.

P. Define su programa como un "documento vivo y abierto". ¿Lo ve como una fortaleza participativa?

R. Un programa electoral universitario no puede ser un documento cerrado elaborado desde un despacho. Tiene que ser el resultado de un proceso de escucha, contraste y participación.

Este programa nace del diálogo con los distintos colectivos de la comunidad universitaria: estudiantado, PDI, PTGAS y personal investigador. También incorpora la mirada del entorno social, económico, cultural e institucional de Castellón. Por eso decimos que es un documento vivo: porque recoge un punto de partida, pero no agota el proceso de escucha.

La participación no termina con las elecciones. Si la comunidad universitaria nos da su confianza, queremos gobernar manteniendo canales estables de diálogo, espacios de participación y mecanismos de seguimiento. Esa es una fortaleza, porque una universidad se gobierna mejor cuando incorpora la inteligencia colectiva de quienes la hacen posible cada día.

Jesús Lancis, candidato a rector de la UJI.

P. El diagnóstico que hace en él incluye desde la IA hasta la crisis de valores o la salud mental. ¿Cuál es, para usted, el problema número uno hoy en la UJI?

R. Más que un único problema aislado, diría que el gran reto es cómo adaptamos la universidad a un contexto de transformación acelerada sin perder nuestra función pública, humanista y social.

La inteligencia artificial, la salud mental, la burocracia, la precariedad, el cambio demográfico o la sostenibilidad no son problemas desconectados. Todos nos obligan a repensar cómo enseñamos, cómo investigamos, cómo trabajamos y cómo cuidamos a las personas.

Si tuviera que sintetizarlo, diría que el desafío principal es asegurar que la UJI siga siendo una institución útil, rigurosa, cercana y transformadora en un momento de incertidumbre. Y eso exige planificación, participación, recursos y una apuesta clara por el bienestar de la comunidad universitaria.

P.  Habla de "docencia transformadora". ¿Qué va a cambiar en un aula dentro de un año si usted es rector?

R. No sería responsable prometer que en un año cambiará todo, porque los cambios requieren planificación, formación y acompañamiento. Pero sí podemos empezar a introducir mejoras.

Queremos que el aula avance hacia metodologías más activas, más conectadas con problemas reales y con mayor participación del estudiantado. Eso implica reforzar el aprendizaje basado en proyectos, la conexión con el entorno social y productivo, el uso crítico de herramientas digitales y de inteligencia artificial, y una mayor coordinación docente.

También queremos acompañar mejor al profesorado. La innovación docente no puede depender solo del esfuerzo individual. Por eso el programa plantea reforzar la formación docente, visibilizar el Centro de Innovación Educativa y Tecnologías Digitales, apoyar la creación de recursos educativos digitales y revisar procedimientos que ahora consumen demasiado tiempo.

P. La pandemia y la enseñanza online han cambiado el modelo. ¿Su apuesta es volver a lo presencial o avanzar hacia modelos híbridos?

R. La UJI es una universidad presencial y ese es un valor que debemos defender. El campus, la proximidad con el profesorado, la convivencia, la participación y la experiencia universitaria son elementos diferenciales.

Pero defender la presencialidad no significa ignorar lo que hemos aprendido de los modelos digitales. La cuestión no es presencialidad frente a virtualidad, sino calidad, sentido y adecuación de cada formato. Hay actividades que requieren presencia, interacción y acompañamiento directo; otras pueden enriquecerse con herramientas digitales, recursos en abierto, aulas remotas o modelos híbridos bien diseñados.

Nuestra apuesta es una presencialidad reforzada y una hibridación con criterios claros, recursos adecuados y garantías de calidad. No se trata de sustituir la universidad presencial, sino de ampliarla y hacerla más flexible cuando tenga sentido académico.

Jesús Lancis, vicerrector de UJI y candidado a rector
Jesús Lancis, candidato a rector de la UJI.

P. Plantea que la IA obliga a repensar el aprendizaje. ¿Está en cuestión el sistema actual de evaluación universitaria? ¿Defiende prohibir herramientas de IA en el aula o integrarlas plenamente?

R. La IA obliga a repensar la evaluación, sin duda. Si las herramientas generativas pueden producir textos, resolver ejercicios o sintetizar información, no podemos seguir evaluando siempre de la misma manera. Tenemos que preguntarnos qué competencias queremos medir: pensamiento crítico, razonamiento, creatividad, capacidad de análisis, integridad académica, aplicación del conocimiento o resolución de problemas.

"La IA debe incorporarse con criterios compartidos, transparencia, supervisión humana y responsabilidad académica"

No creo que la respuesta sea una prohibición generalizada, porque sería poco realista y poco formativa. Tampoco defiendo una integración acrítica. La IA debe incorporarse con criterios compartidos, transparencia, supervisión humana y responsabilidad académica.

El programa plantea precisamente elaborar una política institucional de IA, formar al profesorado, revisar metodologías y establecer orientaciones claras para cada ámbito. En algunos casos habrá que limitar su uso; en otros, integrarlo como parte del aprendizaje. Lo importante es que el estudiantado aprenda a utilizar estas herramientas de forma ética, crítica y competente.

P. ¿Qué riesgo ve mayor: que la universidad se quede atrás o que adopte la IA sin control?

R. Los dos riesgos son importantes. Quedarse atrás sería renunciar a una herramienta que ya está transformando el conocimiento, el trabajo y la vida social. Pero adoptarla sin control podría afectar a la calidad académica, la integridad científica, la protección de datos y la confianza en la universidad.

Por eso nuestra posición es clara: ni miedo paralizante ni entusiasmo ingenuo. La IA debe ponerse al servicio de la universidad, no al revés. Necesitamos una integración responsable, con un marco ético, criterios de transparencia, supervisión humana, formación y evaluación continua de sus impactos.

"La IA debe ponerse al servicio de la universidad, no al revés"

La universidad tiene que liderar esta reflexión, no limitarse a reaccionar.

P. También habla de investigación con “impacto tangible en la sociedad”. ¿Puede dar un ejemplo concreto de qué tipo de investigación quiere priorizar?

R. Queremos priorizar investigación de calidad en todos los ámbitos, pero especialmente aquella que conecte con los grandes retos sociales y territoriales

En el caso de Castellón, hay ámbitos evidentes donde la UJI puede aportar mucho: la innovación en el sector cerámico, la transición energética, la salud, la transformación digital de empresas e instituciones, la sostenibilidad de los municipios o la gestión pública.

Pero el impacto no debe entenderse solo como transferencia empresarial. También hay impacto cuando la investigación mejora una política pública, ayuda a una entidad social, contribuye a la cultura científica o mejora la vida de las personas.

P. ¿Piensa que la UJI investiga demasiado para publicar y poco para transformar el entorno?

R. No lo formularía así. La UJI tiene una actividad investigadora sólida y muchos grupos trabajan con una clara orientación social, tecnológica, cultural o territorial. Pero sí creo que el sistema universitario, en general, ha estado sometido durante años a una presión excesiva por publicar, a veces con criterios más cuantitativos que cualitativos.

"Queremos reforzar una investigación que genere impacto científico y social y, al mismo tiempo, más visible, más conectada con el territorio"

El programa reconoce ese riesgo y propone avanzar hacia un modelo que valore mejor la calidad, la integridad científica, la diversidad de resultados y el impacto real. Publicar es imprescindible en la universidad, pero no puede ser el único indicador de valor.

Queremos reforzar una investigación que genere impacto científico y social y, al mismo tiempo, más visible, más conectada con el territorio y mejor acompañada en los procesos de transferencia, innovación y también divulgación.

P. ¿Cómo piensa mejorar la transferencia real hacia empresas de Castellón?

R. La transferencia real requiere confianza, estructuras estables y acompañamiento profesional. No basta con que la universidad genere conocimiento; hay que facilitar que ese conocimiento llegue a empresas, administraciones y entidades sociales.

El programa plantea reforzar el apoyo al personal investigador durante todo el proceso de transferencia: identificación de oportunidades, protección de resultados, creación de prototipos, pruebas de concepto, relación con empresas y gestión de contratos o convenios. También queremos potenciar el papel de Espaitec como nodo estratégico entre la investigación universitaria y el tejido productivo.

Además, proponemos fortalecer las cátedras y aulas, crear alianzas de largo plazo y promover plataformas multidisciplinares orientadas a retos del territorio. Castellón tiene sectores estratégicos muy potentes y la UJI debe ser un socio estable, no solo un proveedor puntual de conocimiento.

Jesús Lancis, vicerrector de UJI y candidado a rector
Jesús Lancis, candidado a rector de la UJI.

P. Propone reducir burocracia. ¿Qué trámite concreto eliminaría el primer año?

R. Más que señalar un único trámite de forma aislada, el primer paso debe ser revisar los procedimientos que generan más carga y menos valor añadido para la comunidad universitaria.

Hay una línea clara: eliminar duplicidades y aplicar de forma efectiva el principio de “una única vez”, es decir, que nadie tenga que aportar documentos o datos que ya obran en poder de la propia universidad. También queremos avanzar hacia declaraciones responsables cuando sea posible, formularios únicos, textos normativos más claros y un repositorio único de normativa.

En el primer año impulsaría una revisión prioritaria de los procedimientos más repetitivos en docencia, investigación y gestión económica, con participación de las personas que los sufren y los tramitan. La simplificación debe empezar por donde más tiempo libera y más mejora la experiencia de trabajo.

P. ¿Qué le diría a quienes creen que la burocracia universitaria es inevitable por la normativa estatal? ¿Hasta dónde puede llegar realmente un rector en simplificar la administración?

R. Es verdad que una parte de la burocracia viene condicionada por normativa estatal, autonómica o por exigencias de calidad, transparencia y control público. No podemos ni debemos ignorar ese marco. Pero también es cierto que las universidades tenemos margen para simplificar cómo aplicamos esa normativa.

Podemos impulsar una revisión interna de procedimientos, eliminar duplicidades, clarificar reglamentos, unificar formularios, mejorar aplicaciones, automatizar tareas repetitivas y utilizar la inteligencia artificial para facilitar consultas normativas o tramitaciones.

La burocracia no desaparecerá, pero sí puede hacerse más sencilla, más clara, más amable y más útil. Ese es el objetivo.

P. En su programa menciona el aumento de problemas de salud mental. ¿Qué medidas nuevas plantea, más allá de reforzar los servicios existentes?

R. El bienestar emocional no puede abordarse solo desde la atención individual cuando el problema ya ha aparecido. Tenemos que trabajar también en prevención, detección temprana y mejora del entorno universitario.

El programa plantea reforzar el Plan de Salud Integral, incorporar formación para detectar dificultades académicas y emocionales, impulsar estrategias de prevención de riesgos psicosociales y desarrollar acciones de formación sobre salud mental.

"Queremos reforzar una investigación que genere impacto científico y social y, al mismo tiempo, más visible, más conectada con el territorio"

También queremos crear entornos más saludables: espacios de descanso y desconexión, zonas verdes, recorridos más amables, impulso del deporte y mejora de la comunicación interna para reducir incertidumbre y estrés. En el caso del personal, la salud mental también depende de cargas de trabajo equilibradas, claridad organizativa, conciliación y apoyo entre iguales.

P.  ¿La UJI tiene un problema de precariedad estructural entre jóvenes investigadores?

R. La precariedad en las primeras etapas de la carrera investigadora es un problema del sistema universitario y científico en general, y la UJI no es ajena a ese contexto. La temporalidad, la presión por publicar, la incertidumbre laboral y las dificultades para consolidar una trayectoria afectan especialmente al personal más joven.

El programa propone actuar en varios niveles: mejorar el acompañamiento desde la Escuela de Doctorado, reforzar programas de mentoría, apoyar la obtención de proyectos competitivos, facilitar la movilidad, mejorar las condiciones del personal investigador y consolidar el compromiso con el IV Convenio Colectivo.

"La precariedad en las primeras etapas de la carrera investigadora es un problema del sistema universitario y científico en general, y la UJI no es ajena a ese contexto"

También se plantea actualizar retribuciones conforme a convocatorias de referencia, reconocer la singularidad de la jornada investigadora y desplegar medidas de prevención de riesgos psicosociales. No podemos prometer resolver un problema estructural de todo el sistema desde una única universidad, pero sí podemos hacer de la UJI un entorno más estable, atractivo y cuidadoso para investigar.

P. El cambio demográfico es uno de los retos que señala. ¿La UJI tendrá menos alumnado en los próximos años? Y si eso ocurre, ¿cree que hay que reducir titulaciones o repensarlas completamente?

R. El cambio demográfico es una realidad que afecta a todo el sistema universitario. Pero la respuesta no debe ser automática ni reduccionista. La UJI ha realizado en los últimos años una profunda revisión de la práctica totalidad de sus títulos; ahora toca consolidar esa oferta, evaluar su despliegue y adaptarla con inteligencia a las nuevas necesidades.

Eso implica reforzar la calidad, la orientación profesional, la formación permanente, las microcredenciales, las doble titulaciones, la internacionalización y la captación de nuevos perfiles de estudiantado. También implica fortalecer la relación con secundaria, formación profesional, egresados y profesionales que necesitan actualizar competencias a lo largo de la vida.

Jesús Lancis, candidato a rector de la UJI.

P. Usted insiste en una universidad “vinculada al territorio”. ¿Cómo se evita caer en localismo en un sistema global? ¿Qué piensa que le falta hoy a la relación entre la UJI y el tejido empresarial de Castellón?

R. Estar vinculados al territorio no significa ser localistas. Al contrario: una universidad es más fuerte globalmente cuando tiene una identidad clara y una relación sólida con su entorno.

La UJI debe estar arraigada en Castellón y, al mismo tiempo, proyectarse internacionalmente. El territorio no es un límite, es un punto de partida. Nuestros sectores productivos, nuestras instituciones, nuestros municipios y nuestra sociedad plantean retos que también son globales: sostenibilidad, digitalización, salud, envejecimiento, energía, innovación industrial, cohesión social.

En la relación con el tejido empresarial, creo que hay que pasar de colaboraciones puntuales a alianzas más estables, estratégicas y bidireccionales. Hace falta más escucha mutua, más conocimiento de las capacidades científicas de la UJI, más estructuras de conexión y más proyectos compartidos a medio y largo plazo.

P. En su programa menciona la falta de recursos. ¿Qué modelo defiende, el de más financiación pública o mayor colaboración privada? ¿Cree que la UJI está infrafinanciada?

R. Defiendo claramente que la universidad pública necesita una financiación pública suficiente, estable y adecuada a sus funciones. Sin recursos suficientes es difícil garantizar la calidad docente, la equidad en el acceso, la investigación competitiva, la atracción de talento o la modernización de infraestructuras.

Sí, creo que el sistema universitario arrastra una situación de infrafinanciación que condiciona muchas decisiones. La LOSU plantea compromisos importantes, pero es necesario que se desplieguen de forma efectiva.

Dicho esto, la universidad no debe estar, ni mucho menos, cerrada a la colaboración con empresas y al fomento de proyectos con diferentes tipos de instituciones. Si bien la financiación pública debe ser la base; es importante que como universidad estemos abiertos a la colaboración externa y fomentar la conexión de la universidad con su entorno.

P. Respecto a las infraestructuras en el campus, ¿cuáles son los próximos retos?

R. El campus de la UJI es una de sus grandes fortalezas. Es un campus único, muy valorado por la comunidad universitaria y con un enorme potencial como espacio de convivencia, aprendizaje, investigación y bienestar.

Los próximos retos son varios. En primer lugar, avanzar hacia un campus más sostenible y climáticamente responsable, con el objetivo de neutralidad climática en 2032. Eso exige descarbonización, eficiencia energética, movilidad sostenible, más zonas verdes y espacios de sombra.

En segundo lugar, modernizar infraestructuras docentes, científicas y de estudio. El programa plantea actualizar espacios de biblioteca, mejorar la señalética, reforzar la iluminación exterior, crear zonas flexibles de estudio, favorecer aulas exteriores y planificar espacios de investigación y transferencia.

Y, en tercer lugar, mejorar la accesibilidad universal, la seguridad, la socialización y el bienestar. Queremos un campus más amable, más inclusivo, más habitable y mejor conectado con la ciudad.

P. En cuanto a otros objetivos para los próximos seis años, ¿cuáles son los que destacaría?

R. Destacaría cinco grandes objetivos, todos ellos atravesados por una misma idea: que la UJI sea reconocible no solo por lo que hace, sino también por cómo lo hace. Queremos una universidad pública de calidad, pero también cercana, justa, participativa, sostenible y comprometida con los valores y principios rectores que forman parte de su identidad institucional.

El primer objetivo es reforzar el modelo educativo de la UJI, con una docencia de calidad, innovadora, presencial y apoyada por herramientas digitales cuando aporten valor. Queremos que la experiencia universitaria sea formativa, pero también vital, crítica y transformadora.

El segundo es consolidar una investigación excelente, responsable y con impacto social, mejorando el apoyo a los grupos, institutos, doctorado y personal investigador. La UJI debe generar conocimiento de calidad, pero también hacerlo llegar a la sociedad, al territorio y a los sectores que pueden transformarlo en soluciones.

El tercero es reducir burocracia y avanzar hacia una gobernanza más ágil, transparente, digital y participativa. Una universidad moderna debe facilitar el trabajo de su comunidad, tomar decisiones con datos, escuchar mejor y rendir cuentas con claridad.

El cuarto es situar el bienestar de las personas en el centro: estudiantado, PDI, PTGAS y personal investigador. Eso significa reforzar becas y ayudas, conciliación, salud mental, relevo generacional, mentoría, reconocimiento y mejores condiciones para estudiar, investigar, enseñar y trabajar.

Y el quinto, que para mí es fundamental, es consolidar las políticas transversales como una seña de identidad de la UJI: igualdad efectiva, diversidad e inclusión, sostenibilidad, cultura, cooperación, comunicación estratégica, lengua propia, multilingüismo y compromiso con el territorio. Estas políticas reflejan la forma en que la universidad expresa sus valores.

Queremos una UJI preparada para el futuro y fiel a su condición de universidad pública: una institución que forme, investigue y transfiera conocimiento, pero que también contribuya a construir una sociedad más igualitaria y más justa.